Cultura

LENGUAJE INCLUSIVO: DEMASIADA SAL EN ESA SOPA

Por: Paola Alfaro Mori

«Las y los congresistas»; «los alumnos y las alumnas»; y, por supuesto, «todas, todos y todes». A mi juicio, suena recargado, confuso e inútil. Esas palabritas intrusas que obliga a usar el lenguaje inclusivo son como un exceso de sal en la sopa. En contraste, qué bonito es leer un texto que fluye sin obstáculos, sencillo, cristalino; por eso cuando escribo, paso horas quitando palabras, tratando de decir más con menos, buscando la simplicidad.

El lenguaje es la base del pensamiento y su objetivo es comunicar, el mensaje debe llegar a la mente del oyente sin problema, como si se deslizara por un tobogán de agua. Si se vuelve complejo, el objetivo simplemente no se cumple, con toda la desgracia que eso conlleva: porque la comunicación es lo que nos hace familia, lo que nos hace comunidad, lo que nos hace humanos.

Me aflige pensar en los niños que tienen que sufrir el lenguaje inclusivo en las escuelas. Cómo les debe complicar la vida. No puedo ni imaginar a mi profesor de geometría de cuarto de secundaria, por ejemplo, insertando el lenguaje inclusivo en sus explicaciones o en los problemas de un examen. Y ni que hablar de los estudiantes universitarios. ¿Cómo entender las materias técnicas con tanta confusión en el lenguaje?

Y hasta allí no hemos hablado de lo que le hace el lenguaje inclusivo al arte de escribir. Y es que nuestro idioma es tan rico y maleable que permite producir música con cada frase. Pero, ¿cómo crear belleza cuando hay que cargar con el lastre del lenguaje inclusivo? ¿O a alguien le sonaría bien «Volverán los y las oscuras golondrinas…»?

A pesar de ello, muchos dicen que, con tal de visibilizar a las mujeres, nada de eso importa. A mí me parece que es lo contrario. Creo que el lenguaje inclusivo fue inventado por aquellos que querían sepultar la lucha de las mujeres por la igualdad de oportunidades. Es como si hubieran resuelto: «ok, vamos a dejar que agreguen las palabritas que las hacen felices, a ver si con eso dejan de fastidiar con las cosas importantes». En otras palabras, el típico «vamos cambiando alguito para que todo siga igual», porque, si se analiza bien, cómo ayuda el lenguaje inclusivo a una niña a la que no permiten estudiar como a sus hermanos varones, o a una mujer cuyo esposo la muele a golpes todas las noches o a una profesional a la que pagan menos que a los hombres por hacer el mismo trabajo. ¿Cómo?

Pues de ninguna forma. Y no solo no ayuda, sino que es una ofensa. Una ofensa contra las primeras mujeres que salieron a enfrentarse al mundo laboral; una ofensa contra las mujeres que consiguieron el voto femenino; e incluso, una ofensa para aquellas que se atrevieron a usar pantalones por primera vez. No es difícil imaginar que pasaría si se pone cualquiera de estos logros robustos en el platillo de una balanza y en el otro al lenguaje inclusivo.

En definitiva, en mi opinión, mujer que se respeta no necesita que le cambien una letra para hacer valer sus derechos; mujer que se respeta no se deja confundir con condescendencias; mujer que se respeta es la primera en acudir si alguien dice «todos», y ¡ay! del que se atreva a insinuar que ella está fuera de ese «todos».

Dicho de otro modo: mujer que se respeta devuelve a la cocina la sopa incomible. O mejor aún, va ella misma y le arregla el sabor.

2 Comentarios

  1. De hecho el Frankestein que pretende inclusiones varias, excluye la racionalidad y verdad del ser humano, no aporta claridad, y va a terminar desapareciendo a la mujer, para cada vez incluir a los que no se “sienten” de uno y otro sexo. Y la subjetividad gana terreno. Pero eso de sentirse algo más, se parece mucho a aquello otro de escuchar voces, tal vez es cierto escuchan voces, es el diablo, el gran mentiroso desde el principio que, envidioso del ser humano, quiere destruirlo y llevarlo al infierno, primero en vida, haciendo cada vez más desagradable la existencia de esos pobres desgraciados que le creen y luego llevándolos al suicidio. La tasa tan alta de suicidios entre los operados, no deja mentir, tanto es así que el gobierno británico ya ha empezado a tomar acciones al respecto. Nada invisibiliza más a las mujeres que un hombre que por su sola declaración afirma ser mujer y ganar las competencias deportivas femeninas.

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