Política

LEGISLAR, FISCALIZAR Y REPRESENTAR

Por: Luis Yunis

Todos hemos escuchado la palabra democracia, y más aún, popularmente nos llenamos la boca diciendo que la democracia es el gobierno del pueblo. De hecho, asociamos esa palabra con nuestro derecho a la libertad y a la libertad de expresión, a la libertad de prensa, y en fin a todos los derechos contemplados en nuestra Constitución por la cual se reconoce la dignidad del ser humano y  las libertades de cada uno respetando las diferencias, la pluralidad y la diversidad, pero qué pasa cuando el pueblo confunde la libertad con el libertinaje, el cumplimiento de derechos con la práctica de deberes o cuando ese mismo pueblo no lee, cuando es ignorante o cuando sus principios y valores son manipulados. Obviamente, lo que pasa es que se permita que se elija gobernantes o representantes que no dan la talla que se requiere para lograr el desarrollo, la libertad y el progreso, y menos que se cumpla con las funciones que se les exige a los Congresistas.

Y esa misma democracia actualmente nos dice que para ser elegido congresista, solamente se requiere ser peruano de nacimiento, haber cumplido veinticinco años y gozar del derecho de sufragio; lo cual sería ideal, perfecto y excelente, siempre y cuando se halla evaluado en el candidato su educación, instrucción, formación, cultura y conocimiento de la gestión pública. Y ello no ocurre. Toda vez que para legislar, que es una de las funciones del Parlamentario, se  requiere conocer de la legislación para poder elaborar, analizar y disponer los proyectos de ley que requiere el país. De la misma manera, para fiscalizar (otra de sus funciones), implica controlar las actividades del gobierno para confirmar que se ajuste a los principios de imparcialidad, legalidad, y confiabilidad; por consiguiente, su conocimiento debe sobrepasar o mínimamente estar a la altura de los que ocupan cargos en el Ejecutivo; y por último, representar, función también del congresista, lo cual conlleva a ser la imagen del representado, y lamentablemente aquí calzan la mayoría de nuestros parlamentarios porque representante y representado están casi en las mismas condiciones de ignorancia, ineptitud e incompetencia, y una maliciosa complicidad.

No pretendo ser descortés ni maleducado, entiendo que las reglas de juego están diseñadas así porque hubo en el legislador buena fe y se pretendió el “deber ser” de los ciudadanos, lo que Kant señaló, como: “la necesidad de una acción por respeto a la ley”; pero la lógica, el sentido común y lo que vivimos a diario nos dice que no es lo correcto, que no es lo justo, porque si dejamos las cosas como están seguiremos en las mismas, permaneceremos estancados y no avanzaremos ni a la esquina; por ende, estas líneas de reflexión debe ser motivo de análisis y de profunda consideración y deliberación por quienes tienen la responsabilidad de motivar los cambios, tanto en el Ejecutivo como en el interior del Legislativo haciendo un mea culpa ajeno. No hacerlo es ofender al Perú y menospreciar a los compatriotas.

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