La columna del Director

LAS VIUDAS DE BÉJAR

Por: Luciano Revoredo

Rojos y caviares han acusado recibo de un duro golpe. La renuncia a la cancillería del asesino Héctor Béjar, por la presión de la población indignada ante sus expresiones, les ha dolido. Son incapaces de aquilatar en su verdadera dimensión lo que implicaba tener como canciller a un delincuente impresentable como Béjar.

Una de sus principales plañideras ha sido la indecible Indira Huilca, que se pronunció en Twitter con un extenso hilo para justificar   la conducta del excanciller. Según ella no se puede negar que elementos del Estado usaron el terror como estrategia contrasubversiva y el comunicado de la Marina ante los exabruptos de Béjar era inexacto. Finalmente se desahoga agrediendo a los almirantes Montoya, Cueto o Giampietri, a los que llama políticos frustrados y macartistas. Desde su orfandad mental ha de imaginar que quienes luego de brillantes carreras militares tienen altísimas votaciones como Montoya o Cueto o como el Almirante Giampietri llegan a vicepresidentes de la República, son políticos frustrados. Más frustrante ha de ser gozar de una indemnización del estado renunciando a culpar a los verdaderos homicidas de su padre.

Otra de las viudas del terruco ha sido Jimena Ledgard, la que curiosamente se hermana en la viudez con su madre Patricia Arévalo. Ambas han hecho de lloronas en las redes. Jimena, que además es esposa del caviar Augusto Rey, uno de los implicados en el caso de las chalinas verdes, se apresuró a solidarizarse con Béjar, condenando el terruqueo e insinuando que las expresiones del canciller habían sido sacadas de contexto.

Por su parte Patricia Arévalo tuitea: “Primera baja del gabinete. No me alegra. Las declaraciones de Béjar fueron antes de ser ministro, así que se debieron conocer y evaluar antes de nombrarlo. Curiosamente era posiblemente de lo mejor del gabinete, por su nivel académico y su posición sobre derechos civiles”. Tal cual, la examiga de Alan García, piensa que el asesino Béjar era de lo mejor del gabinete.

Pero el llanto caviar no queda ahí. Alberto Adrianzen señala que la renuncia de Béjar es “una derrota de la democracia y un triunfo de la derecha, del anticomunismo y el militarismo. Hoy la democracia, manejada por los medios, es una coartada para conspirar”.

El personajillo de la farándula política  que se hace llamar Tito Wanka dijo estar Indignado por el maltrato del fascismo peruano contra el canciller Héctor Béjar. Según este sujeto “El fascismo tiene altavoz y medios, pero no representa al Perú, sus mediocres representantes son personajes oscuros asociados a la peor violencia estatal del Perú”.

Otros de la izquierda más radical también se sumaron al berrinche. El acusado de violación sexual y acoso  Ricardo Milla, que es furibundo comunista y militante de Perú Libre lanzó todo tipo de epítetos contra la Marina, pidió la destitución de sus altos mandos.

Estos son sólo algunos de los más divertidos casos de lloronas. De representantes del nuevo oficio de  rabonas de terruco, que he podido encontrar en una rápida mirada a las redes. Son muchas más. Como diría la exitosa campaña publicitaria de una tarjeta de crédito: ¡Ver llorar a los rojos no tiene precio…!

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