La columna del Director

LA PANDILLA BASURA

Por: Luciano Revoredo

Las maniobras y acomodos políticos de cara a cada proceso electoral suelen dejar al descubierto las contradicciones más estridentes de nuestra fauna nacional. El caso de Jorge Nieto Montesinos y su Partido del Buen Gobierno representa un retrato revelador de cómo el pragmatismo termina devorándose, sin asco ni pudor, los discursos de moderación e integridad. Vimos como Nieto pretendió erigirse como el referente ilustrado del centro democrático, un hombre de modales pausados que marcaba una distancia explícita y tajante frente al radicalismo de izquierda.

Durante la campaña electoral marcó distancia con los aliados del MOVADEF y sectores complacientes con los remanentes del senderismo.

Sin embargo, a la hora de la verdad, las convicciones se archivaron en un cajón y la memoria sufrió una oportuna amnesia. La confección de las listas para la presidencia, el Senado y la Cámara de Diputados en alianza directa con esos mismos sectores desnudó una pirueta vergonzosa. Pasar del rechazo doctrinal al abrazo de camaradería para asegurar la cuota de poder prueba que en esa orilla la coherencia es un adorno para las entrevistas de televisión.

Esta postura no es una novedad, sino la confirmación de una vieja costumbre de la izquierda y sus allegados: la especialidad de la casa son las alianzas por conveniencia al margen de cualquier consideración ética.

Ante la inminencia del fracaso en las urnas, los principios se disuelven y dan paso a contubernios inverosímiles donde el único programa de gobierno es el reparto de parcelas de poder.

Es la política entendida no como un proyecto nacional, sino como un negocio de sociedades anónimas donde se juntan con cualquiera con tal de raspar un plato de lentejas del presupuesto estatal.

Ver esta confluencia de personajes genera un inevitable viaje en el tiempo a los años ochenta, a aquella recordada y deplorable colección de tarjetas de la Pandilla Basura. Quienes vivieron su juventud o niñez en aquellos años recordarán esa repelente colección que solía presentarse en cromos con nombres en forzada rima. Esas estampas grotescas, donde se ensamblaban figuras deformes, monstruosas y pegadas a retazos para causar impacto, son el reflejo fiel de la lista electoral que hoy nos presentan.

En el mismo álbum y pegados con la goma del oportunismo, conviven el intelectual refinado que pontifica sobre el Estado de derecho, el operador de la izquierda dura acostumbrado al blindaje, el estafador del accionariado masivo y el falso valor de la academia especializado en la charlatanería. Una auténtica colección de figuras impresentables armadas al caballazo. Es decir, la Pandilla Basura.

El fondo de este grotesco espectáculo no es otro que la ambición sin ambages por el control del restablecido Congreso bicameral. Las nóminas presentadas para diputados y senadores no buscan representar a la ciudadanía, sino colocar peones estratégicos para negociar las mesas directivas, presidir comisiones clave y manejar el presupuesto parlamentario.

La meta final de esta entente no es servir al país, sino asegurar una bancada bisagra que sirva para chantajear al Ejecutivo de turno y garantizar la cuota de poder de sus cúpulas. Al final, el llamado “buen gobierno” terminó siendo la misma comparsa de siempre, vestida con retazos de la peor izquierda.

1 comentario

  1. Pero ya sabemos lo que duran esas “alianzas” y lo que dan de sí. Ni un año duró el “frente amplio’ y Perú Libre, se liberó rápidamente del nombre y los que habían sido elegidos juntos tardaron poco en separarse, esos frankesteins formados por la ambición de poder, se quiebran con facilidad porque, son como los dos burros del cuento, que ninguno comió porque cada uno tira para su lado.

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