Internacional

LA LIBERTAD VUELVE

Redacción de La Abeja

La liberación de presos políticos en Venezuela tras la caída del régimen de Nicolás Maduro no es un gesto administrativo ni una concesión menor: es el acto refundacional de la República. Cuando las puertas de las cárceles se abren para quienes fueron encarcelados por pensar distinto, lo que se libera no es solo a personas, sino a toda una nación que durante años fue rehén del terror chavista.

Durante más de una década, el chavismo convirtió la justicia en un arma. Jueces obedientes, fiscales militantes y tribunales politizados sostuvieron un sistema en el que disentir equivalía a delinquir. Estudiantes, periodistas, militares, dirigentes políticos y ciudadanos comunes fueron encerrados no por lo que hicieron, sino por lo que pensaban. Venezuela llegó a ser uno de los países con más presos políticos del continente.

Por eso, lo que está ocurriendo hoy es histórico. La excarcelación de estos hombres y mujeres simboliza el colapso del aparato represivo que sostuvo a la dictadura. Ningún régimen autoritario cae realmente hasta que libera a quienes encarceló por razones políticas. Las tiranías pueden perder elecciones, pueden ser aisladas internacionalmente, incluso pueden ser derrotadas militarmente, pero mientras mantengan presos políticos, siguen gobernando a través del terror. Hoy ese terror se está disipando.

Las imágenes de familias reencontrándose, de hijos abrazando a padres que no veían desde hace años, de ciudadanos saliendo de celdas oscuras a la luz del día, son el retrato más poderoso de lo que significa la libertad. No es una abstracción jurídica. Es un hecho humano, tangible, irreversible.

Pero este momento también impone una responsabilidad. La transición venezolana no puede limitarse a cambiar nombres en el poder. Debe desmontar las estructuras que hicieron posible la persecución. Eso implica depurar el sistema judicial, investigar los abusos, establecer responsabilidades y garantizar que nunca más un gobierno pueda usar las cárceles como herramienta política.

La liberación de presos políticos es el primer paso de una verdadera justicia.

Para Hispanoamérica, este hecho tiene un valor especial. Durante años, el régimen de Maduro fue el símbolo de hasta dónde puede llegar un proyecto ideológico cuando se desentiende de la democracia y los derechos humanos. Su caída y la liberación de sus víctimas envían un mensaje claro al continente: las dictaduras no son eternas, y la libertad siempre termina reclamando lo que es suyo.

Hoy Venezuela empieza a caminar de nuevo. Y lo hace con los pasos firmes de quienes regresan a casa después de haber sobrevivido a la injusticia. Ese es el verdadero comienzo de la reconstrucción nacional.

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