
Por Francis W. Butters.
Siempre tengo por costumbre tomarme el tiempo de escuchar a aquellos personajes que intentan explicar el Perú, aun y sobre todo, si no comparto su ideología o sus puntos de vista. Se que es un esfuerzo que algunos considerarán infructuoso, ya que la mayoría de aquellos que se proponen iniciar estas explicaciones pertenecen a un solo sector del espectro político. No creo que la opinión sobre mi “esfuerzo”, sea absolutamente correcta. Muchos de los pensadores que reflexionan sobre nuestro país, son personas instruidas e inteligentes, y a pesar de sus esfuerzos por esconder los prejuicios que su ideología le imprime a sus opiniones, investigaciones y textos, por allí se cuela un rayo de luz como en las pinturas de Vermeer. De este brillo que ilumina una perla, una pupila, el sudor de una frente, un simple chorro de leche, la blancura de unos dientes, o el reflejo de una imagen en un vaso, siempre podremos discernir lo que el autor quería resaltar o esconder.
Hace una semana, tuvo lugar un conversatorio de la Latin American Studies Association, LASA, en el cual participaron varios personajes que se proponían analizar El derecho a protestar en paz: Estallido social y represión en el Perú. En ella participaron José Luis Renique, Juan Carlos Agüero, Omar Coronel y Marisol de la Cadena; con la moderación de Jo-Marie Burt. Quien seguramente mas sabe del tema de las organizaciones envueltas en la protesta, es el Doctor Renique, que dicta Cátedra en la City University of New York y tiene un muy detallado ensayo titulado, La batalla por Puno, Conflicto agrario y nación en los Andes Peruanos. Sin embargo, lo que más me llamó la atención como un detalle revelador del sustrato común a un discurso exegético de la izquierda con respecto a la realidad nacional, fue la recurrente referencia del sociólogo José Carlos Agüero al fujimorismo como parte sustancial del tejido de la crisis.
No pretendo minimizar las indelebles marcas que las garras de un fujimorismo han dejado en su deambular por la política nacional, pero si me llama la atención la total ausencia de toda mención al papel que ha jugado la izquierda en la construcción del andamiaje de la crisis, así como de los vínculos ideológicos y programáticos que existen entre las diferentes manifestaciones del marxismo en el Perú. Estos vínculos, son marcadores genéticos innegables, inocultables, e ineludibles, que la izquierda intelectual, no reconoce, ni menciona en sus sesudos análisis. Todos los participantes parecen partir del principio de que las protestas han sido espontáneas, y que toda influencia exógena es inexistente. Nada se dice de cómo es que se genera un sentimiento de discriminacion, despojo, y humillación para con un presidente que supuestamente viene de su seno. Nada se dice de cómo la narrativa de la victimización, que se hizo evidente desde la campaña y durante todo el año y medio del gobierno de Castillo. Solo se habla del estallido social, como algo que aun cuando tiene antecedentes históricos, es innegable que ha sido manipulado desde un principio, con ayudad de un mensaje que reiteradamente ha exacerbado a un pueblo ante un supuesto ataque inmisericorde de ese sector del país que supuestamente representa a una raza, a una capital, a un sector económico y hasta a un idioma, que solo ha discriminado, ignorado, dominado y oprimido al otro lado del Perú.
Jose Carlos Aguero, cierra su comentario, identificando al fujimorismo como el partido del totalitarismo y de la anti democracia, olvidando las muchas veces que el partido de gobierno ha votado con esta agrupación; así como olvidando también que la actual presidenta es miembro de la plancha presidencial de Perú Libre, y que el Premier Otárola, fue ministro de Ollanta Humala, otro gobierno patrocinado por la izquierda. Otárola no solo estuvo de acuerdo con la idea de una nueva constitución, sino que además respaldó a la dictadura venezolana. A pesar de ello, ambos son vistos como la manifestación más pura del fujimorismo, del totalitarismo y de la antidemocracia. Es decir, que la izquierda no tiene absolutamente ninguna responsabilidad en la crisis que hoy enfrenta el país. Es pues, una izquierda irresponsable .
Sin ningún ánimo de defender al fujimorismo, es claro que la izquierda ha decidido ignorar su responsabilidad en la gestación, la alimentación, el encubrimiento, el estallido y la multiplicación de la crisis. Ni siquiera reconoce que Castillo fue vacado con votos del propio partido de gobierno, o que todos los ministros de su último gabinete, renunciaron al unísono y hoy tiemblan ante las preguntas de la Fiscalía y de la Comisión de Fiscalización del Congreso, huyendo de toda responsabilidad en el golpe, cuya narrativa desde el exterior, también por actores en su totalidad de izquierda, ha girado hacia la idea de que el golpe se lo dio el Congreso a Castillo.
La anfitriona Jo-Marie Burt, de LASA, se refirió al golpe de Castillo durante sus palabras de apertura, pero sus invitados, parece que fueron todos inoculados contra ese virus, así que no contrajeron la enfermedad. Agüero menciona también que el fujimorismo “obstaculizó al gobierno de centro de PPK”. Me pregunto, cuándo es que PPK se movió hacia ese centro, o será que la izquierda no quiere reconocer que su versión caviar, estuvo presente durante ese régimen, o que Verónika Mendoza se despachó tremendo espacio publicitario, pidiéndole a sus militantes y a la izquierda en general que voten por el gringo para cerrarle el paso a la China. Mientras los caviares disfrutaban de las delicias de la burocracia PPKausa, el gringo seguía en sus habituales prácticas en las que no “distinguía’ lo público de lo privado, haciendo Yoga en el el Golf de San Isidro, y despachando negocios en Choquehuanca; calle y método que años más tarde el presidente de izquierda reemplazaría por Sarratea.
La gestión de esta crisis, es atribuida por la izquierda a ese número mágico de los 200 años, aun cuando bien dice Marisol de la Cadena, no es que la historia sea la crisis, sino que la crisis es la historia. Claro que ella habla de la colonialidad del poder, mencionando tangencialmente la temporalidad de la crisis, refiriéndose a que el problema, que ella llama el iceberg, no es moderno; de alguna manera es una crisis que es preexistente a la llegada de los españoles. Habla también de la complejidad de la choledad, en otro de los temas en los que la izquierda denota una timidez omnipresente.
Esta complejidad mencionada, no se detiene a explicar la presencia de sectores conservadores al interior de esa choledad, y de evidente identificación de estos sectores con el fujimorismo, como en el caso del ex congresista Mamani. Tampoco se detiene a explicar la existencia de una violencia no senderista, como la que quemó vivo al policía Soncco, en Puno, si hubieran sido senderistas, se habrían llevado el AK-47 que estaba en patrullero; o que colgó a una anciana en Pataz, La Libertad, la misma que fue azotada para arrancarle una confesión de brujería, que en nada tiene que ver con política.
Esta fecha de los 200 años, que hoy cualquier analfabeto ya se sabe de memoria, no refleja acontecimientos bastante más recientes, y bastante más relacionados a un sector de la izquierda que todavía camina entre los mortales. Héctor Béjar, Gustavo Espinoza Montesinos, y Hugo Blanco, saben de qué se trata. Me refiero a los intentos concretos de implantar un proyecto socialista en el Perú, el Gobierno de Velasco, el famoso Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada. Velasco le abre las puertas del gobierno a la izquierda, y esta se despacha, por primera vez, lo que Vladimir Cerrón llama los beneficios del poder. Muchos de los izquierdistas vivos de esa época, trabajaron en el gobierno. Velasco perdonó al guerrillero Béjar, y le dio a muchos zurdos, la oportunidad de poner en práctica sus ideas en los programas estatales. Le dio a la izquierda una presencia sobre todo el aparato del estado.
En 1979, al cierre del gobierno militar, la participación de la izquierda en la Asamblea Constituyente fue significativa, ya que esta alcanzó una votación del 30%; sobre todo si consideramos que en las elecciones de 1962, la izquierda solo alcanzó el 3% de la votación, logrando no solo un gran avance en cuanto a su presencia en al escena política nacional, sino que además logró incluir a las figuras más importantes de su época. Personajes como Jorge Del Prado, Carlos Malpica, Hugo Blanco, Ricardo Napurí, Carlos Malpica, Genaro Ledesma, Enrique Fernandez Chacón, Saturnino Paredes, Isidoro Gamarra, Leonidas Rodriguez, Antonio Meza Cuadra, Javier Diez Canseco, y el indultado guerrillero, Héctor Béjar.
No debemos olvidar tampoco, que durante los años del gobierno militar, es que se gestan los dos movimientos subversivos que aparecen en los años 80s, Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru, organizaciones políticas subversivas de izquierda marxista, leninista, maoísta que sometieron al país a la más sangrientamente etapa de su historia republicana.
La izquierda oficial de hoy, que no pierde el tiempo en etiquetar a quien se le cruza en su camino, como fascista, neo nazi, o genocida; pero prefiere mantener sus parentescos ideológicos con la lucha armada -que insiste en trivializar con nuevos nombres que denoten menos sangre, y los justifique como revolución- bien escondidos; aun cuando esos parentescos, vengan con partida de nacimiento de por medio, como es el caso de alguna ex ministra, quien ha usado el estudio de abogados de un ex procurador anticorrupción para enjuiciar a una periodista por señalar un hecho cierto, su vinculación con un condenado por terrorismo.
La Izquierda, ha acuñado su propio término para distraer al incauto, y buenos como son con las etiquetas, lo ha llamado terruqueo; implicando que toda alusión a una supuesta vinculación con la subversión terrorista que enlutó al país por veinte años, no solo los ofende, sino que además los difama. Quieren desterrar el uso de la palabra terrorista, a punta de sentencias judiciales, mientras celebran al unísono la re edición del Libro del Dr. Lopez Soria, El Pensamiento Fascista en el Perú, 1930-1945, el que no me cabe la menor duda, sera sujeto de múltiples citas referenciales, para cuando se refieran a sus adversarios.
Mientras que Pedro Castillo se reunía con Yonhy Lescano, ex candidato presidencial de Acción Popular, a inicios del régimen, con el objeto de obtener el apoyo del partido de la lampa, para un gabinete en que se encontraba un acusado de participar en un atentado terrorista contra un local del AP en Huanta, el dueño y Secretario General de Perú Libre, Vladimir Cerron, dijo que el difunto Presidente Fernando Belaunde Terry, fue un genocida, así, como si nada, muy suelto de huesos. Lescano ni cuenta se dio. ¿Sería que escuchó algo parecido en un ambiente más familiar? Nunca lo sabremos. Castillo nunca lo desmintió públicamente, y la explicación que salió de la reunión con el profesor, fue que sus padres fueron de Acción Popular.
Durante el periodo coincidente con el gobierno de Belaunde, Alfonso Barrantes Lingán fue elegido alcalde de Lima, siendo tal vez una de las poquísimas figuras decentes de la izquierda contemporánea.
Llegado el nuevo decenio, es la izquierda la que maquilla, asesora, auspicia y respalda la candidatura de un ingeniero agrónomo, ex rector de la Universidad Nacional Agraria de la Molina, un chinito, que terminó siendo su némesis, Alberto Kenyo Fujimori Fujimori, una naranja de Kumamoto, que vino a opacar su rojo amanecer. Una herida por mano propia, de la que aparentemente no se han recuperado todavía. Fujimori tuvo, hasta el momento de su elección, a nada menos que a Javier Iguiñiz, el ex jefe de plan de gobierno de Izquierda Unida, como su jefe del equipo económico, Iguiñiz hoy tiene 75 años. Por allí anda. En el 2011 reapareció como Secretario Técnico del Acuerdo Nacional.
Luego de que ese fujimorismo, al que la izquierda ha venido a identificar como su archienemigo, derrota militarmente a la izquierda subversiva, hay un repliegue de la actividad de esa izquierda oficial hacia el interior del país, obteniendo múltiples victorias en los gobiernos regionales. En este experimento regional, la izquierda no sale bien parada, ya que la mayoría de sus triunfos electorales, se traducen en pésimos gobiernos, plagados de ineficiencia y corrupción, en una tendencia que continúa hasta nuestros días. Vladimir Cerrón, fue excluido de la plancha presidencial de Perú Libre, precisamente por una sentencia por corrupción.
Continuando con ese Leitmotiv anti fujimorista de la izquierda oficial contemporánea, esta ha devenido en un movimiento político que ha respaldado a cualquier proyecto alternativo al partido de su némesis.
Con todo ese pataleo que pretende reclamar que la oligarquía, a la que ha rebautizado como Derecha Bruta y Achorada (DBA), le ha negado al pueblo el control de su propio destino a través del autogobierno, la izquierda pretende ignorar que una de sus darlings, Susana Villaran; Susana Maria del Carmen Villarán de la Puente, fue Ministra de Promoción de la Mujer y del Desarrollo Urbano, entre los años 2000-2001, durante el Gobierno de Transición del Presidente Valentín Paniagua, en el que también ocuparon cargos ministeriales, Carlos Amat y León (quien fue ministro de Fujimori, y miembro del equipo técnico de Alfonso Barrantes,y miembro de su plancha presidencial), Marcial Rubio y Diego Garcia Sayán. Durante la siguiente etapa política, la izquierda sigue ocupando puestos claves en la administración pública, y Yehude Simon Munaro, es elegido Gobernador Regional de Lambayeque, para luego convertirse en Presidente del Consejo de Ministros de Alan Garcia entre el 2008-2009. En el año 2011, Susana Villaran es elegida alcaldesa de la ciudad capital, y a pesar de estar adornada de mas pergaminos sociales que Nicolás de Rivera el Viejo (uno de los trece del Gallo), asume el gobierno de la ciudad más grande del Perú, solo para terminar hoy con arresto domiciliario, en un proceso judicial en donde ha admitido su responsabilidad.
Esta presencia en la escena política nacional, en posiciones ejecutivas nada menos, ha demostrado la ineficiencia, improvisación, incapacidad y deshonestidad de los actores políticos de izquierda, cuando no un alto costo social y político en las consecuencias de sus actos y decisiones. Ha demostrado también la ausencia de un proyecto político serio y viable, que intente siquiera mejorar las condiciones de vida de los peruanos que han pretendido gobernar y en cuyo gobierno han venido participando de una u otra manera en los últimos cuarenta años. Recordemos además que el proyecto izquierdista no es nuevo, y desde la publicación del manifiesto Comunista a la actualidad, ya pasaron más de ciento cincuenta años.
La participación de la izquierda, no termina con la administración corrupta de Susana Villarán, ya que como dije antes, parece que mientras un fujimorista sea candidato a algo, la izquierda siempre encontrará un motivo y una forma de oponérsele. Durante el Gobierno de Ollanta Humala, la Franco-Cuzqueña Verónika Mendoza, halló la manera de hacer sus garabatos en nada menos que en la agenda de la Primera Dama, quien junto con su marido está procesada por actos de corrupción durante su régimen. Cuando un viejo operador del establishment mercantilista, decide ser candidato a la presidencia contra Keiko Fujimori, adivinen a quien apoyó la izquierda, pues nada menos que al gringo sobre la china. La Vero, hasta se hizo un comercial de televisión en apoyo de PPK, para “cerrarle el paso al fujimorismo” (sic). Es un poco como si ese apoyo fundacional a Cambio 90, fuera percibido como el pecado original de la izquierda peruana, y un permanente recuerdo del error más caro de su historia.
La última apuesta electoral de la izquierda, en la que yo identifico como sus cuatro manifestaciones, a saber: (1) La izquierda intelectual y académica, (2) La izquierda oficial y partidocrática, (3) La izquierda radical, y (4) La izquierda subversiva y terrorista; toda, apostó por Pedro Castillo y por Perú Libre, hasta los Quispe Palomino del VRAEM, le ofrecieron su respaldo. Los cocaleros hasta tuvieron su candidato en la lista de congresistas de Perú Libre. El resultado lamentable de esa apuesta, es por todos conocido. La izquierda terminó votando, con ese fujimorismo que tanto detesta, para vacar a Pedro Castillo. No está demás mencionar que dos de los mas feroces defensores de Castillo, los congresistas, Guido Bellido y Guillermo Bermejo, se abstuvieron cobardemente.
La apuesta política de la coyuntura es un capítulo del manual del Socialismo del siglo XXI, y se concentra firmemente en el primer paso, que es una Asamblea Constituyente, para como ellos dicen, refundar el Perú. Esta que no es una idea original, involucra otros pasos, que están también en el manual, y que incluyen la reelección indefinida, la aniquilación de la oposición, la supresión absoluta de la división de poderes. En este nuevo proyecto histórico que pretende reformar al marxismo y supuestamente aprender de sus errores, la izquierda aspira a alcanzar el poder por medios democráticos, crear un bloque regional de Poder (para el que ya tienen enlistados a Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Brasil y Argentina, así como organismos como la CELAC, el Foro de Sao Paulo y el RUNASUR.
El actual desborde popular, como lo llamarían ellos, que ocurre en el Perú, y que supuestamente esta ligado a un movimiento popular cansado de décadas de olvido y abuso, es para nada espontáneo, y cuenta con la participación de las cuatro manifestaciones de la izquierda antes mencionadas, las mismas que han encontrado apoyo en cuanta organización y actividad ilegal existente en el país, que en la búsqueda de esa tormenta perfecta que necesitan para acceder al ansiado botín del poder, que tanto ansían, necesita nuevamente de su némesis, el fujimorismo, al cual acusan de haber tomado el gobierno de nada menos que la vice presidenta de Pedro Castillo, al que ellos mismos vacaron con sus votos. Han logrado inclusive arrancarle un lapsus linguae a Yonhy Lescano, que los apoya abiertamente y canta con ellos, “el pueblo, unido jamás será vencido”.
Para nadie es una novedad, sin embargo, que la izquierda ha tratado de apropiarse de las reclamaciones sociales de ese Perú ancestral que hoy se manifiesta a reclamar por los retrasos a los que históricamente ha sido objeto por los sucesivos gobiernos, incluyendo a aquellos en los que la izquierda ha tomado parte de uno u otro modo , en los últimos cincuenta y cinco años. Para nadie es una novedad, que en esa apropiación de reclamos y anhelos populares, la izquierda ha pretendido tener su representación y liderazgo. Para nadie es una novedad que en esa supuesta representación, la izquierda ha entregado a ese pueblo, más fracasos y traiciones que éxitos y verdaderos cambios o progreso. Para nadie es una sorpresa, que durante la participación de la izquierda en las luchas sociales del último medio siglo, su intervención ha alejado más a los peruanos unos de otros, en vez de acercarlos y en vez de cerrar las brechas que los separan. Para nadie es una sorpresa que la lucha de clases continúe siendo el medio por el cual la izquierda pretende acceder nuevamente al poder. Esa lucha de clases en la que el enfrentamiento entre peruanos produce la pérdida de vidas, desorden, atraso y daños materiales que hoy todo el Perú lamenta. Para nadie es una sorpresa que el primer presidente electo por un partido de izquierda, auto denominado marxista-leninista-mariateguista, haya terminado siendo un fracaso y una muestra más de incapacidad, ineficiencia y deshonestidad; o que haya terminado en un golpe de estado torpe, apurado y tembloroso, ante la amenaza de una fiscalía de la nación que lo tiene cercado por casos de corrupción.
Para nadie es una novedad que la vacancia de Castillo haya terminado con los votos de esa misma izquierda que todavía quiere seguir vendiendo ese discurso de cambio.
Por supuesto que a pesar de todo lo expuesto, la izquierda no tiene la culpa de nada y todo es culpa del fujimorismo. Es pues, una izquierda irresponsable.





Todo eso es causado porque nunca han estudiado lógica y sus principios el primero de los cuales, el de no contradicción, contra vienen sin cesar, pero además es una falta de honestidad constante, yo admitiría a cualquier caviar que reconociera errores en el pasado, pero, no ellos no son humanos, nunca cometen errores todos los errores los comete la derecha (luego, si lo humano es cometer errores, y los de izquierda no los cometen, son inhumanos)
No es un tema de estudios. Eso es lo que les sobra. Es un poco una descomunal conchudéz, que hace que no se escuchen a si mismos. Hoy dia Luis Pásara le decía a Augusto Álvarez Rodrich, que la izquierda “no se había preparado para gobernar”, a pesar de como señalo, no solo ha estado de una manera u otra en el gobierno durante los últimos 50 años, sino que además sus más representativos “intelectuales”, cobran por asesorías y consultorías al estado. Es decir que aparentemente, según se concluiría de lo que afirma Pásara, estarían cobrando por dar asesorías sobre un tema que desconocen. Es decir, están estafando a los contribuyentes peruanos que pagan por esas asesorías.