Política

LA INSEGURIDAD DE LA SEGURIDAD

Por: Luis Yunis

Si alguien me pidiera la impresión respecto al señor Avelino Guillen, Ministro del Interior, directamente le contestaría que no me da confianza para nada, y mucho menos para el tema de seguridad. Espero no se moleste, pero obviamente no es mi opinión lo que importa. Lo que realmente importa, es conocer si el señor Avelino Guillen sabe que la seguridad es el estado de confianza que debe primar en la colectividad respecto a su liderazgo y a la institución encargada de otorgar protección, amparo y defensa de los ciudadanos.

Obviamente, debo presumir que sí lo sabe porque es abogado y ha tenido una carrera como funcionario en el ministerio público, pero, ¿Sabrá el Ministro Guillen que ser titular del interior es diferente a ser líder de una institución como la Policía Nacional?

¿Tiene idea el señor Guillen que su presencia en la institución no transmite confianza, firmeza y menos refleja el aplomo del liderazgo que se requiere en momentos como los actuales?

En cuanto al comandante General Javier Gallardo no lo conozco, y si lo he visto alguna vez, no me acuerdo. Nunca he escuchado de sus destacadas hazañas policiales. Debe ser porque soy viejo, pero tampoco sé si sabe lo que es vigilar sigilosamente, amanecerse patrullando, atrapar delincuentes o desvelarse formulando documentos. Lo que sí sé, es que se ampara bajo el cobijo político sin presumir siquiera que éste es efímero y traicionero.

También sé que la seguridad de todo el país se encuentra en manos de estos oscuros y anodinos personajes. El primero pidiendo desesperadamente y a gritos declaratoria de emergencia e intervención de las fuerzas armadas y el otro escuchando atentamente las recomendaciones de otra figura ansiosa de una cuota de poder como lo es Miguel Hidalgo; y la opinión pública, sorprendida y decepcionada como si se tratara de un programa más de espectáculos, esperando el desenlace de sus máximas figuras públicas en temas de seguridad, que a la fecha se encuentran sacándose las lenguas y haciéndose muecas de desprecio en el cuarto piso del edificio de Corpac.

Y mientras esto ocurre, el país se desangra, los sobrevivientes lloran a sus muertos, el sicariato reina, el tráfico de drogas está a sus anchas, los filoterroristas ocupan cargos públicos, la corrupción crece, los nativos haciendo su propia justicia, la venta de armas a diestra y siniestra, los bonos comprando conciencias y el elegido Castillo jugando a incentivar a sus ronderos para que se hagan cargo de la inseguridad imperante ¡Increíble!

Que profundo dolor y decepción deben sentir aquellos viejos policías que se fajaron por su institución y que dieron todo por ella en salvaguarda del interés público. Que desencanto y desilusión que deben sentir aquellos antiguos líderes que dejaron huella al mando de unidades representativas y que con solo su presencia ya era suficiente para lograr el éxito de las operaciones.

En fin, creo que es nuestra responsabilidad decirles a ambos “líderes impuestos”, ¡que no existe viento favorable para un barco sin rumbo!, que la ciudadanía espera respuestas profesionales en prevención, en investigación, en orden, en autoridad. Que los puestos son pasajeros y que hay más de 100 mil hombres y mujeres en nuestra Policía Nacional esperando disposiciones firmes, precisas y listas para seguir a un verdadero líder o al menos a alguien que lo pretenda ser y no un ¡Sálvese quien pueda!

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