
Por; Jeffrey M. Kihien-Palza
El acontecimiento más importante de la conquista del Perú fue la conversación del Inca Atahualpa al cristianismo. Este acto tuvo consecuencias jurídicas inmediatas, pues si el Inca se convierte y acepta la religión católica, todo su reino y sus súbditos lo hacen también. La conversión del Inca Atahualpa ocurrió entre el 16 de noviembre de 1532 y el 29 de agosto de 1533, fecha en que fue ejecutado después del juicio que lo declaró culpable por asesinar a su hermano Huáscar y, otros actos de barbarie.
La Monarquía Española, y los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, se entregaron con pasión a emprender la tarea de evangelizar el mundo, y, hacerle frente al musulmán que era una amenaza política y económica constante. El Imperio Otomano controlaba las rutas de comercio del Mediterráneo hacia oriente, así como los puertos en las costas del norte de África. La gigantesca y hasta ese momento imposible tarea de cruzar el océano atlántico para llegar a la China; evangelizarla, comerciar, y también atacar al turco por la retaguardia, fue realizada por España y su fe en Dios y la Iglesia Católica. Erastotenes, tres siglos antes de la era cristiana ya especulaba sobre el diámetro de la tierra, pero fueron los españoles los que la confirmaron. La especulación es lo que nos diferencia a los animales, solo los humanos la tenemos. Al final, no fue necesario atacar a los Otomanos por la retaguardia, la Monarquía Española los derrotó en la batalla de Lepanto en 1571.
En el trayecto de la empresa de los Reyes Católicos, las Indias se le atravesaron a Colón, acontecimiento que cambió la historia de la humanidad y le dieron un empuje sin precedentes a la cristiandad, así como a sus enemigos dentro de ella misma. La labor de conquista y evangelización de los nuevos territorios se realizó de acuerdo a ley. El sacerdote y el escribano acompañaban al soldado del Tercio, cuya tradición castrense se remonta a las legiones romanas estacionadas en Hispania.
En el periodo de cautiverio el Inca solía cenar con Francisco Pizarro y jugar ajedrez. Alguien entre las huestes de Pizarro le debe haber enseñado. Quizás fue Fray Vicente de Valverde de Oropesa y Toledo, un noble español pariente de Pizarro, de la Orden Dominicana y alumno de la Universidad de Salamanca en donde recibió catedra del mismo Francisco de Vitoria. Fray Vicente no fue cualquier cura, por el contrario, es lo mejor que Europa podía ofrecer al mundo y justamente fue el encargado de explicar el evangelio al Inca. La religión de la nobleza incaica no estaba muy lejana a la doctrina católica, tenían un solo dios supremo; el Sol, y lo que es más importa, la religión inca tenía un lugar donde su dios habitaba; el Hanan Pacha. El Kay Pacha, el mundo habitado por los vivos. El Ucupacha, en donde se origina la vida, con las semillas y los árboles, allí también habitan los ancestros y se gestan los nacimientos. Es el paraíso terrenal, de allí se sale para habitar el Kay Pacha. No fue tarea difícil para el inca entender el significado del evangelio católico, mas aun al observar cómo los soldados españoles se arrodillaban con devoción ante la cruz y, ante Valverde para recibir la comunión. Cuentan también, que Atahualpa lloró mucho durante su proceso de conversión. No es señal de cobardía, hidalgo es el que llora al reconocer sus errores y pecados. Atahualpa había cometido acciones de extrema crueldad contra su propio hermano y familia, matando poblaciones enteras. “Bienaventurados los que lloran.” (Mateo 5:4), Valverde, el teólogo, le habrá explicado el valor del arrepentimiento y el perdón.
Fray Valverde luego sería el primer arzobispo del Cuzco y del Reino del Perú, ese arzobispado, el del Cuzco, se extendía desde la Tierra del Fuego hasta la actual Nicaragua. Tanto la nobleza incaica como la nobleza de las naciones que colaboraron con la conquista española, aceptaron la religión católica inmediatamente, los primeros edificios que se construyeron en el Reino del Perú fueron las iglesias, con ingeniería y diseño de tradición Romana, y mano de obra local, india, que trabajaron todo el arte de las iglesias virreinales del Perú. El indio común, fue el mas devoto, pues la Iglesia Católica lo elevó por primera vez al nivel de ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, también le dijo que podía ser santo, y lo mas importante, que era libre, nadie podía esclavizarlo. La Reina Isabel la católica, liberó a los indios de las Américas.
La conquista del Reino del Perú, se realizó con la palabra de Dios, con la Biblia, no hubo grandes batallas por el poder, porque este lo siguieron manteniendo los nobles locales. La estructura de potestad no tuvo mayores alteraciones, por el contrario, la nobleza local se unió por matrimonio con la nobleza europea expandiendo su influencia. Los indios dejaron sus costumbres idolatras inmediatamente, comenzando a festejar sus santos patrones con danzas y vestimentas europeas los cuales hasta el día de hoy se practican y usan en la vida cotidiana. Así, el Reino del Perú, a partir de la conversión de Atahualpa, se convirtió en tierra de santos; Santa Rosa de Lima, la primera Santa de las Américas. San Martin de Porras, un Santo negro. Santo Toribio de Mogrovejo, noble también, graduado de la Universidad de Salamanca, bautizó a medio millón de indios en el Reino del Perú, una obra misionera todavía no igualada.
Perú, tierra de santos, ahora tierra del Papa Leo XIV, que vivió allí la mayor parte de su vida, cuarenta años, más que suficientes para entender que la idolatría a la Pachamama es un fenómeno moderno, citadino, del New Age de los Estados Unidos que se introdujo en las Américas junto con el indigenismo hippie de los años sesenta. No es parte de la tradición e idiosincrasia de los indios de las Américas, pero si se ofrece a los incautos turistas que visitan el Perú. Recuerdo, en el 2024 me lo ofrecieron, una ceremonia a la Pachamama como experiencia peruana. No pude mas que horrorizarme ante la propuesta pagana y, rechazarla. Un producto más de las ideologías modernas en su constante búsqueda por la libertad gaseosa.






Así, como cuando uno va a Cuzco y pretenden los guías ignorantes que las cruces verdes, es una forma de sacarle la vuelta al cristianismo, desconociendo que es el evangelio, Lc. 23,31 Además la bandera con la cruz verde que llevaba Colón y con la iniciales de los reyes Isabel y Fernando.