
Por Francis W. Butters
Creo que en política, como en todo en la vida, es muy importante recordar la historia, precisamente para conocer de los errores cometidos por otros en el pasado, y evitar así que estos errores se repitan en el presente. Digo esto a la sazón de dos recientes circunstancias que requieren un poco de ese recuerdo como un lugar en donde apoyarse.
Una de esas circunstancias, es el cuestionamiento que está
haciendo, y con razón, de los leoninos y corruptos contratos de concesión de los peajes en Lima, por el actual alcalde Rafael López Aliaga. La otra circunstancia, es la posición del candidato a la presidencia de la Argentina, el economista, Javier Milei, que ofrece disminuir el tamaño del estado, y al hacerlo, espera reducir el tamaño de la corrupción y de la ineficiencia en el manejo de los recursos públicos. Para ambos líderes, el estado es el problema. Ambos líderes aspiran a enfrentarse a una corrupción e ineficiencia del estado, y ambos líderes tienen experiencia en el sector privado.
Se preguntará el amable lector, en donde encaja la historia en este asunto, y que tiene que ver un emperador y unos conejos con la realidad de estos dos personajes latinoamericanos.
Empezaré entonces por recordar el ejemplo histórico:
Corría el año de Nuestro Señor de 1807, y los tratados de la Paz de Tilsit, que acababan de ser firmados en julio de ese año por Napoleón, con Alejandro I de Rusia, y con Federico Guillermo III de Prusia, respectivamente. Todavía no se secaba la tinta en los famosos documentos, cuando Napoleon ordenó al General Alexandre Berthier, su Jefe de Estado Mayor, organizar una cacería de conejos en sus tierras, para celebrar las victorias de quien estaba en la cúspide de su poder. El General Berthie no tuvo mejor idea que adquirir varios millares de conejos domésticos; que al ser estos conejos, conejos de granja, estaban acostumbrados a la presencia del ser humano y a asociar esta presencia con su alimentación.
El inexperto general, por lo menos a lo que a conejos se refería, desconocía el comportamiento de los roedores, y no pudo predecir su reacción frente al grupo de cazadores imperiales que tenía al frente. Al soltar a los varios miles de conejos, normalmente animales inofensivos, para iniciar la cacería, estos creyeron que era el momento de su alimentación y se lanzaron sobre la partida de caza, liderada por el victorioso y todopoderoso emperador. Me imagino por el tipo de cacería, que las armas escogidas, fueran las famosísimas escopetas Boutet, (armero personal del emperador).

Seguramente estas armas serían lo más lujoso, ornamentado y preciso de su tiempo , pero ni aun así les sirvieron poco o nada. En todo caso, para combatir a los hambrientos conejos, que se convirtieron en un problema incontrolable para el vencedor y más poderoso gobernante europeo de su tiempo, los cazadores usaron bastones para tratar de repeler el ataque de tan numeroso enemigo. El emperador, incapaz de defenderse de sus atacantes, tuvo que huir, mientras se dice que continuaba azotando a los conejos que habían logrado trepar al carruaje del gran corso. Nada pudo hacer el oficial de artillería que había vencido en Toulon, o que acababa de vencer a los rusos en Friedland, contra el ataque de miles de conejos hambrientos, a pesar de estar armado con las más bellas y efectivas armas de su época.
Cómo aplicamos esta experiencia a las actuales circunstancias?
Pues los personajes contemporáneos tienen en común con el emperador, que se enfrentan a un enemigo numeroso e incontrolable, en donde toda su experiencia pasada aparecerá como insuficiente para combatirlo. Aún cuando ambos tienen razón en sus posturas con respecto a la corrupción e ineficiencia, esta no se va a terminar con una sentencia o la firma de una nueva ley, por más que -en el caso de Milei- pretende reformar el estado casi en su totalidad.
Los “conejos”, que en el caso latinoamericano son un tipo de roedor que es más bien una plaga, hace mucho tiempo que viven enquistados en la sociedad. Uso la palabra sociedad, en vez de la palabra estado; porque la experiencia nos ha enseñado a los peruanos, que los particulares (a los que Milei le quiere entregar la obra pública), son el 50% de la ecuación de la corrupción. Odebrecht, es una empresa privada, que creó una unidad especializada en corromper funcionarios y hasta creó un banco para hacerles los pagos en el exterior a esos funcionarios corruptos. La llorona empresaria, dueña de Marka Group, hizo todas sus trampas desde una oficina privada y jamás ocupó un cargo público.
Lo que el alcalde López Aliaga quiere hacer, es dar un golpe, no a la “seguridad” jurídica, que es lo que aducen todos los Totem del derecho peruano, sino a la impunidad, que es la fuente y aliciente principal, para que se sigan cometiendo más latrocinios a los dineros públicos. Mientras que los defensores del Status Quo, lo que van a lograr es que el crimen si pague.
Milei cree que la obra pública es la madre del cordero, y se olvida de que mucho de lo que conocemos del pasado de la civilización, tiene que haber sido edificado como obra pública.
Lamentablemente, los conejos que tiene que enfrentar RLA, y aquellos que tendrá que enfrentar MILEI, que cambiaron el Matambre por el filet mignon hace años, son muchos y se saben todas las mañas. Hay que saber llevarlos al campo donde pueden ser derrotados, usando las armas apropiadas. Napoleón uso su artillería de manera muy eficaz, y no fue derribando murallas, sino disparando metralla. Lo hizo al defender a la Convención el famoso 13 Vendemiaire en 1795, y lo hizo en el Sitio de Toulon en 1793, y lo volvió a hacer en Friedland contra los rusos en 1807.
Moraleja, no te adornes con Boutets, cuando tienes artillería ligera y metralla, que sabes que si funcionan.
Las batallas en política, son muchas veces una sorpresa, como lo fue la retirada de un emperador, frente a la carga multitudinaria de conejos hambrientos y acostumbrados a que les den de comer.
Si alguien ha visto alguna vez la litera de campaña de Napoleón, sabe que el emperador dormía en una cama pequeña e incómoda, para que nunca se olvide que estaba en guerra. La política, como dijeron Von Clausewitz, y Mao, es la Guerra por otros medios, o la guerra es la continuación de la política por otros medios.




