Política

¡IMPROVISANDO CON EL CORONAVIRUS!

Por: Alfredo Gildemeister

 Cuenta la historia que la denominada peste negra -o muerte negra- fue la pandemia de peste más devastadora en toda la historia de la humanidad. Esto sucedió en el siglo XIV, alcanzando su peor momento entre los años de 1347 y 1353. Los historiadores calculan que la peste negra causó unos 25 millones de muertos, solo en Europa (un tercio de la población de esa época), y opinan que aún se quedan cortos. Esta peste fue causada por una bacteria, la llamada Yersinia pestis y no por un virus, como sería el caso del coronavirus. La palabra “peste” deriva del latín “pestis”, es decir, “enfermedad”o “epidemia”, y no por el nombre de la bacteria. La peste negra se inició en Asia, llegando luego por las rutas comerciales, ya sean marítimas o terrestres, a Europa.

Las ciudades más afectadas fueron el puerto de Messina, así como la ciudad de Florencia, en donde uno de cada diez habitantes murió, y ciudades de Alemania como Hamburgo, Colonia y Bremen fueron las que más sufrieron esta peste. Las personas se contagiaban y morían en cuestión de horas. Los cadáveres se acumulaban en las calles y casas por montones y tenían que ser incinerados. Ni siquiera se les podía enterrar en fosas comunes con cal viva. El contagio era algo tan fácil que familias enteras morían una tras otra.

Cabe señalar que las pestes y epidemias no son una novedad de hoy ni de la edad media. La humanidad las sufrió a lo largo de toda su historia. Ya desde tiempos de Grecia y luego Roma, sufrirían con estas “pestilencias” con gran mortalidad en muchos casos. Lo bueno era que las pestes se ubicaban en una ciudad o en una región concreta a lo sumo. Siglos más tarde, a medida que las comunicaciones se desarrollaron, estas epidemias se expandirían a otras regiones y a otros continentes. Cabe recordar la expansión de la viruela a la llegada de los españoles y la terrible mortandad causada no solo en el imperio incaico, sino en todos los territorios a donde los españoles llegaron matando a cientos de miles de indígenas. De otro lado, las grandes migraciones, invasiones, guerras, saqueos y hordas de invasores moviéndose por Asia y Europa como, por ejemplo, la de Atila con sus hunos, la de Gengis Kan y los mongoles, las mismas cruzadas, etc. no solamente llevaron otras culturas a otros territorios sino también sus propias enfermedades y plagas.

En interesante tomar en cuenta la situación demográfica de la época en que estalló la peste negra. Tras vivir varios años de un clima benigno y de buenas cosechas, la población en el Europa aumentó hasta los 80 millones de habitantes. A esto también contribuyeron las nuevas técnicas y artes en el agro como el empleo de caballos en lugar de bueyes, el arado con reja de hierro y la división de la tierra en tres cultivos en lugar de dos (alternancia trienal). Sin embargo, esta situación tan benigna cambió hacia el 1300 d.C. Dicho modelo comenzó a presentar signos de agotamiento por la necesidad de más tierras y más caballos disponibles para lograr alimentar a toda la población, el cultivo trienal no lograba regenerar totalmente los campos.

Tampoco el ganado tenía pastos suficientes por lo que continuó la desforestación y la reducción de lugares para la caza con la subsiguiente reacción de nobles. Se produjo una disminución en las cosechas, con el consiguiente incremento de hambrunas o malnutrición. Por tanto, la epidemia encontró a dos o más generaciones debilitadas desde la infancia por estos sucesos. En paralelo las comunicaciones habían mejorado tremendamente no solo la famosa “ruta de la seda” sino las técnicas de navegación y construcción de barcos.

Otro aspecto muy importante a considerar es el gran crecimiento de las ciudades respecto del campo en aquella época. Ciudades como Paris, Londres, Bremen, Hamburgo, etc. amuralladas por lo general, y dentro de esas murallas una gran cantidad de viviendas tugurizadas, con una ciudad de calles estrechas en donde la sanidad era casi un mito, puesto que la gente arrojaba sus necesidades a la calle desde la puerta de sus casas o sus balcones al grito de “¡agua!”. El “sistema” de alcantarillados y desagües prácticamente era muy rudimentario o no existía. De allí que por el medio de toda calle corriera una corriente de agua con desperdicios de todo tipo.

A ello habría que agregar la gran cantidad de excrementos que los caballos especialmente, así como mulas y burros utilizados por la población, dejaban por todas las calles. Las ciudades literalmente apestaban a excremento. Los gravados y acuarelas de Lima antigua efectuados por Rugendas lo muestran. Hay testimonios de la época en que se decía que “Lima olía mal”. Todo ello en Europa fue pues un excelente caldo de cultivo tremendo para la propagación y contagio de la peste negra: la sobrepoblación de las ciudades, aglomeraciones, suciedad, falta de agua potable, etc.

Hoy, en pleno siglo XXI las cosas han cambiado, pero, aunque parezca mentira, muchas de las causas de la peste negra ocurrida en el medioevo y que causó una mortandad nunca antes vista, siguen vigentes. De allí que el virus del coronavirus se halla propagado con una rapidez que llama la atención. En un mundo globalizado e intercomunicado a velocidades increíbles, un chino con coronavirus puede acceder a cualquier ciudad europea en cuestión de horas, mientras Atila demoró meses y años en alcanzar las puertas de la ciudad de Roma. Finalmente, el coronavirus, luego de afectar a China y otros países asiáticos, invadió Europa y hace unas semanas, llegó al Perú.

Este virus se ha encontrado con un país con un sistema de Salud totalmente deficiente -casi en un estado de emergencia permanente-, cuya tercera parte de la población no tiene acceso a agua potable ni tiene acceso a un servicio mínimo de salud, al lado de un Estado que no cumple con su misión en cuanto a la Salud Pública y con un gobierno de improvisados que simplemente no sabe ni tiene la menor idea de cómo afrontar y detener esta plaga. El presidente en sus dos mensajes a la nación -al parecer tardíamente toma conciencia de la gravedad del problema, al lado de una ministra de Salud literalmente colapsada- causa un pánico innecesario y da la impresión de actuar con total improvisación, indicando en su segundo mensaje increíblemente que esta pandemia constituye una “gran oportunidad” para corregir errores en el sector Salud. ¿Tiene que venir una pandemia para recién corregir errores?

Y mientras, por un lado, se prohíben las reuniones masivas, espectáculos, marchas, etc. por el otro se permiten reuniones con no más de 300 personas. ¿De dónde obtuvo ese número? ¿Con 300 personas reunidas no hay contagios? Ya se están organizando reuniones, discotecas, fiestas, etc. con no más de 300 personas. ¡Hecha la ley hecha la trampa! Recién se decide suspender la llegada de vuelos de Europa y Asia -al parecer Trump y otros líderes al fin influyeron- ¡Luego de efectuarse revisiones “aleatorias” -esto es, a la suerte, al azar- a cientos de pasajeros llegados en las últimas semanas precisamente de Europa y Asia!

Dios quiera que esta terrible situación termine pronto y que se detengan los contagios y no haya víctimas en lo posible. ¡En todo caso, ya basta de improvisación y de chapuzas! No quiero ni pensar que se esté usando esta pandemia como una “cortina virus” con fines políticos, como algunos ya señalan. Urgentemente, debe actuarse con serenidad, responsabilidad y mucha seriedad. Esta enfermedad no permite más improvisaciones. La vida de millones está en juego.

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