Iglesia y sociedad

FEDERICO HIGHTON, SACERDOTE, AVENTURERO Y CONTRARREVOLUCIONARIO

Por: María Durio

Son cada vez más. Engrosan las filas de sacerdotes tuiteros, avatares con alzacuellos, páteres que evangelizan contracorriente en Twitter y YouTube mientras sus ejecutivos, Jack Dorsey y Larry Page, les dejen y no les obliguen a emigrar a Parler y Gab, que son las nuevas catacumbas de la disidencia posmoderna. Pero el padre Federico Highton no es uno de ellos. Tampoco, no se equivoquen, pertenece a la ingente suma de curas melifluos, que se lanzan a bailar en TikTok con la misma pasión con que antes se pregonara en los púlpitos con tal de no parecerse a sus mayores. Y ni siquiera forma parte de una especie de tercera vía, una postura intermedia y equidistante que busque contentar a todos. Qué va. Siendo, quizá, más cercano a los primeros que a los segundos, el padre Federico Highton va a lo suyo, y es lo que importa.

Nacido en Santa María de los Buenos Aires el 12 de octubre de 1980 (“jornada épica”, dice), ingresó en el seminario a los 26 años. En 2014 se ordenó sacerdote, en una fecha tan significativa como la de su nacimiento: el 1 de diciembre se celebra el dies natalis del beato Charles de Foucauld, oficial del Ejército francés que entró en la Trapa e inició una vida eremítica en el Sáhara argelino, donde fue asesinado por una banda de ladrones. Todo parecía llevar al padre Federico por el camino de la heroica aventura.

LOS COMIENZOS

Highton y su amigo sacerdote Javier Olivera Ravasi comenzaron a alejarse de la congregación a la que pertenecían por discrepancias con su fundador en 2015. Tras meses de discernimiento, decidieron abandonar la orden y fundar una nueva, que tomaría el nombre y la protección de San Elías y contaba ya en febrero de 2016 con la aprobación de un obispo. Podían comenzar a funcionar.

Y, ¿cuál es el espíritu de la Orden de San Elías? El padre Federico responde al instante: “anunciar la santa fe católica con la más heroica parresía para que Cristo sea máximamente glorificado”. No se entiende a los eliatas sin esta virtud, que ya ejercían los griegos, aparece en el Nuevo Testamento y hasta el mismo Papa Francisco sigue predicando. Se trata del coraje, de la ausencia de respeto humano, decir lo que uno ve en conciencia que tiene que decir aunque le corten en pedazos o le excomulguen. Un guantazo con la mano bien abierta al pensamiento políticamente correcto hoy imperante. Es el cuarto voto que profesan los religiosos de San Elías y practican los laicos de la Familia Apostólica Eliata

Así honran a su protector, profeta que vivió esta virtud de manera insigne; que, según la Escritura, desafió, provocó y pasó a cuchillo a los sacerdotes de Baal, subió al cielo sin pasar por la muerte, volverá al final de los tiempos para predicar contra el Anticristo, muriendo mártir en el empeño, y convertirá a los judíos. ¿Encuentran un ejemplo de más auténtica parresía en algún lado?

Imitando al profeta, el padre Federico publicó hace poco en su blog la versión de marcha del Código Misionero, inspirado en el Credo Legionario y en el Corpus Paulino: todo un chute de adrenalina, entusiasmo e ilusión, en contraste con los espíritus cínicos y embotados. Con este estimulante código de conducta, los eliatas combaten uno de los grandes pecados de nuestro tiempo, la hipocresía, al modo chestertoniano; esto es, con la virtud opuesta, parrésicamente. Y lo hacen de dos modos: a través de las misiones de infieles y de la contrarrevolución cultural católica.

EL PAPEL MISIONAL

Tiene el padre Federico una lista de las tribus más paganas que se encuentran, y allá que va con los cinco sacerdotes que a día de hoy forman la Orden de San Elías. Ya han pasado por el Polo Norte, el Himalaya, la India, Laos, Taiwán y el África occidental. En definitiva, donde más infieles (es decir, personas sin fe) posibles haya. Encuentran un poco de todo: idólatras, animistas, satanistas, magos, semi paganos…

Sostienen las misiones, previa autorización del obispo del lugar, a través de la plataforma Omnes Gentes, abierta a todos los católicos que deseen colaborar, cada uno con su carisma. Llegan con lo puesto (siempre la sotana), sin medios materiales, se ponen a disposición del Ordinario y en cuanto pueden, marchan a predicar a los infieles sin muchos planes, sin obsesionarse con los idiomas locales. Buscan intérpretes, aprenden las lenguas hasta chapurrearlas y con el chino, el inglés y el francés que conocen, anuncian las verdades más importantes de la Revelación. Así, van naciendo pequeñas pero fervientes comunidades cristianas, algunas de las cuales tienen hasta su propia escuela católica. Cuando florecen, dejan estas misiones en manos de la iglesia local y fundan una nueva en otro recóndito lugar del globo. La respuesta, hasta ahora, es buena, con decenas de bautizos, pero a algunos les parece demasiado provocadora.

Porque los eliatas han encontrado resistencia en los protestantes, los budistas, los hindúes y los musulmanes, como era de esperar; pero también, y esto puede parecer más sorprendente, en los propios obispos. Mientras que paganos y herejes son exponentes de la parresía en su predicación, ganando cada vez más seguidores para sus credos, el padre Federico y los suyos han recibido amonestaciones por su estilo, que estos pastores consideran demasiado “directo”. Para Highton, la reprimenda se basa en un sofisma: no hay que imponer la fe, luego no hay que hacer evangelización directa. Como si la segunda presupusiera necesariamente la primera.

¿CONTRACULTURA CATÓLICA?

No sólo les han recriminado sus modos misionales, sino también los intelectuales. La segunda pata del banco de la espiritualidad de San Elías es la contrarrevolución cultural católica, destinada a combatir los grandes errores de la razón en nuestra época, a saber: el liberalismo, el relativismo, el marxismo, el nihilismo, el protestantismo, el modernismo, el laicismo, la masonería. Su principal medio es el portal Que no te la cuenten, dirigido por el padre Olivera Ravasi y con más de 100.000 seguidores y también ha publicado en LA ABEJA. También cuenta  con la presión políticamente correcta de un sector de la jerarquía católica, disgustada con algunos términos y expresiones del sacerdote. Ya ha recibido advertencias para que cambie tono.

Porque en el fondo, según el padre Federico, subyace quizá en algunos sectores de la Iglesia una sospecha hacia lo infrecuente. La idea de que el original o el aventurero es por defecto un “notas”, un yonqui de la atención. Una suerte de imposición dogmática y unilateral de la santidad de la vida cotidiana. Sin desmerecer ésta, que tan valiosos frutos está dando en todo el mundo, no se debe descartar, a juicio de Highton, lo extraordinario. Porque a algunos Dios no les llama a lo corriente. Y así como hay quienes están a gusto en casa acariciando a su hijo, porque Dios está entre los pucheros, también se cuentan los que se entusiasman por su vocación aventurera. Por clavar una enorme cruz en el Himalaya y celebrar la primera misa en las más altas cumbres. Por la sed de épica, de las ideas locas. Y ninguna interpretación abusiva de otras espiritualidades debería coartar esta llamada.

El padre Federico y los eliatas, qué esperábamos, no se amedrentan ante estas suspicacias, y siguen a lo suyo, a su misión: anunciar el Evangelio a las más lejanas periferias y combatir las equivocaciones de las testas de hoy. Con la más heroica parresía, al modo legionario, sin descanso, que les llegará en el Cielo. Escandalizando a los blandos, dando la batalla cultural con bravura.

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