
Por Francis W. Butters
Castillo es un hombre acorralado y desesperado, en una posición en la que se hace cualquier cosa. Si antes Castillo había nombrado a un ministro con atestado por terrorismo, o a un ministro con dos muertitos en el closet; me parece que el nombramiento del actual Ministro de Agricultura (o Desarrollo Agrario), es el que más nos dice del estado en que se encuentra la mente del presidente.
No es posible que sea ajeno a las gravísimas circunstancias que le esperan al país, ya que aún cuando él lea poco o nada, esto no es creíble de todo su entorno. Recordemos que Aníbal Torres ha estudiando en Suiza, y probablemente su alemán es mucho mejor que su castellano motoso, esto para no mencionar que por ley, se supone que los ministros de estado son propuestos al presidente por el premier; así que nombrar a una persona con tan poca preparación para el cargo, es una muestra de que el bienestar de los peruanos es lo último en lo que está pensando el chotano. Encima de esta irresponsabilidad, dice suelto de huesos, que los que se mueran de hambre, serán solo los ociosos. Pareciera que don Aníbal le ha prestado su copia de Mi Lucha.
Castillo es alguien que no quiere una salida, porque debe haber algún diminuto personaje que lo persuade con la idea de que tiene salvación. Este mal bicho puede ser Cerrón, puede ser Torres, puede ser la ahora consejera nocturna, Betssy After Hours, o una combinación de todos los anteriores; lo importante a tener en cuenta es que esta situación no es sostenible, y cuando reviente, los miedos de Castillo, que pasan por varios niveles, van a salir a relucir. A saber, la cárcel para él, la pérdida de lo acumulado, la posible prisión para su esposa por el fraude en el uso del grado trucho para acceder a $200 soles más por mes. Otra salida es huir, y ser protegido por sus amigos en alguno de los países que todo el mundo conoce, quejándose por cierto de la inmisericorde e injusta persecución de la derecha explotadora. Si opta por esta última, el patear el tablero será parte de su salida. Que no extrañe que deje un decreto firmado, liberando a Antauro Humala.
Ahora bien, que ofrecen los diablitos sobre su hombro? Pues la salida constituyente, en donde una todopoderosa asamblea en parte nombrada por él, se encargue de librarlo de toda consecuencia para los actos de los que hoy se le acusa. Un sueño que comparte con Vladimir Cerrón.
En uno de esos inusuales ataques de prestidigitación, Ricardo Belmont vaticinó acertadamente su visión para el futuro del todavía presidente; dijo bien, o la prisión o o la fuga.
El congreso, que tanta mala fama se ha ganado, ha tenido la suficiente sabiduría para bloquear dos instrumentos de control del camino a esa Asamblea Plurinacional Constituyente, siendo el primero, el cierre del congreso con el cuento de la “cuestión de confianza”; y el segundo, la posibilidad de modificar la constitución por un medio ajeno al Congreso. No se da suficiente crédito a estos dos bloqueos de medidas que Castillo solo hubiera utilizado para cubrir sus delitos.
El congreso tiene ahora una nueva tarea, y es la de impedir que el Presidente salga del país. Bajo ninguna circunstancia, se debe autorizar a Castillo a que abandone suelo peruano. El momento en que lo haga, ya no habrá nada que hacer. Por más pecados que tenga la Vice Presidenta, la tentación caviar de regresar al poder, la expiará de todas sus culpas; y es país seguirá cayendo en ese hoyo oscuro y sin fin por el que ya transitamos.
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