
Por: Francisco de Piérola
En el Perú no hay monopolios, a diferencia de lo que a la izquierda le encanta señalizar. Muchas veces, incluso, incurren en errores que evidencian tanto la ausencia de los monopolios como el desconocimiento del significado mismo. Nos regalan frases como “me voy a cambiar de banco para no beneficiar más al monopolio del BCP” o “Alicorp es un monopolio”, cuando Procter & Gamble, Unilever, Mondelez, Nestlé y Carozzi son sus competidores. Demuestran, entonces, que los comentarios de la izquierda vienen, muchas veces, desde la ignorante pasión y nunca desde la empírica razón.
Pero hay un monopolio que sí existe. Uno que está todos los días delante de nuestras narices, pero que parecemos olvidar. Me refiero al monopolio de la corrección política, del discurso y de la narrativa, el cual está absolutamente dominado por la izquierda progresista, la cual crece a pasos agigantados, lamentablemente, en todo el mundo.
Esta corriente venenosa que ha logrado hacerse camino con sigilo serpentino diseñó, hace unas décadas, una circunscripción de lo que ellos mismos determinaron como políticamente correcto. A partir de ahí, atribuyeron a todos los que están dentro una superioridad moral e intelectual y, en contraposición, llamaron a quienes estamos afuera como fascistas e intolerantes.
Como somos seres gregarios, queremos imitar el comportamiento ajeno, que ya ha sido validado por la mayoría, porque tenemos un anhelo desesperado por agradar para pertenecer grupos. La recompensa de ser aceptado es mayor a la recompensa de ganar una discusión o de encontrar la verdad.
Si tenemos, entonces, un grupo que ya lleva la validación masiva de autoridades, deportistas y celebridades, todo bajo el paraguas de la tolerancia e inclusión social, es difícil para cualquier individuo buscar una alternativa distinta a este discurso. Y este grupo que, presuntamente, es tolerante, demuestra cero tolerancia con quienes están excluidos de su élite moral, porque utilizan la bandera de la democracia y de la justicia social para promover su discurso. ¿Cómo puede ser imposición ideológica un movimiento llamado “inclusivo”?
Estamos diseñados para llevarnos bien con los demás y siempre que no sabemos cómo actuar, observamos al grupo al que pertenecemos (o queremos pertenecer) para guiar nuestra conducta, nuestros valores y nuestras tradiciones. Es ahí donde gana el progresismo que se ha convertido en el nuevo dogma irrefutable de la sociedad, como si ser progresista fuera la condición innata del ser humano.
Lamentablemente, la mayoría de personas no se toman el tiempo a pensar qué siguen, sino quiénes son los líderes de opinión que defienden estas ideas. Pobres ilusos y tontos útiles que defienden el marxismo cultural disfrazado de libertad.





A riesgo de ser la única persona que piensa así entre quienes leen laabeja, me temo que en el Perú, la culpa hay que echarla al fujimorato, que con su reducción a la nada de las humanidades, y con los diarios chicha y laurabozo ha contribuido de manera notable al empobrecimiento de los habitantes de nuestra patria, además de la destrucción de la clase política, con el constante traqueteo contra los partidos políticos y que como triste herencia nos dejó la pobreza de congreso que padecemos, lo cual ha sido bien aprovechado por la caviarada que ha bajado muchísimo el listón para acceder a una curul. Es algo que quiera habitualmente escriben por estos pagos, olvidan.