
Por: José Mario Azalde León*
Los acomplejados que buscan soluciones foráneas a nuestros particulares problemas nacionales proponen ahora la búsqueda del Milei peruano. Nos recuerdan a los comunistas del siglo pasado que encontraron al “Stalin peruano” en Manuel Prado Ugarteche.
El fenómeno Milei es imposible en el Perú. No engañen a la gente. Milei es un producto argentino como el peronismo, el dulce de leche, Maradona o Borges.
Lo que los comentaristas denominan “el desenfado”, “la desfachatez” del libertario argentino, es en realidad el sano arte de decir las cosas “como son”. Pero todavía somos una sociedad pacata, hipócrita, cucufata. Por ejemplo, cuando se escucha en los programas de televisión (no importa si el conductor es un travesti o un homosexual que hace apología a la “ideología de género”), las palabras “mierda”, “hijos de puta”, “soretes” para calificar a la delincuencial clase política que nos gobierna (nuestra “casta”), los parroquianos de este burdel mediático se sonrojan. A la gente no le gusta escuchar verdades crudas y duras. Parece que en la esfera pública somos más herederos del puritanismo anglosajón que de la exuberancia latina. Somos la sociedad del eufemismo.
En nuestro país, el oligopolio mediático es gansteril en sus prácticas económicas, pero políticamente correcto en sus tabloides y pasquines.
Obviamente a mí también gustaría un Milei peruano, pero la realidad nos muestra que estamos rodeados de políticos y empresarios mercantilistas como los Acuña, los Luna Gálvez. Pero este anhelo no solo se agota en la política.
A mí me gustaría, también, por ejemplo, tener un diario como Corriere della Sera, pero tenemos lamentablemente a Perú 21. También me gustaría tener a un periodista como Pedro J. Ramírez, pero tenemos a Carlos Cabanillas. Un limitado palomilla de ventana, travieso pero pusilánime, que sufre de grave impotencia cómica: no le sale el chiste.
Cuando “palomilla de ventana” Cabanillas sostiene que Milei es más un fenómeno libertario antipolítico, es evidente que no sabe de lo que habla. Piensa que el liberalismo empieza con Hayek y se acaba en la London School of Economics – LSE (no sabe que LSE fue un centro paleocaviar fundado por los socialistas fabianos). Desliza impunemente la estupidez de que los anarcolibertarios y los comunistas son lo mismo ya que pretenden eliminar el estado (¿?). Gramsci y Rothbard buscando juntos al “hombre nuevo”.
Intenta emparentar al Marqués de Vargas Llosa con Milei, sin entender (no lo leyó) que Vargas Llosa no es un liberal austriaco, es esencialmente un berliniano. Por tanto, se equivoca, forzando en la comparación distintos momentos históricos. Milei es un Savonarola. Vargas Llosa era un Ronald Reagan culto, más preparado para gobernar un cantón suizo que nuestra triste y cobriza nación.
Dice que no hay que reducir el Estado ¿Y la descentralización? Hay que reventar el proceso de descentralización que solo generó maquinarias burocráticas regionales, corrupción y ñoquis (usando el lenguaje mileista). Hay que viajar al interior del país, Sr. Cabanillas. Vaya al sur: el Gobierno Regional de Arequipa dejó de gastar 200 millones de soles (2022), solo invirtió 11 millones para la atención de emergencias de toda la red regional de salud, excesiva ineficiencia, peligroso uso discrecional del presupuesto, misteriosos incendios para desaparecer expedientes administrativos, etc.
Lo que no se dice es que el libre mercado ya le ganó al estado. La gente no quiere estado, no quiere impuestos. El discurso de la informalidad fue superado. Los políticos se quedaron sin ideas. La clase política se encuentra en una larga agonía: tiene la obligación de reinventarse o desaparecer.
Finalmente, “palomilla de ventana” Cabanillas no posee un marco conceptual. Lo que él propone no es la aparición de un político libertario, lo que quiere (pero no lo puede conceptualizar) es un fascista: alguien que venda emociones, que no proponga razones, que nos lleve a un estado emocional (irracional) que conmocione (un estado de exultación permanente, fasces que marchen a Lima). Quiere un “pogo” pero, en realidad, estamos más cerca de tener un pogromo.
PD: Si le jode las ideas de la Coordinadora Republicana, podemos discutirlas. No es necesario el insulto vulgar. Ni viejos (hay muchos jóvenes aprendiendo de la experiencia de connotados académicos) ni lesbianos (no tenemos problema con el lesbianismo, somos más plurales de lo que usted prejuiciosamente piensa). Entiendo que manejar la ironía requiere cierta inteligencia y cultura. Le recomiendo que lea a Osvaldo Soriano o Tomás Eloy Martínez. Si no le gusta leer, puede ver el debate Vidal vs. Buckley.




