
Por: Edistio Cámere
Mafalda ve dos hombres abriendo zanjas en la calle. Intrigada les pregunta: “¿Buscando las raíces del problema nacional?”. Uno de ellos, le responde:
“No nena, un escape de gas”. Ella se retira de la escena, pensando “como siempre, lo urgente no deja tiempo para lo importante”.
El Perú está presionado y, en cierto sentido, preso por lo inmediato y lo urgente. El desconcierto y la impaciencia de la población, cansada por sometida a la inveterada practica de las promesas incumplidas, contribuyen a enrarecer aún más el clima socio-político al reclamar soluciones inmediatas. Mientras el gobierno no tome distancia de los acontecimientos y pueda distinguir entre lo central y periférico no estará en condiciones de ofrecer respuestas y propuestas que alienten mirar al mañana con esperanza.
Sobre los peruanos recae un pesad legado: creer que las leyes, porque se promulgan en democracia, tienen el poder mágico de cambiar, modificar o desarrollar el país desde el momento preciso de su promulgación. Preocupa tal vocación legalista porque termina produciendo una superestructura jurídica desgajada de la realidad y, por ello, de dudosa eficacia. Los cambios se logran sobre la base del conocimiento del entorno, de objetivos a mediano y largo plazo, de la toma de decisiones y por el trabajo sostenido en el tiempo.
La juventud está sometida a una avalancha de información virtual, escrita y auditiva que le impide discriminar lo fundamental de lo aleatorio; la sensación, del hecho específico; la interpretación ideológica, de la realidad; la inmediatez, de lo mediato; y, lo efímero, de lo duradero. Sí la información no contribuye a decantar lo que realmente pasa en el país, el joven – cuya vida es un proyecto en ciernes- percibe que aquí no tiene futuro. Esa fatal conclusión lo convierte en un transeúnte en su propia patria: su meta será migrar. Tres ideas que pueden contribuir para renovar la apuesta por el Perú.
1.- El Perú es un organismo en crecimiento, con dolencias y malestares propios de su juventud. Incompleto, quizá. Tal vez con fiebre alta por alguna infección, ¿pero todo él está enfermo y desahuciado? Una visión pesimista conduce a ese diagnóstico. Desde una perspectiva real el Perú es absolutamente viable. Quienes caen en la amargura, en el pesimismo, en el desencanto, ignoran que el Perú es aún una posibilidad (Basadre). Si nosotros los peruanos, nacidos y habitantes de este espacio geográfico, de esta nación llamada Perú, nos lamentamos de nuestra suerte, si lo criticamos con acidez, si somos incapaces de valorar lo positivo, ¿quiénes van a construirlo? Si nuestras energías abrevan en las aguas del desánimo y del pesimismo, ¿podremos sorprendernos, luego, por estar atascados en el subdesarrollo? Una percepción real del país no soslaya sus errores, sus imperfecciones, ni sus dificultades, tampoco magnifica lo positivo. Un enfoque objetivo, por el conocimiento de la realidad, supone una actitud positiva y bien dispuesta para la acción, para el cambio. La actitud es tan y algunas veces más decisiva que los meros instrumentos y estrategias para el desarrollo. Confianza, generosidad, esfuerzo, lucha, ilusión, son algunos de los ingredientes de una actitud positiva, que es la llave que abre la puerta al crecimiento nacional.
2.- Coherencia entre el actuar y el pensar. – La ética tiene que presidir todos los actos humanos. Nuestras acciones tienden afectar en uno y otro sentido a las otras personas, por tanto, no se puede actuar con violencia, por intereses mezquinos, irreflexivamente o pisoteando la dignidad del “otro”. Es tarea vital procurar ser solidarios, comunicando las capacidades y dones con miras a contribuir al bien de los demás. Esta es la manera de hacer una nación grande y próspera, pues se fortalece la relación entre los ciudadanos. Evidentemente no es fácil actuar sobre la base de criterios éticos, pero no hay otro camino más seguro que éste.
3.- Crisis de Valores. – Los jóvenes observan comportamientos encontrados en personas adultas que los justifican apelando a tal o cual valor. Por ejemplo, es común escuchar el siguiente comentario en torno a un personaje público: “ha robado, pero ha hecho obras. La corrupción campea en la política” Tal glosa deja mal parada a la honradez pues, el vivirla depende de las circunstancias, del estado de ánimo. Estamos de cara a una honradez estacional: supeditada al clima políticos. Nuestros jóvenes deben estar enterados de que a muchos valores se les han vaciado de su contenido real. El nombre es el mismo, pero significan distinto con arreglo a quien lo utiliza: amor, libertad, bien común, matrimonio, democracia, honradez, patriotismo… etc. sufren de ese mal. En efecto, si existiese unidad meridiana en la definición de los valores es muy seguro que no habría polarización, el camino a la cooperación y consenso sería menos escabroso y tortuoso.




