La columna del Director

ALBERTO DE BELAUNDE Y LA DOBLE MORAL DE LOS CAVIARES

Una vez que tomaron el poder se acabó todo. Lo que era malo con Merino era bueno con Sagasti. Llegó a la presidencia con el mismo método constitucional, aunque con menos votos, pero mientras de Belaunde con Merino fue un incendiario, un azuzador artero, cuando eligieron a Sagasti echó un lagrimón de emoción.

Por: Luciano Revoredo

Alberto de Belaunde de Cárdenas es un caviar. Anda por el mundo derramando corrección política, siempre con la palabra precisa y la sonrisa perfecta.

Siempre preocupado por los desposeídos a la par que luce despreocupadamente las coquetas preposiciones “de” en sus dos apellidos. Se diría que mientras hace la revolución desde su IPhone, piensa, parafraseando a Machado “no se ganan, se heredan, elegancia y blasón…”

Y claro, tiene la doble moral de todos los caviares. Es un promotor de la ideología de género y la homosexualidad, es más, es homosexual público, pero se mantuvo contrito y callado en el closet hasta que murió su abuelo. Se cuidó de no escandalizar al conservador patriarca, pero quiere corromper a los niños de los demás a través de la educación con  ideología de género.

Es exalumno de la PUCP, hijo de Javier de Belaunde López de Romaña ilustre abogado y socio del estudio Echecopar. Recuérdese que este estudio estuvo íntimamente ligado a Odebrecht motivo por el cual varios de sus abogados se encuentran investigados. Tema que el joven congresista Morado  nunca mencionará.

Su abuelo, el mismo que murió sin saber que su nieto era homosexual fue Javier Nicolás de Belaunde Ruiz de Somocurcio un destacado político, abogado e historiador arequipeño.

Claro que Alberto, como muchos desubicados hijos de la burguesía peruana, sintió la nostalgia de la orilla opuesta. Por algún motivo que tal vez el psicoanálisis podría resolver, opta por una posición progresista, claro que desde la comodidad que le permite su cuna. Esto lo convierte en un incoherente, pero eso no es novedad. Esa es una de las características del caviar.  Sueñan con el socialismo desde la comodidad que les provee el capitalismo. Son gays y aman al Che Guevara, un asesino en serie que los hubiera fusilado por maricones (así se expresaba el Che), son creadores compulsivos de “derechos” a la vez que odian o niegan los verdaderos derechos.

De Belaunde es el más pintado de los jóvenes caviares y sin duda también un artista de la doble moral y la incoherencia. Desde su campaña contra la reelección y a favor del cierre del congreso para luego postular impasible a la reelección hasta su última performance en la crisis política que implicó la caída del corrupto Vizcarra.

Llama la atención por ejemplo su permanente prédica en contra de la corrupción, pero su silencio frente a las denuncias de las que han sido objeto su pariente Augusto Rey o su amiga Paola Ugaz, o su voto en contra de vacar a un corrupto como Vizcarra. Todo esto siempre, claro está, con el mayor gesto de corrección.

Pero ahora tiene una deuda con el Perú y la democracia. Conspiró y fue parte activa de la caída del régimen constitucional de Merino. Lo acusó de las muertes de los manifestantes y nos contó el cuento de los desaparecidos.

De Belaunde fue uno de los agentes que se prestaron a la conspiración para tumbar el gobierno absolutamente constitucional y legal de Merino, fue uno de los que votaron contra la vacancia de Vizcarra, fue uno de los que azuzaron a la gente a salir a las calles para derrocar al gobierno sólo porque no le gustaba, sin ninguna otra razón. Hasta la edad de Flores Aráoz era un motivo de protesta.

Es así que una masa de aborregados jóvenes y no tan jóvenes tomaron las calles en perfecta sintonía con agitadores, delincuentes y todo tipo de lumpen. Claro está que estas manifestaciones cuestan una fortuna a algún anónimo financista. Es ahí que la caviarada introduce otra de sus falacias, empiezan a hablar de la legitimidad de la calle. O sea, ni la ley, ni la constitución, ni el estado de derecho, ni el voto popular. Basta una algarada, una revuelta, una turbamulta bien financiada para reclamar la legitimidad o ilegitimidad de un gobierno ¡Faltaba más! ¡La calle manda! Ese es el jacobinismo caviar que nos lleva a pasos agigantados a la anarquía.

Entonces presionaron, incendiaron, promovieron la violencia, para eso había un lumpen bien aceitado y no pararon hasta tener un par de muertos. La vieja táctica comunista de buscar un mártir. Pues acá tuvieron dos. Tanto mejor. Entonces Albertito tuiteaba horrorizado y Gino Costa retuiteaba.

Pero dos muertos no bastaban, inventaron entonces el cuento de los desaparecidos. Desaparecidos que no fueron reales y que fueron apareciendo todos y cada uno. Pero ya Gino Costa, el propio Sagasti, de Belaunde y Olivares, lo más selecto de la caviarada habían montado todo el tinglado de los desaparecidos para luego golpear a la policía. Cuando fueron apareciendo no hubo una rectificación, ni una disculpa. Sagasti acabó de presidente, Gino Costa miró para otro lado, de Belaunde se calló y Olivares se hizo humo, nunca mejor usada esta expresión.

Está claro que nunca pidieron una disculpa por toda esta infamia. Una vez que tomaron el poder se acabó todo. Lo que era malo con Merino era bueno con Sagasti. Llegó a la presidencia con el mismo método constitucional, aunque con menos votos, pero mientras de Belaunde con Merino fue un incendiario, un azuzador artero, cuando eligieron a Sagasti echó un lagrimón de emoción. Sagasti tiene casi la edad de Ántero, pero eso no importa. Ya nada importa.

Lamentablemente los caviares han abierto una caja de Pandora y el futuro es incierto. Sagasti ha demostrado que no tiene manejo, Vizcarra como buen delincuente se está reinventando alejado del desgaste del poder y ahora la calle se está calentando de nuevo. Otra vez hay muertos en las protestas, pero esos son otros muertos, no importa, son de provincias, no son útiles para el doble discurso. Entonces nadie dice nada. De Belaunde por el mismo motivo pedía la renuncia de Merino y hablaba de barbarie.

 

Con Sagasti no. Se pide investigación, es muy modosito…

Esa es la realidad de Alberto de Belaunde. Esa es la doble moral de los caviares

2 Comentarios

  1. FACE, no me deja compartir por que según dice, este artículo ha sido denunciado como ofensivo por otras personas. Decir la verdad es ofensivo? Desde cuando? Igual me ha suspendido 30 días por decir a guzmán llorón y cobarde
    Una pena face.

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