
Por: María Ximena Rondón
El 22 de septiembre se celebra el “Día del Hobbit” ya que, según los libros de J.R.R Tolkien, es el cumpleaños de Bilbo y Frodo Bolsón, personajes muy importantes para la “salvación” de la Tierra Media.
Esta celebración fue instaurada por la Sociedad Americana de Tolkien en 1978.
Cuando pensamos en los hobbits, se nos viene a la mente la bucólica vida en La Comarca, en la comida deliciosa y en las comodidades. Incluso, esa música puede sonar en nuestra memoria.
Sí, pensamos en una vida tranquila y en el puñado de hobbits que emprendieron una aventura para llevar a la maldad contenida en un anillo para destruirlo en El Monte del Destino.
Estos medianos nos dejan lecciones para la vida cotidiana, pues cada uno está recorriendo su camino hacia El Monte del Destino de su vida.
Al final la primera película del Hobbit, dirigida por Peter Jackson, tras un gesto de valor de Bilbo, Gandalf dice que “son los pequeños actos buenos los que mantienen a raya a la maldad”.
Al final de Las Dos Torres, Sam le dice a Frodo que vale la pena luchar por la bondad que queda en el mundo y con ello lo motiva a seguir su camino hacia Mordor.
Todo este mensaje se reduce a la vida cotidiana, a cada paso que uno da. Quizás, no estemos prestando atención a los actos que realizamos a diario y después nos preguntamos porqué nos pasa esto y aquello.
O nos preguntamos por qué hay tanto mal en el mundo y vemos ese mal como una realidad prácticamente inmutable y lejana.
Incluso, pensamos que los actos buenos que mantienen a raya a la maldad son propios de las personas extraordinarias y no a nosotros, que quizás hemos cometido muchos errores y tenemos muchos problemas.
Si así fuera, nuestro querido profesor Tolkien no habría desarrollado ese tema en su obra. A través de los hobbits, él nos invita a realizar pequeños actos de bondad en la vida cotidiana para construir un mundo mejor. Cada acción pequeña es una base para una situación gigante que puede afectar a la propia humanidad.
Es fácil pensar que otros pueden hacer el bien y cambiar el mundo, lo difícil es que siendo gente de a pie tratemos de hacerlo.
El mundo puede ser un lugar mejor si nos lo proponemos. Por ejemplo: en vez de pagarle una coima al policía, asumamos nuestra responsabilidad y aceptemos la multa correspondiente. Con ese acto, hay un corrupto menos: tú. Hay que saludar y agradecer a quienes nos brindan un servicio como el chofer del autobús o a quien nos abre la puerta. Con esas palabras, esas personas saben que son importantes para alguien y se sienten bien tratadas.
Cada acto cuenta, solo que a veces no somos conscientes de ello. Es por eso que con ocasión del “Día del Hobbit”, debemos tomar un mayor control de nuestra vida y derrotar a la maldad con buenas acciones cotidianas. Todos podemos convertirnos en esos héroes a los que admiramos. Seremos héroes reales. Vivamos como un hobbit. Vale la pena.





