La columna del Director

LA CRISIS DE VIZCARRA

Por: Luciano Revoredo

A la crisis económica y sanitaria se suma ahora la más profunda crisis política. Situación que tiene un solo y gran responsable: Martín Vizcarra. Su adicción a las encuestas que lo llevó a prácticas populistas y a generar enfrentamientos con todos los actores políticos a la par que copaba las instituciones. Su desmedido afán de poder. Su política de garrotazos y la búsqueda de una popularidad fácil y abyecta lo han llevado y con él al país al borde de un abismo.

Ahora que su política confrontacional y errática se ha convertido en una bomba que le ha estallado en la cara, vuelve a la victimización, pero sin dejar de lado el enfrentamiento. Es decir, quiere apagar un incendio echando gasolina al fuego.

Nuevamente pretende usar el viejo recurso de ponerse de lado de una población supuestamente traicionada, a la que él representa. Ese papel ya está muy desgastado y muy pocos le creen.

Pedro Cateriano, un hombre seriamente cuestionado por su oscura labor en el corrupto gobierno de Humala, por su participación en compras discutidas y por haber hecho del odio su modus operandi como político, encarna el último error de Vizcarra.

Después de dos años de gobernar con y para la izquierda, de haberlos empoderado a través de sus políticas educativas, de haber jugado al antiminero, de haber impulsado la perversa ideología de género, de haber orquestado un referéndum al más puro estilo chavista, a la vez que imponía reformas a la medida de los extravíos progresistas y haber mantenido a un  incapaz velasquista como Zeballos como primer ministro y al comunista Zamora a costa de miles de vidas en el MINSA, la izquierda que él alimento durante todo ese tiempo, jamás le permitiría un giro hacia el liberalismo con un gabinete como el que pretendió formar con Cateriano.

El congreso que él mismo formó, luego del golpe de estado de setiembre del año pasado, nunca le fue fiel. Todas las rondas de conversaciones con las bancadas han sido parte de una coreografía tan falsa como la democracia que dice encarnar Vizcarra. El congreso está atomizado al extremo que ni en las mismas bancadas existe homogeneidad. Y era de esperar que suceda lo que ha sucedido.

Cateriano y su gabinete llegaron llenos de soberbia, con la venda de la autosuficiencia en los ojos. Un discurso lleno de cifras sin sustento, promesas irrealizables y alejado de la realidad, cuando debió empezar por un claro mea culpa. Obviamente esto terminó con un Cateriano y compañía zarandeados por una realidad que desconocían o que se negaban a reconocer.

El congreso cerrado el año pasado por obstruccionista le había dado la confianza a Villanueva, a del Solar y sin duda se la daría a Zeballos si no hubiera ocurrido el golpe de estado. Esa es la paradoja. La izquierda que sólo persigue o el poder o la destrucción optó por negarla, mordiendo la mano de su imprudente socio. Se sumaron otras bancadas y el resultado fue que el gabinete Cateriano pasará a la historia de lo efímero. Este ha de ser por lo demás el fin de la carrera política de tan sobredimensionado como insignificante politicastro, que sale de la escena política por la puerta falsa.

Ante esto Vizcarra, lejos de asumir una posición autocrítica, una vez más retoma su posición de confrontación. Las redes están llenas de post que piden su vacancia, la gente ya no quiere más enfrentamientos, solo “su” prensa cual plañidera a sueldo sigue alentando los malabares y palos de ciego del golpista. Así vemos una Rosa María Palacios que le sugiere jugar al carrusel y rotar los mismos ministros. Jugada que lo llevaría a otro fracaso y que sólo es posible por lo obsecuencia de un Tribunal Constitucional que permitió ese cambio, ya que antes había que cambiar a todo el gabinete.

Por eso lo hemos visto infatuado, en un mensaje a la nación en que dice que aceptará la decisión del Congreso de la República, como si tuviese otra opción. Diciendo que ya ha demostrado que puede hacerle frente a la adversidad.

Para luego añadir que “(…) el Primer Ministro se presentó ante el Congreso para pedir el voto de confianza. Confianza que necesitamos para que los efectos de la crisis afecten lo menos posible a millones de peruanas y peruanos. Días previos a la presentación del gabinete, todas las bancadas mostraron su disposición para trabajar juntos por el Perú, Lastimosamente, dicha disposición solo quedó en palabras, ya que los votos obtenidos esta madrugada evidenciaron lo contrario. Para la mayoría de nuestros representantes priman los intereses personales por sobre los de la nación. Ha sido la mala política la que buscó frustrar el referéndum. Hoy, esos métodos han vuelto a manifestarse de manera abierta y desafiante. Pero no ante el gobierno, sino ante la nación, que en estas circunstancias tan difíciles reclama madurez y responsabilidad. El Congreso decidió agregar otra crisis política más en perjuicio de todos. La política no puede ser un obstáculo para la marcha del país”.

¿De qué mala política habla Vizcarra? ¿Quiénes que quisieron frustrar su referéndum mueven ahora los hilos del congreso? Sólo fuerzas oscuras y poderosas que anidan en su afiebrada mente. Es por eso que añadió: “Ayer, mientras los congresistas nos mostraban públicamente su desacuerdo con la política del gobierno, sin decirlo hacían prevalecer exigencias particulares. (…) El cálculo político no será aceptado. Los acomodos bajo intereses particulares no nos harán retroceder. Seguiremos impulsando la reforma universitaria”.

¿De qué intereses particulares habla? ¿Qué acomodos bajo intereses particulares conoce? ¿Por qué se centra en la reforma universitaria? Como ocupante de la Presidencia de la República no puede callar. Si existen presiones y chantajes para beneficios particulares es su deber denunciarlos con nombre propio. De lo contrario entra al juego que él mismo está denunciando. Pero no lo hará, porque ese es su estilo, la denuncia en el aire, la búsqueda de cabezas de turco que carguen con el odio de todos. Ya lo dice el profesor Iñaki Piñuel en este texto que parece advertirnos de los peligros que se ciernen sobre el Perú: “Y es algo peligroso porque al terminar la crisis, cuando se necesitaría un estilo de liderazgo con ilusión, entonces ellos no se van, sino que se quedan en la cúspide del poder. Para ello, siempre utilizan el mismo recurso, el del chivo expiatorio: crean crisis artificiales, enemigos internos o externos o teorías del complot para perpetuarse en el poder”

Eso ha de ocupar la mente de Vizcarra ahora, en la soledad del que no tiene partido, ni lealtades, ha de estar en palacio rumiando su derrota. Tal vez pensando en los molinos de viento que se ha creado, pensando en la próxima movida en ese ajedrez devaluado al que lo han conducido la mitomanía y la ambición.

 

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