
Por: Luciano Revoredo
Las jornadas electorales suelen ser la máxima expresión de la soberanía popular; sin embargo, en el Perú, el proceso ha mutado hacia un escenario fraudulento y vergonzoso. Lo ocurrido en Lima, bastión electoral de Renovación Popular, no puede leerse como una simple negligencia administrativa de la ONPE. Estamos ante la implementación de un “Fraude logístico”, una táctica que busca alterar el resultado sin manipular necesariamente el acta, sino asfixiando la participación en puntos estratégicos.
La demora sistemática en la instalación de mesas, reportada masivamente en distritos de Lima, responde a una técnica de desmovilización utilizada históricamente por regímenes que simulan democracia. Al impedir que el ciudadano vote en las primeras horas, se genera un cuello de botella que produce diversos efectos y consecuencias en la votación. Lo más evidente es que el electorado con obligaciones laborales o familiares abandona la fila tras horas de inactividad, está muy claro que el perfil del votante que asiste a las 8:00 a.m. difiere del que asiste a las 4:00 p.m.; retrasar la apertura es, por definición, una manipulación del flujo demográfico del sufragio, generalmente en las primeras horas asisten los votantes de mayor edad, es decir los segmentos más conservadores.
Por otro lado, la falta de kits electorales paralizó el proceso incluso con miembros de mesa presentes, creando un vacío que distorsiona el proceso. Nada más notable que el hecho inédito que se ha producido de que se siga votando el día lunes. Es notorio que todo este caos perfectamente montado era para perjudicar la votación de Rafael López Aliaga.
No hay que dejar de resaltar la innegable influencia de modelos autoritarios. Informes internacionales detallan cómo la Venezuela chavista, por ejemplo, ha perfeccionado la “legitimación del fraude” mediante el control operativo y la propaganda. En el Perú, la gestión de Piero Corvetto en la ONPE ha sido cuestionada bajo la premisa de que la “ineficiencia” es, en realidad, una herramienta de control. El precedente del 2021, donde se polarizó al país entre un radicalismo de izquierda y una oposición de derecha populista, parece estarse repitiendo con la figura de Sánchez (candidato de la izquierda radical con vínculos extremistas) frente a la fragmentación inducida por encuestas. Es imperativo que Corvetto sea separado del cargo y afronte un proceso penal por sus crímenes contra la democracia y la voluntad popular.
Tal vez el aspecto más positivo de esta crisis es la depuración natural del ecosistema partidario. La inminente desaparición de organizaciones como Alianza para el Progreso y Podemos Perú marca el fin de una era de “mercantilismo político”. Es imperativo recordar que figuras como José Luna Gálvez que enfrenta pedidos de hasta 22 años de prisión por presuntamente liderar la organización “Los Gángsters de la Política”, acusada precisamente de infiltrar organismos electorales como la ONPE para fines criminales, deben extinguirse en el terreno político. Otro caso notable de depuración es la desaparición del deplorable partido de César Acuña. La justicia, aunque lenta, parece estar cerrando el paso a quienes ven el Estado como una caja registradora.
La retórica del fraude, cuando se sustenta en irregularidades procesales sistémicas, erosiona la confianza institucional y radicaliza el escenario.
El Perú se encuentra en un punto de no retorno. O se respeta la voluntad popular expresada en las urnas, o se acepta que la logística ha sido secuestrada para garantizar la supervivencia de una élite burocrática y corrupta. La segunda vuelta no se define hoy solo con votos, sino con la vigilancia implacable de cada acta frente a una maquinaria que ha demostrado ser experta en el arte del sabotaje silencioso.






Alguien puede explicar porque antes un sociologo y ahora un periodista, ambos con doctorados en ciencia política y no un ingeniero o un estadístico o un contador son jefes de onpe? No se busca al parecer el perfil técnico sino el político. Basta, eso no pasaba ni al fin del peor gobierno democrático peruano, el de Alan, en esa época, se lleva tampones, frascos de tinta para el dedo, sellos para la libreta electoral, y todo llegaba a tiempo. Puedo creer que a Santa Rosa de Yavarí, se demoren, pero a San Juan de Miraflores jamás, hay gato encerrado. La gente no es tonta. No debemos olvidar el 12 de abril de 2026, sino que debemos recordarlo, el día de la peor vergüenza.