La columna del Director

EL ARZOBISPO DE LIMA Y SU PERCEPCIÓN DE LA REALIDAD

Por: Luciano Revoredo

Hoy 28 de Julio, el Perú celebra el aniversario de su independencia. En tal fecha el arzobispo tiene un momento protagónico en la celebración de la Misa Te Deum. Tradicionalmente el mensaje pastoral intenta iluminar el devenir de la república con la propuesta de la doctrina católica. Podemos sintetizar su mensaje con estos tres pensamientos expresados en su homilía:

[Se debe] “ejercer su función con vocación genuina de servicio, ética y compromiso con el pueblo”; solo quien recuerda el amor maternal puede llenar de alegría liberadora a su pueblo”, señaló, al criticar a quienes gobiernan “como simples funcionarios, llenos de criterios superficiales y frívolos” y también citó al prócer Francisco Xavier de Luna Pizarro, quien advertía que “las mejores formas de gobierno se corrompen con seres envilecidos”, y que la probidad era la virtud más esencial de un representante.

Este conjunto de expresiones revela que Carlos Castillo, no sólo ha perdido contacto con la realidad teológica de la Iglesia Católica. En efecto, no hay ni una sola fundamentación en ninguna escuela teológica o en magisterio permanente para su pretendido mensaje.

Cree que el bienestar social simplemente se garantiza con la ética personal de los agentes sociales y ha ignorado el sentido permanente del reinado social de Cristo.  Por lo visto, el cardenal ignora que la Iglesia propone principios operativos claros en la permanente doctrina. Pero igualmente, parece que su inclinación hacia le vertiente marxista de la Teología de la Liberación, sólo le lleva a limitar el fin de toda institución humana en la “alegría del pueblo”. Nada más frívolo para un mensaje de un pastor de la Iglesia.

Pero su falta de perspectiva teológica se hace más evidente cuando contradice sus mismos deficientes enunciados con la conducta propia. Hoy día a nadie se le oculta la grave corrupción con la que él mismo ha infestado la curia arzobispal y en la arquidiócesis en su conjunto. Hace unos días recibíamos desde el extranjero, vía el periódico digital “The Pillar”, la descripción probada del despilfarro de los bienes eclesiásticos en formas de emolumentos injustificados para sus aduladores a sueldo.

La corrupción financiera según informes, tendría proporciones gigantescas. De ser así y si él fuera un gobernante de la nación no nos cabe duda de que habría un inquilino más en Barbadillo. Esto escandaliza mucho a los fieles, a los que él llamaría “el pueblo”.  Nada de esto hace un pueblo alegre contemplando como el “óbolo de la viuda” o “el perfume de Magdalena” se despilfarran no en la cacareada ayuda a los pobres, ni el culto divino sino en aduladores a sueldo para el apuntalamiento del patrón, que no pastor.

No es extraño que exreligiosas hoy desplieguen el lujo de autos Lexus, con valores mayores a 40 mil dólares mientras hacen una teología para los pobres como es el caso de Milagros Revilla Izquierdo, exmonja, ahora convertida de facto en “vicaria judicial”.  Este sólo es un ejemplo de muchos, nos podríamos detener en el caso de un personaje muy cuestionado internacionalmente como es el caso de Manel Riera Cunill, a quien infovaticana le dedicó un titular hace varios meses; pero hay un motivo de mucha más alarma que eso:

Es el caso de una religiosa de clausura de Lima. Esta religiosa fue vilmente abusada por un sacerdote quien fungía para el monasterio de ella como, al menos director espiritual, tal vez incluso confesor.

Este mal elemento abusó de la candidez propia de este tipo de consagradas. Poco a poco la sedujo hasta hacerla blanco de sus invectivas sicalípticas y mezclar la dirección espiritual con sus desahogos eróticos. La religiosa tras una lucha dura con su vida interior puso en conocimiento del arzobispo Carlos Castillo Mattasoglio el delito. Para desgracia de la religiosa el Carlos Castillo contaba con el victimario como uno de sus serviles aduladores. ¿Cuál fue su respuesta? La más perversa posible: Enviar a dos esbirros a amenazar y reprimir a la víctima y al mismo tiempo encubrir al victimario.

Los dos lacayos enviados a amordazar a la monja contemplativa fueron nada más y nada menos que dos miembros prominentes del Tribunal Interdiocesano de Lima, a saber: el sacerdote Jorge López, entonces el juez más elevado, a la sazón Vicario Judicial y a otro juez eclesiástico el P. Edwin Limas. Ambos, de modo inhumano y vil obligaron a la religiosa a firmar un acta contra sí misma.

Hay testigos de esto y también pruebas documentales irrebatibles. La religiosa se valió de un canonista quien se comunicó con el arzobispo para reestablecer el camino de la justicia. Todo esfuerzo fue vano. El canonista fue perseguido y acosado por Castillo y otros obispos por tratar de hacer efectivo el derecho canónico (dígase de paso que sólo actualmente tiene como función asegurar el poder episcopal y no se puede ya considerar como un sistema jurídico civilizado).  El victimario seguía de párroco y profesor prominente de la Facultad de Teología y la victima reprimida y con su vida religiosa truncada: “por encargo del señor arzobispo”, otro malhechor curial: Juan José Salaverry, le comunicaba víctima que su caso estaba archivado y se le prohibía cualquier posibilidad de ser abadesa.

Como se puede observar este arzobispo tiene un contacto muy tenue con la realidad o mejor, parece que es un contacto nulo. Llama a la rectitud ética a los líderes cívicos, cuando su propio gobierno pastoral es más bien un desgobierno supuroso y maloliente por donde se lo vea.

Es deficiente teológicamente; pero más moralmente.  Pero ha tenido la cara dura de anunciar que León XIV, el cachorrito lindo, como lo llama él, le ha asegurado cinco años más en la sede limense. Tal riesgo público no lo tomaría nadie que no esté muy seguro de que no será desmentido por los hechos y que en unos meses quedaría en vergüenza con un próximo relevo. De ser así no cabe duda que tiene a Prevost, su antiguo despreciado colega en la conferencia episcopal, a quien apodaba “el yanqui”, controlado de algún modo. Para esto sí que Castillo es muy ingenioso y diestro. Ojalá lo hubiera sido como pastor y ejemplo de las virtudes cristianas, o al menos de ética como lo recomienda a otros.

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