
Por: Luciano Revoredo
En un giro que redefine el rumbo político del Perú, la presidente Dina Boluarte ha anunciado hoy, 25 de marzo de 2025, la convocatoria a elecciones generales, un movimiento que no solo consolida el proceso democrático, sino que también blinda su mandato frente a las persistentes amenazas de vacancia que han acechado su gestión.
Este paso, tomado dentro del plazo constitucional que culmina el 12 de abril, asegura que Boluarte permanezca en el cargo hasta el 28 de julio de 2026, fecha en que entregará el poder a su sucesor. Más allá de las críticas a su administración, esta decisión frustra los planes de quienes, desde ciertos sectores vinculados al medio “caviar”, buscaban su destitución, un escenario que habría sumido al país en un indeseado vacío de poder.
Desde que asumió la presidencia en diciembre de 2022 tras la destitución de Pedro Castillo, Boluarte ha navegado en aguas turbulentas. Su gobierno, marcado por una aprobación históricamente baja y acusaciones que van desde presunta corrupción hasta el manejo represivo de protestas, ha sido un blanco constante de propuestas de vacancia. Sin embargo, la convocatoria a elecciones generales —un acto que la Constitución peruana protege de interrupciones por vacancia una vez realizado— representa un jaque mate a las estrategias de sus detractores. Estos, asociados con una izquierda “caviar”, han venido tramando una conspiración para derrocarla, no tanto por principios democráticos, sino por intereses políticos y venganzas ideológicas tras el colapso del proyecto de Castillo y para tomar el control de las próximas elecciones. En este caos, el vacío de poder no sería solo administrativo, sino también moral: una sociedad agotada por la desconfianza en sus líderes habría visto confirmados sus peores temores.
La importancia de esta convocatoria trasciende el mero cumplimiento de un deber constitucional. En un país donde la inestabilidad política ha sido la norma —con seis presidentes en seis años antes de Boluarte—, garantizar la continuidad del mandato hasta el traspaso ordenado del poder es un logro que no debe subestimarse.
La narrativa de una “conspiración caviar” no es nueva. Sus críticos sostienen que detrás de las mociones de vacancia había un esfuerzo coordinado por sectores progresistas, algunos ligados a ONG y agendas internacionales, para reinstaurar una influencia perdida tras el fracaso de Castillo. Sin embargo, con las elecciones ahora en marcha, ese plan se desvanece. Boluarte, consciente o no del simbolismo, ha usado la herramienta democrática para proteger la democracia misma, demostrando que incluso en medio de la adversidad, el sistema puede sostenerse si se respetan sus reglas. Esto no la absuelve de las investigaciones en su contra, el caso Rolex y las acusaciones sobre “Los Waykis en la Sombra” seguirán su curso.
El 28 de julio de 2026, cuando Boluarte deje el Palacio de Gobierno, el Perú habrá evadido un precipicio. La vacancia, de haber ocurrido, no habría sido una solución, sino una chispa en un polvorín.
Hoy, con las elecciones convocadas, el país tiene una ruta clara hacia adelante, imperfecta pero estable.






Estás subestimando la fuerza caviar. Acuérdate lo que le hicieron a Merino, la salida constitucional a la vacancia de Vizcarra, una vejación al estado de derecho auspiciado y apoyado por la prensa, especialmente televisiva.
Lo que le hicieron a Merino, no lo han podido replicar con Boluarte, no con 80 muertos, en esa época del corona, cuando el sobrevalorado huerta decía que no había riesgo de contagio su se iba a las marchas, dos muertos bien manejados fueron suficientes, pero ahora que cada peruano estaba a lo suyo no lo han podido replicar. No cabe duda que los asesores de Boluarte, han medido bien y tiene la prudencia necesaria, son medio bestias comunicativamente, pero políticamente, han demostrado un buen manejo, han estado un paso adelante son buenos estrategas, ahora quien diga vacancia se arriesga a ser tachado de antidemocrático o de enemigo de la democracia. Bien jugado! Así se dan un respiro.