
Por: Luciano Revoredo
En la reciente controversia que envuelve a Luis Pacheco Mandujano, es importante abordar los hechos con claridad y objetividad. Pacheco Mandujano es un abogado conocido por su defensa de los derechos civiles, su compromiso con la justicia y posiciones muy firmes en la batalla cultural y que obviamente es tratado como un hombre de extrema derecha y un intolerante por el pasquín de Mohme y por la izquierda fracasada y corrupta. Ahora se enfrenta a una querella presentada por supuestas acusaciones sin fundamento contra el factótum de la caviarada Gustavo Gorriti .
La acusación pide 2 años y 4 meses de prisión y una reparación civil de S/400.000. Ante esto es imperativo recordar que el derecho a la crítica, incluso la más dura, es un pilar fundamental de cualquier democracia. Nadie puede ser perseguido por sus opiniones.
La persecución legal contra Pacheco parece más un intento de silenciar voces críticas que una búsqueda de justicia. Este acto refleja una tendencia preocupante de utilizar el sistema judicial para intimidar a aquellos que se atreven a cuestionar o criticar a figuras públicas o entidades poderosas. La justicia no debe ser un arma de doble filo, donde se protege a unos mientras se persigue a otros por sus ideas.
No cabe duda que existe una “mafia caviar” conformada por una parte de la élite política y judicial que ejerce presión e impone un establishment a partir de conceptos antojadizos e ideológicos y que en este momento se ha activado para demoler a Pacheco Mandujano. Este contexto resalta la necesidad de una reflexión crítica sobre cómo se manejan los procesos legales en Perú, especialmente cuando se trata de figuras públicas.
La doble moral de la izquierda en el Perú es un fenómeno que merece ser expuesto. Esta élite progresista, que se autoproclama defensora de los derechos humanos y la justicia social, parece olvidar estos principios cuando se trata de proteger sus propios intereses. Es especialmente irónico ver a estas figuras, que pregonan la igualdad y la transparencia, involucrándose en prácticas que buscan silenciar y marginar a aquellos que no comparten su visión del mundo.
La persecución legal contra Pacheco Mandujano ilustra claramente este punto, donde la crítica se convierte en un delito, y la justicia se utiliza como un instrumento de opresión en lugar de un bastión de la verdad. Esta hipocresía no solo corroe la credibilidad de la izquierda caviar, sino que también deshonra los ideales de justicia, equidad y libertad que pretenden hipócritamente representar.
En la era de la información, donde la verdad a menudo se ve oscurecida por intereses particulares, es vital defender a aquellos que, como Luis Pacheco Mandujano, se arriesgan a hablar sin tapujos. La libertad de expresión no debe ser solo un derecho, sino un deber hacia la sociedad, asegurando que las voces disidentes, aunque incómodas para algunos, formen parte del debate público.





