
Por Francis W. Butters
¡Hoy respiro mejor y con más calma! ¡He recibido el mejor consuelo de la década!
Hoy escuché al ex procurador José Ugaz, decir en una entrevista que: “¡Podríamos estar peor!”. ¡Podríamos ser como Somalia, Sudán del Sur, o Haití!
Vaya que suerte que Lima no es Mogadishu, Juba, o Port Au Prince. En Mogadishu no canta Luis Miguel, en Juba no juega ni Paolo, y en Port Au Prince, veintiocho sicarios colombianos asesinaron al Presidente Jovenel Moïse, en su residencia, mucho antes de que seis sicarios colombianos de los carteles de la droga asesinaran al candidato a la presidencia del Ecuador, Fernando Villavicencio. Será por eso que Dína Hercilia tiene hasta a los comisarios de guardia en la suya.
El problema con este “chiste” (y me refiero al que sin intención contó Ugaz, que en la misma entrevista se reconoce a sí mismo como “caviar clásico”), es que parece estar conforme con la idea de vivir al borde del precipicio. Algo que es como vivir en medio de una quebrada aluvial ( bastante común en el Perú), así que lo que nos separa de la destrucción y la ruina, es tan sencillo como la acumulación de unas cuantas gotas de agua, las suficientes para un embalse, un huaiquito pues, un fenómeno del niño; un “mocoso” travieso que se nos cruce y todo se va a la m.
En el Perú de hoy, tanto la izquierda como la derecha pareciera que confían demasiado en el azar. En que “la suerte”, más que “la fuerza”, los acompañe, si revisamos un poco las cifras que nos proporciona la historia reciente y pasada, veremos que en las últimas elecciones generales en el Perú, la diferencia entre los dos que pasaron a la segunda vuelta fue de más o menos 44,000 votos; de una población aproximada de 34 millones de peruanos. Es decir que, el 1.49% de la población decidió efectivamente con su apatía, que no le importaba si viviría en un país en que vendría a cantar Luis Miguel, o alguien como el señor de la Guerra somalí, Mohamed Farrah Aidid, en su versión etno-nacionalista, léase Antauro Humala Tasso, llegue a fumarse o no un porro del tamaño de un Bolivar Torpedo, sentado en su sillón en el Salón Dorado de Palacio de Gobierno.
Comparemos un poco las cifras recientes con aquellas de otra circunstancia dramática de nuestra historia, la Guerra con Chile. La población peruana del último censo antes de la guerra, se calculó en 2’487,916. Las bajas peruanas en la guerra se calcularon entre 4,000 y 10,000 personas, un total de 0.4% de la población dio la vida por el Perú. Parece que el Perú estuviera acostumbrado a que las minorías decidan su destino.
Dije alguna vez que en el Perú, la opción ha sido entre la caca y el veneno. Frente a esa disyuntiva, el caviarismo, social confuso y superfluo, le ha huido a la “pestilencia”, prefiriendo el veneno.
No es que no se pueda conversar con una izquierda madura y responsable, el problema está, en que esa madurez y responsabilidad, les es a la mayoría esquiva.
Recién veo que algunos están empezando a reaccionar y a darse cuenta que Baquedano es más peligroso que Piérola. En política, es tan o más importante que saber quiénes son tus amigos, el saber quiénes y cuándo son tus enemigos.
Aparentemente ninguna de las dos condiciones es permanente, pero ninguno de los extremos de un país polarizado parece darse cuenta.
El Perú es un país de frivolidades, de enconos y antagonismos suicidas, que como dicen los gringos, son “controlling”, o sea, dominantes. Estas frivolidades-enconos -antagonismos, pre-existen, permanecen y persisten; a pesar de que las “ideas” de algunos les hagan creer que “el pueblo” es su nuevo hogar y destino.
Otro problema a considerar, es que esos votos y la maquinaria mediática que asiste a este caviarismo, son necesarios para que el desastre del último proceso electoral no se repita. A eso hay que añadirle que la vitamina favorita del anti, no tiene nada mejor que hacer que ventilar sus preeminencias familiares y políticas, a la luz del día y en cadena nacional, tanque de oxígeno incluido..
A pesar de lo dicho, parece que en los últimos días son varios los pensantes que han empezado a entretener la idea de que no basta con tener soluciones aisladas, hay que ponerse a conversar sobre temas y acciones concretos . Azabache, De Althaus, Álvarez-Rodrich están no solo escribiendo al respecto, sino que están haciendo sus rondas por los medios, sembrando ideas que sirvan de caldo de cultivo para la reproducción de sus células madre.
Creo que son varios los detonantes de esta nueva racionalidad. Uno de ellos ha sido la cosecha reciente de la prédica y promesas de Rafael López Aliaga, que ya entregó parte de las motocicletas que prometió en la campaña; seguramente la primera compra de la década sin coimas. Así como el alto al cobro de peajes leoninos a uno de los sectores más pobres de la ciudad.
Otro factor, ha sido la desnudez de los nexos entre alguna prensa y una fiscalía tan sesgada como incompetente. Los contubernios entre un equipo especial que no ha podido mostrar un solo condenado de importancia en todos sus años de funcionamiento.
Tan evidente es el sesgo de los fiscales, que el ex procurador César Azabache admite en su video columna en La República, que el “grave error de la fiscalía, fue apostar poner el centro de su energía institucional en la parte en la que se refería a fondos de Odebretch usados en campañas políticas, y no en esa parte mucha más clara y fácil de explicar, que se refiere a los fondos que Odebretch pagó en casos como los de Toledo, Susana Villarán o Metro de Lima, o la Via Expresa del Callao”. De Althaus, propone su versión de “Que se vayan todos”, y de la finalización de los casos contra los partidos políticos, como la rama de olivo que siembre el inicio de un acuerdo base. Álvarez-Rodrich, a pesar de defender los “métodos periodísticos”, responsabiliza directamente a los fiscales estrella por politizar la justicia.
Hay más de uno que no “cree” como Azabache, que se trate de un “error”, así que creo que las mentes se irán abriendo en forma directamente proporcional a cómo se vayan cayendo los casos de dos falsos valores que ya sea por error, omisión o intencionalmente, están causando que el tren que los llevó a la fama, se descarrile un poco cada día. En cualquier caso, no ha sido la suerte, o la falta de ella quien ha empezado a generar estos resultados, ha sido la persistencia. Hay por tanto que seguir preocupados y preocupándose!
El Perú no puede confiarle sus destinos al triunvirato del Mago de Oz, el Espantapájaros sin cerebro, el León cobarde y el Hombre de Hojalata sin corazón, todos rodeando a Dorothy (Dina Hercilia), con sus zapatos rojos, no se da cuenta que ya no está más en Kansas.





¿No le parece algo fuera de lugar, aquello de “entretener la idea”? ¿No tiene acaso el castellano, expresiones equivalentes? Y la solución no puede pasar por los medios que se someten a gym o pagados por odebrecht, ni tampoco los que han sido caja de resonancia del idl. O sea ninguno.