
Por: Luciano Revoredo
El caviar es una categoría política dentro de las izquierdas. En un intento por definir brevemente a esta especie de la izquierda podríamos decir que son aquellos que han nacido o han llegado a las élites, pero desde esa posición de privilegio que se resisten a abandonar, adoptan posiciones progresistas.
Su denominación procede de Francia donde a esta especie de progresistas se le llamó gauche caviar, para definirlos a partir de su inconsecuencia e incoherencia. En Alemania son conocidos como la toskaner fraktion; en Inglaterra es la champagne left y en Estados Unidos son los 5th. Avenue liberals. En el Perú se adoptó y tradujo la versión francesa.
El buen caviar reúne todos los estereotipos ideológicos de la izquierda pero que no vive de acuerdo con estas ideas. Esa actitud ambivalente le genera el desprecio de la derecha conservadora y de la izquierda consecuente.
En el Perú siempre hubo algunos rebeldes que desde sus posiciones privilegiadas pretendieron enarbolar algunas ideas revolucionarias. Pero la caviarada propiamente dicha tendría sus orígenes en los años 70 en los patios y aulas de la Universidad Católica. Eran años en los que en los medios universitarios era bien visto declararse de izquierda y es así que muchos hijos de la burguesía y la aristocracia peruana que eran enviados a la (aún) Católica, optaban por adoptar esas ideas sin abandonar su modo de vida. Se romantizaba la revolución, aún estaba fresca la ilusión de la revolución cubana, pero mucho más lo que significó mayo del 68 en Francia.
De aquellos años aurorales de la caviarada peruana ha llegado hasta nuestros oídos la historia de algún joven de entonces que descendía unas cuadras antes del poderoso Mercedes Benz familiar, para llegar caminando a la universidad en actitud revolucionaria. Nada más caviar.
Esa primera generación de caviares fue la que formó las siguientes desde las aulas, las oenegés y los medios. Supieron poner por delante sus apellidos y buenas relaciones para obtener beneficios y financiar sus emprendimientos ideológicos. Durante décadas a la par que envenenaban la mente de cientos de jóvenes e iban tomando cada vez más posiciones de privilegio y poder, los veíamos en los medios, siempre poderosos como dueños de la verdad.
En el Perú los caviares además han desarrollado una habilidad sorprendente para copar los gobiernos, inyectar sus ideas y vivir del estado. Las consultorías, los fondos concursables, el intercambio de premios y la despiadada demolición de quienes osen cuestionar sus actividades, son signos para identificar a esta mafia.
Conviene mencionar que también existe una casta de los que podríamos definir como “caviares de derecha”. En la práctica no son de derecha pero a eso juegan. Son los también llamados liberprogres. Aquellos que comparten todo el programa caviar, ambientalista, proaborto, duermen envueltos en la bandera del arcoíris, son devotos lectores de Yuval Noah Harari, aman a Greta Thunberg, esperan con bobalicona ansiedad el gran reseteo, pero, como creen en el libre mercado, piensan que son de derecha. Esta especie de caviar resulta más repulsiva y en su delirio tal vez más peligrosa.






Es como ha escrito el español Hughes, se trata de ideas que solo los ricos se pueden permitir, son los pijo-progres que llaman en España, puros hijos de papá, pocos de los cuales ha empuñado alguna vez una pala y siempre está bien a la ropita de marca, los autos de alta gama y trabajo en ong. ¿Quién no los conoce? Y ya se ha visto con la reciente caída de fernandini.
Discrepo con el último párrafo. No hay caviares de derecha, pues con aquello se contradice la primera frase del artículo: “El caviar es una categoría política dentro de las izquierdas.”
Hay que ser coherentes con el mensaje.