
Por: Ricardo León Dueñas
Zamir Villaverde no es ningún santo ni héroe… ni muchísimo menos, es una persona que ha decidido reconocer sus delitos, asumir su responsabilidad penal y colaborar con la justicia para acabar con la miserable mafia que hoy ocupa el poder. Poco importa cómo llegó ahí, lo relevante es lo que pueda decirnos y si su palabra y sus pruebas son sólidas. Por tanto, todo peruano de buena fe tiene la obligación de escucharlo. Por lo pronto lo que ha relatado y entregado nos da una idea de la dimensión de su colaboración. Hemos perdido ya la cuenta de los innumerables escándalos, desvergonzadas fugas del entorno directo presidencial y tropelías de los rufianes, oportunistas, improvisados e incapaces que están llevando el país al despeñadero como para desaprovechar esta valiosa oportunidad.
En este contexto adquiere especial relevancia las gravísimas imputaciones que hace Villaverde sobre el fraude, sí, el fraude en las elecciones 2021; acusando directamente al presidente del JNE, ese infame personaje de Salas Arenas… hoy intentando trémulamente defender lo indefendible. Ese cúmulo de irregularidades con que la izquierda, la caviarada, la gran prensa venal y ese organismo inútil que es la OEA (la de la estupidez de los “baños neutros” para su intrascendente asamblea) nos impusieron a Castillo y su pandilla de maleantes en el poder y que fue denunciado en su oportunidad con pruebas ante ese mismo organismo dirigido por ese opaco sujeto Luis Almagro -cómplice de lo que hoy todos padecemos en el Perú- quien le dio un portazo en la cara a los denunciantes y que jamás le interesó averiguar nada.
Al parecer esta colaboración, develamiento y corroboración de información tiene para un tiempo más, nada es inmediato, menos en el Perú y si bien el futuro de nuestro país es cada vez más impredecible, lo cierto y real es que cada día el cerco se estrecha más para Castillo y los malhechores que lo acompañan en su aventura criminal. Finalmente la verdad al final tendrá que salir a la luz y todos esos infelices (especialmente los que apoyaron a los nefandos gobiernos del sinvergüenza y caradura Vizcarra y el fatuo e hipócrita de Sagasti) tendrán que reconocer el inmenso daño perpetrado al país por su obcecación, fanatismo y miseria moral que nos ha llevado a sufrir una de las peores pesadillas (de pronto la peor) de la que se tenga memoria en la historia del Perú.
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