La columna del Director

UNA IGLESIA ENFERMA

Cuando la Iglesia se cierra, se enferma. Pensad en una habitación cerrada durante un año; cuando vas huele a humedad, muchas cosas no marchan. Una Iglesia cerrada es lo mismo: es una Iglesia enferma.
Papa Francisco

Por: Luciano Revoredo

El 30 de junio pasado el Arzobispado de Lima publicó un pronunciamiento que causó la perplejidad de un gran número de fieles católicos. En este documento se manifestaba que “…  debido al peligro del contagio que todavía acecha, en todo nuestro territorio arquidiocesano se mantendrán cerrados los templos hasta nuevo aviso. Se tendrá preparado un protocolo adecuado para cuando no haya peligro para la vida, no solo de los católicos sino de todos. Esto se decidirá de acuerdo con la autoridad civil nacional.”

Ante esto miles sumaron su firma a una carta promovida desde este portal en la cual dirigiéndonos al señor arzobispo de Lima le solicitábamos  que inste al gobierno a que, así como ha autorizado la apertura de establecimientos comerciales, mercados y otros, se autorice la reapertura de los templos para la celebración del Santo Sacrificio de la Misa, bajo el protocolo respectivo, por cuanto es bien sabido que en las iglesias las personas son mucho más disciplinadas que en los mercados, careciendo de sentido su permanencia cerradas.

Nuestra carta tuvo gran repercusión en los medios, incluso la primera plana de un diario, pero no mereció la respuesta del arzobispo Castillo que ha de estar ocupado en otros menesteres y no tiene tiempo para escuchar a los fieles y menos aún para responderles.

Hubo si un intento de respuesta. El padre Carlos Cardó S.J. párroco de Nuestra Señora de Fátima en Miraflores, al final de su misa dominical por internet, se refirió a nuestra carta como el recurso de gente comprensiblemente angustiada por el deseo de asistir a misa presencialmente. Añadiendo que esto se dará tan luego se pueda en armonía con las autoridades. Al respecto señaló que la iglesia debía dar el ejemplo de prudencia, sensatez, prevención y cuidado. Soltando una frase de antología: “Los templos, ya está demostrado, pueden convertirse muy fácilmente en focos de infección”. Y concluir diciendo “…estamos absolutamente convencidos que ustedes que están en la eucaristía que reciben de manera virtual, están con nosotros los sacerdotes celebrando la cena del Señor de manera auténtica y plena, ustedes están comulgando al Señor mediante su comunión espiritual …”.

En todo esto hay una serie de falacias o como se solían llamar antiguamente en los medios clericales “jesuitadas”. En primer lugar, ya existen protocolos para la apertura de restaurantes y centros comerciales, las actividades religiosas como la Santa Misa no están prohibidas, se trata simplemente que la iglesia proponga los protocolos necesarios de seguridad y abran las puertas. No se necesita más armonía con las autoridades que esta.

Pero lo que si supera todo es aquella sentencia que da por demostrado casi científicamente que los templos pueden fácilmente ser focos de infección. Con todo respeto me permitiría preguntarle al padre Cardó ¿quién lo ha demostrado? ¿No es algo que se puede evitar con buena planificación y disciplina?

Habría que recordarle al padre Cardó las palabras del papa Francisco cuando en entrevista con el diario La Stampa del 16 de diciembre de 2013 manifestó “Dios siempre abre las puertas, no las cierra nunca. Es el papá que nos abre las puertas”.

Así estaban las cosas. El arzobispo de Lima hizo oídos sordos y el Padre Cardó intentó dar una respuesta. Y cuando pensábamos que el tema quedaba ahí y que habría que buscar otras formas de exigir la Santa Misa y la apertura de las iglesias, entró en escena el arzobispo de Huancayo, a través de una entrevista en Radio Exitosa, para aumentar nuestra incertidumbre.

Ante la pregunta sobre la discrepancia que hay en cuanto a volver a las misas presenciales, monseñor Pedro Barreto, arzobispo de Huancayo responde: “No, ni pensarlo. Mire, la Iglesia católica – y aquí yo hablo como arzobispo de Huancayo – quiere dar un ejemplo de respeto a la vida y la salud de las personas. No hay ninguna iglesia que abra hasta que las condiciones sanitarias hagan posible las misas presenciales. Creo que ahora discutir esto es perder el tiempo. Tenemos urgente que atender esta necesidad y no hay un segundo que perder en discusiones estériles. Dios es el primero que comprende (…)”.

Nos preguntamos a qué se refiere con que las condiciones sanitarias hagan posible las misas presenciales. ¿Qué condiciones se tienen que cumplir? ¿Cuál es la diferencia entre los restaurantes, las tiendas por departamentos o los centros comerciales con relación a las iglesias en cuanto a establecer medidas de seguridad? ¿No puede la Conferencia Episcopal Peruana, al igual que las tiendas, disponer que se establezca un protocolo que permita abrir los templos? ¿Por qué el monseñor Barreto considera estéril o que es perder el tiempo discutir el tema? ¿Se ha olvidado que su principal obligación es la salvación de las almas y no la corrección política? ¿Ha leído el monseñor Barreto en un momento de ocio entre sus diversas ocupaciones, la Exhortación apostólica Evangelii Gaudium del Santo Padre Francisco?

En este documento el Papa advierte que “La Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre. Uno de los signos concretos de esa apertura es tener templos con las puertas abiertas en todas partes. De ese modo, si alguien quiere seguir una moción del Espíritu y se acerca buscando a Dios, no se encontrará con la frialdad de unas puertas cerradas”.

3 Comentarios

  1. Completamente de acuerdo; un ejemplo es la parroquia de los padres Franciscanos de María en Madrid, quienes mantuvieron el templo abierto durante 10 horas al día durante la pandemia, confesando y repartiendo la comunión a los fieles que la solicitaban, en forma organizada. ¿Los párrocos no pueden solicitar “autorización” al obispo del lugar para cumplir con la misión para la cual consagraron sus vidas?

  2. Si los laicos …un número significativo, no se les escucha, que clase de “Sinodalidad” ( palabra que se usa es desmedida) nos quieren vender? Sinodalidad sí, pero cuando piensan como ellos. Sinodalidad de laicos maduros en la fe, no, porque son imprudentes. Basta de tratar al pueblo de Dios como estúpidos

  3. P. Cardó y Mons. Barreto son jesuitas. Ambos están de acuerdo que Mons. Castiilo cierre las puertas a los fieles católicos y participen del sacramento de la eucaristía. ¿De dónde puede salir la idea peregrina de LAS CONDICIONES SANITARIAS que deben tener los templos para la celebración de la santa misa? Las propuestas de ambos no son solo falacias sino irracionalidad. Me parece que tratan a la comunidad católica con desprecio y mucha soberbia.

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