Historia

TOMÁS MORO Y LOS POLÍTICOS DE HOY

Por Alfredo Gildemeister.-

Con mucha visión de futuro, San Juan Pablo II designó a Santo Tomás Moro patrono de los gobernantes y de los políticos. Se cumplen quinientos años de la publicación de una de las obras más famosas de Moro: “Utopía”. Con una gran vocación intelectual, Moro fue un gran humanista. Sin embargo, al lado de esa vocación intelectual, también tenía una gran vocación como político. Amigo personal del rey Enrique VIII de Inglaterra, llegó a ser nombrado Gran Canciller del Reino, ejerciendo como consejero del rey y actuando políticamente como canciller. De otro lado, Moro era católico y como tal, era un hombre muy comprometido con su fe. Así mismo, era un hombre íntegro, coherente, de principios. Alguien se preguntará, ¿Cómo un hombre que dedica su vida a la política puede ser íntegro? Pues Moro lo era. Y llegó a ser santo, nada menos. Su vida y su obra nos muestran que la honestidad y la integridad no están reñidas con el ejercicio del poder. Moro nos demuestra como sí es posible ser un hombre íntegro y participar en política. Enrique VIII lo apreciaba mucho pues sabía que, si le pedía un consejo, Moro no le mentiría ni le diría algo por darle gusto. Le diría la verdad con total sinceridad lo que le parecía más conveniente, sin miedo a nada. Por ello el rey lo apreciaba mucho. Un consejero que te dice siempre la verdad, aunque en algunos casos no guste o sea dura, vale oro. Moro era valiente y firme. Ante la verdad no retrocedía ni se acomodaba.

Fue santo y no fue sacerdote ni fraile ni nada que se le pareciere. Tuvo una esposa maravillosa y con ella formó una familia numerosa siendo muy unido a su familia. Le dedicaba tiempo a su familia, así como a su trabajo. Como estadista, Tomás Moro fue un hombre eminentemente práctico y prudente; supo mantener intacto el compromiso con sus convicciones e indemne su integridad, en un momento en el que la manera más cómoda y fácil de medrar era la adulación y la hipocresía, cosa que hasta el día de hoy no ha cambiado. El ser humano es el mismo y muchos políticos de hoy, prefieren adular, mentir y ser hipócritas con tal de no perder sus privilegios y comodidades.

En su caso, y tal vez con mayor razón que en otros pensadores, las soluciones políticas partían del análisis detallado de la situación y descansaban en un prolijo y atento examen de los problemas sociales. Es de esa inteligencia práctica que disecciona los conflictos y sus causas de donde surge su compromiso político. En este sentido, “Utopía” se ha considerado un verdadero documento que refleja la situación de la sociedad inglesa del siglo XVI. Moro se preocupa en su obra de la incipiente mercantilización del trabajo y la pérdida de relevancia del campo. Revela su inquietud por la manipulación de los precios, la desigualdad económica y la propagación de la pobreza, pero alude también a otros fenómenos no económicos como la crueldad y la ineficacia del derecho penal, por ejemplo. Muchos de los aspectos tocados en su obra, aún son problemas de actualidad hoy, como la mercantilización del trabajo, la manipulación de los precios, etc.

Fueron las virtudes y cualidades humanas de Moro –y no el servilismo arribista que tanto se ve hoy– las que le valieron para alcanzar los cargos más importantes y convertirse en el colaborador más cercano del rey. Moro mostró prudencia y un atinado olfato diplomático para defender los intereses de la corona que tenía encomendados, pero también arrojo y valentía cuando lo que estaba en juego eran sus creencias más íntimas. Hubiera sido fácil para un intelectual como Moro, el desentenderse de la vida política y de los problemas de su tiempo. Por ello, su dedicación a la función pública y su confianza en la prudencia y en los cambios paulatinos ilustran magistralmente que la honestidad y la integridad no están reñidas con el ejercicio del poder político.

Gerard Wegemer, experto en la obra del canciller inglés, ha destacado alguna de sus contribuciones más importantes. Por ejemplo, en un momento de tensión entre el parlamento y las exigencias económicas del rey, abogó con valentía por la libertad de expresión y por los derechos de esa cámara, sabiendo que sus miembros podían verse coaccionados para satisfacer las demandas de la monarquía. Se cree, asimismo, que pudo haber sido uno de los principales impulsores de un proyecto de reforma elaborado por políticos ingleses en 1530, en el que, entre otras cosas, se diseñaba un sistema de asistencia social para los más desfavorecidos, bastante adelantado para su época. Una de las cosas que más llaman la atención de este político invulnerable al soborno no es únicamente la fidelidad a sus convicciones, sino su profunda honestidad y su extraordinario sentido de la lealtad, una cualidad que le permitió sostener, antes de ser condenado por traición, que jamás había hablado, ni en público ni en privado, sobre el polémico matrimonio de Enrique VIII con Ana Bolena. Su oposición al divorcio del rey para casarse con su amante, Ana Bolena, le costaría la cabeza a Moro y le valió el martirio. Su vida nos recuerda hoy, ante el desprestigio de las instituciones y la pobreza de la clase política, que el crédito y el respeto en política depende sobre todo de la integridad de la persona y de su unidad de vida. El ser una persona coherente con su fe, sus creencias y principios es fundamental. Moro nos demostró con su vida que se puede participar en política y ser íntegro. En otras palabras señores políticos del Perú, ¡Sí se puede!

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