
Por: Luciano Revoredo
Una de las más curiosas rebeliones sucedió en el siglo XIX en Barbados. Poco más de doscientos esclavos negros habían sido recientemente manumitidos gracias a nuevas leyes libertarias.
Pero sucedió que no soportaron la libertad. No sabían ser libres y encabezados por un pastor anabaptista que había oído sus cuitas y redactó un manifiesto para ellos, se presentaron ante su antiguo amo, un tal Glenelg, para pedirle que los volviera a someter a la esclavitud. Así vivirían seguros y tranquilos.
Glenelg se negó. Escuchar una delirante apología de la esclavitud lo debe haber desconcertado. Tuvo temor a infringir las nuevas leyes o algún escrúpulo le impidió disfrazar de alguna forma la esclavitud como también le propusieron. Los ánimos se fueron exaltando, la fobia a la libertad fue creciendo y todo acabó con el asesinato del viejo patrón y su familia.
Los esclavos entonces volvieron a sus viejos aposentos, a sus ritos heredados de África y volvieron a trabajar en la finca. A los pocos días todo colapsó. Llegaron las autoridades y se acabó la aventura autoesclavista.
Hoy luego de leer la inadmisible y ridícula norma que regula el uso de mascarillas y demás medidas sanitarias post COVID y que prorroga el estado de emergencia salí a la calle y vi miles de personas voluntariamente con el bozal en plena vía pública, al aire libre. Luego fui a un importante supermercado y aún en la puerta una persona pedía carné de vacunación y mascarilla. Todos muy obedientes se sometían ante ambos requerimientos. Cuando me negué a acatar esa disposición algunos me miraron mal. Es cuando recordé la vieja historia de Barbados y los esclavos con fobia a la libertad.
Prácticamente en ningún país del mundo se siguen usando las mascarillas ni nadie pide carné alguno de vacunación. Pero aún cuando aquí ya no es obligatorio apena ver a la gente por las calles sometida voluntariamente a la tiranía sanitaria.
Mención aparte merece el silencio general cuando la misma aberrante y pésimamente redactada norma mantiene el estado de emergencia y restringe el ejercicio de los derechos constitucionales relativos a la libertad y la seguridad personales, la inviolabilidad del domicilio, y la libertad de reunión y de tránsito en el territorio, comprendidos en los incisos 9, 11 y 12 del artículo 2 y en el inciso 24, apartado f) del mismo artículo de la Constitución Política del Perú. Esto es un atropello inaceptable. No tiene nada que ver con la inexistente pandemia.
¿Por qué razón se mantiene este estado de emergencia? ¿Nadie va a reaccionar y exigir su derogatoria? ¿Algún congresista asumirá la defensa de la libertad y la Constitución frente a semejante afrenta a la libertad? ¿O es que los peruanos tenemos alma de esclavos y renunciamos a la libertad obedientes y con la boca tapada voluntariamente?






personalmente seguiré usando, durante SEIS meses MAS,la mascarilla como al inicio de la pandemia por PRECAUCION. Si después de seis meses no se reportan casos contagio por COVID 19 entonces dejaré el uso de mascarillas. SIMPLE PRECAUCION…!!!