Cultura

SUTILEZAS Y ENGAÑOS

Por: Ibeth Angulo

En uno de los capítulos de The Big Bang theory, Sheldon Cooper utiliza chocolates para reforzar conductas de Penny que el encontraba gratas. Si Penny recogía un plato o permanecía en silencio, estas conductas eran merecedoras de una recompensa: un chocolate. Leonard, novio de Penny, logra entender lo que Sheldon estaba haciendo y se enfada, sustenta sus reclamos en el indebido uso de este procedimiento con una persona. Un insensible y sarcástico Sheldon, responde señalando que seguirá aplicando las técnicas de condicionamiento operante de Skinner, hasta lograr que Penny salte a una piscina equilibrando una pelota con la nariz.

La dinámica escenificada, en poco más de tres minutos, muestra claramente dos posturas diferentes frente a una intervención experimental con una persona: la de Sheldon, centrada en los resultados del experimento; y la de Leonard, centrada en la persona utilizada para el experimento (sin consentimiento previo, además). Todo resulta entretenido mientras solo es eso: una serie televisiva; pero si somos testigos de este tipo de intervenciones en la realidad, con personas o colectivos humanos, el efecto –como es lógico- será drásticamente opuesto.

Así como Penny no se da cuenta de cómo la están utilizando (queda claro que el personaje se caracteriza por un nivel de inteligencia bajo), un niño sometido a estímulos que distorsionan su realidad tampoco es capaz de advertir la manipulación. Consideremos que el funcionamiento pleno de los lóbulos frontales, soporte de nuestras decisiones meditadas, se produce después de los veinte años; en el tiempo previo, un significativo porcentaje de conductas surgirá de impulsos sin mecanismos de deliberación.

En su libro El conocimiento inútil, Jean Francois Revel reflexionaba respecto a que “cada minuto el hombre contemporáneo tiene una imagen del mundo y de su sociedad en el mundo. Actúa y reacciona en función de esa imagen. No cesa de transformarla o de confirmarla. Cuanto más falsa es, más peligrosas son sus acciones y sus reacciones tanto para él como para los demás. Pero ya no puede dejar de tener la imagen, o no tenerla más que limitada a las únicas realidades que le rodean”.

Los eufemismos, las trivializaciones y todas las formas de romantizar eventos adversos de la realidad constituyen una distorsión deliberada de ella; es decir, engaño. Y si una persona adulta muchas veces carece de capacidades para reconocer un relato distorsionado de la realidad, mucho más vulnerable es un niño a este daño ontológico, que disfraza verdades y encubre falsedades al punto de mostrarlas como heroísmos.

Sheldon -en su brillante actuación- nos hacía ver formas distintas y sutiles (chocolates) de afectar la integridad de la persona, incluso impactando en una de sus facultades más elevadas: la voluntad. Ojalá entendiéramos que hay formas, incluso peores que la agresión física y la agresión verbal, para dañar a una persona, para adormecer su inteligencia; formas de historieta a todo color, con intrépidos personajes, que recogen escasos elementos de la realidad para tejer falsedades. Horacio, poeta latino de la era precristiana, lo había advertido: “somos engañados por la apariencia de verdad”.

1 comentario

  1. Que alguien haga leer este artículo al equipo editorial que ha dejado pasar como si nada lo de target y cal klein “creando” la realidad dejando que opere en el inconsciente colectivo, los hechos consumados.

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