Política

SI NO AFRONTAS LA BATALLA CULTURAL, PERDERÁS LAS BATALLAS POLÍTICAS

Por: Carlos Polo

 

Un reciente intercambio de tweets entre el periodista Beto Ortiz y el congresista Alejandro Muñante grafica muy bien el drama de la encrucijada política en el Perú. La discusión se generó por la crítica del periodista a la iniciativa del parlamentario de legislar para que exista una advertencia en las películas de Disney con contenido LGTBI. Estos dos actores políticos importantes han estado unidos para salvar al Perú del colapso total al que nos está llevando este gobierno. Pero a Beto no le importó atacar a su aliado en su lucha contra la corrupción y la ineptitud de Pedro Castillo cuando se trata de defender el tema LGTBI.

Ciertamente, “el país se va al carajo” como dice Beto y como lo sufre en sus propias carnes desde el exilio en México. Y no es por la habilidad política de Pedro Castillo, sino porque los peruanos somos manipulables. A unos porque los idiotizan con discursos de moda y a otros, más avispados quizás, porque los dividen para que no constituyan una oposición efectiva.

Grupos políticos y económicos han aplicado en Perú la receta global que consiste en idiotizar a las mayorías para llegar al poder y arrasar con todo. A quienes se opongan los destruirán. Primero satanizándolos como ultraderecha capitalista, fanático religioso, homofóbico, racista, agente contaminador, etc. La izquierda tiene todo un arsenal de contenidos bélicos para destruir famas. Primero tratan de convertirlos en apestados para luego destruirlos políticamente y/o económicamente a uno por uno.

En el Perú, llamamos caviares a esos políticos rapaces. No son de izquierda propiamente, sino que el discurso socialista o comunista le es funcional para destruir y arrasar. Creo que en el Perú hemos entendido bien la hipocresía de usar el discurso de lucha contra la pobreza para comer caviar con fondos privados o públicos. Sin embargo, no hemos hecho casi nada para enfrentarlos. Nos lamentamos de su supervivencia gobierno tras gobierno desde Paniagua a Castillo y de su éxito en la macabra empresa de levantarse al Perú, pero no hemos terminado de entender por qué tienen ese poder y cómo lo construyen y lo gestionan.

Esa es la importancia de la reciente obra de Agustín Laje “La Batalla Cultural”. Es vital entender que los resultados de las batallas políticas de la actualidad se definen en buena parte por los resultados de las batallas culturales. Y es que la cultura ha sido puesta en el centro del poder. Modificando la cultura y cada uno de sus contenidos, se modifica la conducta del hombre. La Cultura es el campo de batalla fundamental porque penetra el sistema político. El proyecto de Disney no es simplemente la expresión liberal de una moral diversa. Es la construcción de una cultura donde no hay ningún punto de referencia ético creando consumidores acríticos de cualquier contenido y más adelante, poder hacer una política del vale-todo.

Los caviares han inoculado dosis cada vez más fuertes de relativismo y posverdad hasta convertir a una gran parte de la población en zombies repetidores de narrativas. Y lo peor es que les han hecho creer que opinan con mente abierta cuando esa “opinión” la fabrican y la controlan unos cuántos. La temática que usan es lo de menos. El objetivo es idiotizarte para que te de igual hombre o mujer, Castillo o Keiko, terrorismo o democracia.

Comenzaron apropiándose de los medios de comunicación convencionales. Siguieron con las encuestadoras y las granjas de trolls para inundar las redes. La opinión pública pertenece cada vez menos al “público” y cada vez más a los gabinetes de comunicadores políticos al servicio de grupos de intereses diversos, cada vez más esa “opinión” es construida y activada, y cada vez menos producida socialmente en base a opiniones individuales auténticas.

El subtítulo del libro de Laje “Reflexiones críticas para una Nueva Derecha” es un llamado a la acción. La “Nueva Derecha” podría conformarse con todas las corrientes de incorrección política frente al aparato idiotizante global. Está llamada a ser una fuerza resuelta en oposición radical a la casta política nacional e internacional, al estatismo y al globalismo, al establishment multimediático y la hegemonía progresista que domina la academia, las Big Tech y el poder financiero global.

Los enemigos no son los gays dándose picos ni tampoco aquellos a quienes llaman “homofóbicos”, “transfóbicos” o “especifóbicos”. El enemigo es el aparato de idiotización puesto en marcha que incluye la financiación de grupos políticos LGTBI entre muchos otros, dirigidos a atrofiar cerebros desde la niñez.

Y si eres un gay dándote picos por ahí pero no quieres que “el país se vaya al carajo” por un gobierno izquierdista comunista, no estás obligado a comprarte toda su agenda solo por ser gay. Hay un sitio para tí en la batalla cultural, uniéndote a quienes quieren liberarse de la izquierda estupidizante. Con buena voluntad, no es imposible resolver el dilema de si es necesaria una advertencia en una película para niños con contenidos LGTBI o encontrar otra manera para que se respete el derecho de los padres a educar a sus hijos sin menoscabar la capacidad de elección del tipo de vida sexual de un adulto.

Bienvenidos todos los que quieran dar la batalla cultural contra la idiotización con enfoque de género, sean gays dándose picos, sacerdotes católicos o pastores evangélicos.

 

 

 

1 comentario

  1. Es una exageración de ambos lados, ya, quienes la han visto han advertido, solo hace falta que se corra la voz, en las rrss y ya cada cual tomará su decisión.

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