Cultura

REFORZAMIENTO DE LA ESTUPIDEZ

Por: Ibeth Angulo

 Para el conductismo, corriente de la psicología que estudia la conducta observable de las personas, el reforzamiento es el procedimiento por el cual una conducta específica, al ser receptora de un estímulo o reforzador, tiene mayor probabilidad de ocurrencia en el futuro. Por ejemplo, si se premia el pago puntual de tributos o el cumplimiento de determinadas normas de convivencia, este premio torna más probable la repetición de tales conductas de ciudadanos ejemplares.

Bajo estas premisas conductistas, corresponde tener cuidado con lo que se refuerza. Si se pone en vitrina una conducta inadecuada, o peor: si se empieza a mostrar que sobre tal conducta giran los reflectores y crecen los aplausos, no podemos esperar que este tipo de conductas se extinga.

Es cierto que el conductismo puede resultar reduccionista para el entendimiento de la naturaleza y el comportamiento humanos; pero también es cierto que, para alertarnos de la presencia de la estupidez, las premisas de esta corriente –si bien básicas- resultan útiles. La estupidez, para nuestra desgracia, no es considerada una patología psicológica. Si fuera tal, captaría un mayor interés por su estudio. Pero no, ahí está “pasando piola” y alterando cánones y esquemas que nos han servido históricamente para consolidar comunidades en sana convivencia.

Bioy Casares nos advirtió con algo de ironía sobre este asunto: “El mundo atribuye sus infortunios a las conspiraciones y maquinaciones de grandes malvados. Entiendo que se subestima la estupidez”. En esta misma línea, Tabori nos dejaba conocer su opinión: “La estupidez es peor que la maldad”.

En un entendimiento de mayor profundidad de la estructura de la personalidad del ser humano, reconocemos en ella tendencias y facultades superiores que orientan su comportamiento. En el comportamiento tendencial, o conducta espontánea, podemos identificar impulsos subyacentes de búsqueda del goce, reafirmación del ego, reconocimiento, etc.; mientras que las facultades superiores: inteligencia y voluntad, se pondrán en evidencia ante decisiones y acciones más bien racionales. Tales facultades, siendo potencias inmateriales, constituyen nuestros ejes de autogobierno, pueden ser movilizadas para regular nuestras tendencias. Lo justo, lo razonable, lo prudente es invocado desde esta supraestructura personal, como muestra de sindéresis, exactamente lo contrario a la estupidez.

Siendo presas de la estupidez, nuestras facultades superiores se sumergen en la oscuridad y nuestro comportamiento queda a merced de lo tendencial. Sin embargo, es precisamente esta la consecuencia perniciosa del incentivo de la conducta estúpida, del comportamiento tendencial sin límites sobre los cuales se tenga que reparar; así lo canta Bad Bunny: “hoy se bebe, hoy se gasta, hoy se fuma como un rasta, si Dios lo permite…”. Que me perdone Dios por reproducir esta grotesca frase, sólo quiero hacer ver que la estupidez se está saliendo de control.

¡Qué difícil la tendría Santo Tomás para hablar de la virtud en estas épocas de reguetón! No obstante, quienes aún estamos en este mundo, y con mirada realista queremos darnos cuenta de lo que implica adormecer nuestra inteligencia y voluntad, hemos de seguir alertando del avance audaz de la estupidez. En lo personal, me resisto todavía a plantear este problema de la forma como es planteado por Arturo Pérez – Reverte:

“Al final te haces una pregunta que es muy peligrosa y me preocupa de verdad, moralmente: ¿hasta qué punto un mundo regido por estúpidos, vivido por estúpidos e ideologizado por estúpidos, merece sobrevivir?”

1 comentario

  1. Excelente analisis Ibeth. Ya decia Carlo Cipolla en su ensayo “Allegro ma non troppo”, donde desarrolla su Teoria de La Estupidez: Una persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que puede existir.

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