Internacional

POLÍTICAS IDENTITARIAS: INCOMPETENCIA Y ABUSO DE PODER

Por: Jennifer Barreto-Leyva

Con la llegada de la Agenda 2030, el uso excesivo y manoseado de tener como prioridad la “diversidad e inclusión” en cuanto a políticas identitarias se refiere, ha traído como consecuencia un caos que muchos advertimos ocurriría.

Lo profundamente peligroso de esto como efecto principal, es que como hemos visto, la respuesta primaria para contrarrestar esta agenda, será el rechazo, lo cual llevará como efecto natural entre otras cosas, a hacer cuesta arriba el registro de data que es importante y mucho, sobre todo en el momentum histórico en el que nos encontramos.

Siempre es importante registrar quien, cuando, cómo y dónde.

Un ejemplo clarísimo del profundo desacierto e irresponsabilidad con la que se han llevado estas políticas es lo recientemente ocurrido con la línea aérea United, quien lleva ya varios strikes cuando a servicio al cliente se refiere.

Fueron los primeros en despedir a azafatas y pilotos que no quisieran vacunarse contra la gripe made in China, así mismo maltrataron a incontable cantidad de pasajeros por la misma razón. Fueron de las primeras aerolíneas en decir presente, con la propuesta de tripulación “no binaria” y uniformes unisex para que cada quien asumiera el género que quisiera cada día.

Un absurdo, mucho más cuando se trata de una organización que debe llevar un orden, disciplina y políticas impecables, por la rapidez con la que funciona y que manejan vidas humanas, justamente su razón y motor de existencia.

Recientemente se vio en tiempo real, de forma orgánica, que sucede cuando por dinero, asumir agendas y abandonar los principios y lo correcto, una empresa asume posturas erróneas.

La nutricionista norteamericana Jenny Longoria viajaba con su hijo de 16 meses y su madre de 75 años. Previamente en el proceso de check in, ella habría puesto en conocimiento a la aerolínea de las condiciones en las que viajaba y que requería de una serie de cosas que la aerolínea accedió con el recargo del caso, ambas partes hasta aquí estaban en sincronía.

Al abordar, ella llama por un pronombre diferente a la azafata del que era natural y estaba a la vista, y fue aquí cuando comenzó la agonía de Longoria, a quien le sacaron su equipaje, la dejaron tirada en el aeropuerto con un drama innecesario, todo por una persona con problemas psicológicos que fue empleada por una empresa para integrar esta agenda progresista ya conocida –por suerte- por todos.

United tuvo una respuesta fatal, primero la acusan de tener exceso de equipaje, la difaman, para posteriormente hacer que se ocupan de su caso. Veo una demanda civil en su futuro, y de tener buenos abogados, no será poco el monto que tendrán que pagarle a Jenny Longoria por el mal rato.

La persona que enviaron a atender la eventualidad en el aeropuerto fue Gabriella Chidom quien es experta en desarrollo e implementación de programas de diversidad e inclusión. (¿En qué universidad se forma uno para eso?) Poco le faltó para pedirle a la pasajera se disculpara con la persona de la tripulación que era mujer y se sentía hombre o viceversa.

Una tragedia para los pasajeros, la protagonista de la historia, el personal del vuelo y pare usted de contar. Todo absolutamente innecesario.

Esta aplicación de políticas identitarias, de inclusión forzosa y falsa empatía traerá problemas que sus promotores jamás asumirán, pero me iré más allá, es una agenda de abuso de poder.

Crearon el sistema perfecto para promover la mediocridad, el victimismo y tener los privilegios que tanto llora la izquierda en cada oportunidad, resaltando desde el resentimiento la necesidad de esta agenda macabra que solo unos pocos estamos combatiendo.

No es suficiente con la complejidad que generaron las redes sociales, al menos para quienes creemos y vivimos en la meritocracia. La cultura de la inmediatez, facilismo y mediocridad se normalizó y nadie lo quiso ver. Se le hizo más fácil a muchos llamarnos alarmistas a quienes a la fecha seguimos destacando que ésta no es la mejor manera de hacer las cosas ni de vivir la vida.

Como esto no fue poco, gracias a este sistema perverso, creador de víctimas, basta ahora solo con ser mujer, o cualquier otra característica física que ellos entiendan y proclamen como nuevas víctimas para surgir en la vida y alcanzar nuestros sueños.

Lloro frente a un celular, lo posteo en redes sociales ¡Y listo! Éxito total.

El no tener personas capacitadas verdaderamente para ello en posiciones álgidas ocasionará desgracias y tragedias que podrían evitarse si se usara simplemente el sentido común, de la misma forma, como ocasionará problemas en otros ámbitos con un alto costo, simplemente por cumplir una agenda macabra, sin sentido y querer aplicar de manera forzosa el pensamiento único con bases irracionales y absurdas.

Estamos a tiempo de no colectivizar el uso de las neuronas, y de no hacer como algo obligatorio una empatía forzada, basada en el victimismo, empujándonos a ser cómplices de delitos, de cosas que simplemente están mal. Estamos aún a tiempo de que no sea un delito pensar diferente.

El problema es, más allá de pataleos en redes sociales y posibles pugnas en sistemas judiciales comprometidos con la aplicación de la agenda ¿Qué más vamos a hacer?  ¿Qué más se está haciendo?

Me preocupa la desproporción que se sigue palpando entre un grupo y el otro, y la facilidad con la que las masas son manipuladas.

Las cosas no pintan bien para el futuro, cuando naciones se paralizan por un reality show o un concurso de belleza, pero nada pasa cuando legalizan aberraciones como el aborto, el consumo de drogas o el que se pueda hormonar y masacrar mediante cirugías a menores de edad para “cambiarles” el sexo.

¿Podrá más la fuerza de la inmoralidad o el sentido común?

Solo el tiempo dirá.

¡Hasta la próxima!

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