Cultura

MUJERES FEMENINAS ¿LAS MALAS DE LA PELÍCULA?

Por: María Ximena Rondón

Una película o serie no está completa sin un antagonista, al menos, según la fórmula recurrente. Están los “peaches, peaches, peaches (yo también tengo en mi mente a Browser), los villanos alocados y otros, pero hay una clase que siempre me ha parecido interesante y sobre la que he leído algunos comentarios: las chicas populares, villanas, rivales, malas, como quieran llamarlas.

Si observamos con atención, notaremos que estos personajes están vestidas elegantemente, maquilladas, arregladas y, lo más importante, son femeninas. Incluso, muchas utilizan el color rosado y otras tonalidades relacionadas a la delicadeza y la feminidad (incluyendo el lado sensual). La protagonista, en cambio, suele ser la típica “chica que no es como el resto” y que rechaza todo lo que sea femenino, para demostrar que lo importante es lo interior. Algunas tienen un glow up, pero se nota que atraviesan por cierto “proceso” para lograrlo.

¿Por qué? ¿Hay alguna intención de la cultura popular para que las mujeres creamos que ser femenina te hace la mala de la película? ¿Tendría algo de malo presentar a una heroína femenina?

Este problema se refleja en la sociedad actual: muchas mujeres han asimilado el personaje de “no soy como las demás chicas” y tienen una mala imagen de la feminidad: creen que una termina siendo superficial, hueca, creída o consideran que es un físico imposible de alcanzar. No olvidemos el rechazo a las damiselas en peligro y a las que expresan delicadeza. En el fondo, nos están haciendo creer que ser femenina es malo.

Más bien, se admira a los personajes femeninos que son las heroínas empoderadas y que llegan a manifestar una personalidad que termina por aplastar a los demás, especialmente a los hombres. Uno puede hacer la prueba: dar a escoger a una mujer actual entre un personaje con feminidad y otra empoderada. Obviamente, elegirá a la empoderada, y también hiper sexualizada y liberada.

La sociedad actual está empeñada en rechazar y destrozar la feminidad de las mujeres bajo la bandera de la igualdad de género. Prácticamente, nos quieren convertir en hombres pagando el precio de nuestra propia naturaleza. No nos enseñan a valorar lo que somos y podemos aportar al mundo, sino que, ahora, debemos romper con ello para ser mujeres libres y empoderadas.

¿Qué tiene de malo ser femenina? ¿Qué tiene de malo irradiar la belleza que tenemos por el hecho de ser mujeres? ¿Qué tiene de malo ser delicada y elegante (sin tener que mostrar nuestros cuerpos)? ¿Acaso una mujer no puede ser fuerte, inteligente y femenina al mismo tiempo?

Este tema me recuerda a Eowyn de Rohan. Quienes han visto la Saga del Señor de los Anillos o leído los libros, sabrán que esta princesa tenía el corazón de guerrera y fue capaz de ser fiel más allá del miedo para defender a su tío, el rey, del malvado Rey Brujo. En los libros, Tolkien la describe como “hermosa, pero dura como el acero”. Nunca cesa de alabar su bello cabello dorado ni su porte. Siempre se la ve usando vestidos y joyas que realzan su feminidad. Incluso, llegó a conocer a un guerrero mucho más fuerte que ella y supo reconocer su valía, tanto que se enamoró y se casó con él.

Eowyn es la representación de todas esas mujeres que tienen un corazón valiente y que enfrentan sus luchas. Puede que la mayoría no vayamos a un campo de batalla, pero en la vida cotidiana, enfrentamos varios combates que nos hacen más fuertes y podemos ser bellas haciéndolo.

Podemos ser femeninas y ser brillantes al mismo tiempo. También yendo al gimnasio, levantando pesas e incluso practicando artes marciales. Yo he visto a las mujeres de mi familia construyendo cosas y no por eso han dejado de ser femeninas. Al contrario, se esfuerzan por inculcar a las demás la feminidad y elegancia.

Actualmente, podemos hacer lo que queramos porque tenemos las oportunidades y por esa razón, la feminidad es muy importante: al abrazarla y aceptarla, estamos desarrollando nuestro propósito, el dar vida al mundo. No solo me refiero a los hijos, sino a todo. Nosotras embellecemos los lugares, podemos hacer que las personas sientan un hogar, somos una luz en la oscuridad y sacamos lo mejor del prójimo.

El ser femenina no es ser superficial, hueca o débil. Hay muchas mujeres que comparten en redes sociales su experiencia al desarrollar su feminidad e invitan a muchas otras a hacerlo. Esto no depende si uno utiliza un vestido o una falda (porque no faltan los grupos radicales que reducen la feminidad a una prenda de vestir). Depende del “cómo” se usa y en lo que transmite.

Necesitamos recuperar la feminidad. La sociedad lo necesita. Una mujer femenina no es la mala de la película. Es la salvadora del mundo.

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