
Por: José Romero
La historia debe servir para contar qué pasó en los días que vivimos entre 1977 y 1978. Días intensos en los que el Perú vivió el inicio del repliegue del Gobierno Militar (Segunda Fase) mientras el terrorismo genocida se preparaba para declarar la guerra al Perú.
En el gobierno militar había varias posiciones, desde aquella que pretendía desconocer el retiro progresivo hasta aquella que quería que la Constitución asumiera “los logros de la revolución”.
Desde diversas tiendas se acusó a Morales Bermúdez de un supuesto pacto con el APRA, el que pretendieron evidenciar con el mensaje de Morales Bermúdez en Trujillo el 31 de marzo de 1976 y las declaraciones de Haya de la Torre en 1977 a la revista venezolana Resumen.
En noviembre de 1977 se planteó el Estatuto Electoral o sea las reglas de juego que posibilitarían las elecciones de la Asamblea Constituyente. Quiénes votarían, quiénes podrían ser elegidos, los requisitos para que los partidos políticos (40,000 firmas y tener comités departamentales) y organizaciones participen, el uso de la cifra repartidora y el uso de los medios de comunicación.
La izquierda buscó ir unida sobre la base de un programa común; algo que era una quimera por cierto. Víctor Villanueva sostuvo en Marka que no creía que la Asamblea Constituyente dictaría una Constitución medianamente aceptable.
La muerte del dictador Velasco el 24 de diciembre de 1977 y su posterior multitudinario entierro se pretendió usar como un plebiscito a favor de las reformas, cosa que no ocurrió en las urnas pues sus “herederos políticos”, el Partido Socialista Revolucionario (PSR). Carlos Franco y Héctor Cornejo Chávez, soportes del Velascato, dijeron que Velasco aún muerto había derrotado a la derecha (Haya y Belaúnde).
1978 fue un año convulso que empezó con la publicación de las reglas de juego (Estatuto Electoral) y el cierre del Registro Electoral , un fallido paro nacional en enero, el vencimiento del plazo para inscribir partidos políticos y organizaciones participantes en las elecciones y la ruptura en el Partido Comunista de línea moscovita. Uno de las cabezas rupturistas fue Miguel Rincón que años más tarde se sumaria al movimiento terrorista MRTA.
El grupo separatista se hizo llamar PCP (Mayoría) e intervino aliado con la Unidad Democrática Popular (UDP) que nucleó a diversos movimientos comunistas vinculados al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y a Vanguardia Revolucionaria (VR).
Las reglas de juego fueron criticadas pese a incluir a votantes desde los 18 años más no a analfabetos que decían sumar 2 millones de personas, a los que el comunismo veía como fácil presa de sus engaños.
Además de esto, hubo una serie de hechos que hicieron temer el devenir político. El 31 de enero el General Morales Bermúdez pasó al retiro junto con otros importantes generales como Gonzalo Briceño, Eduardo Portella y Enrique Falconí , pero logró sortear la oposición de la Marina que le tocaba asumir la jefatura del Comando Conjunto de la Fuerza Armada, la cual fue asumida por el General Pedro Richter quien mantuvo la Jefatura del Estado Mayor del Ejército y el General Oscar Molina Pallochia asume la Comandancia General del Ejército y el Premierato.
La postura comunista tuvo diversas caretas, desde el Frente Popular Antiimperialista y Democrático del Partido Comunista de tinte moscovita hasta posturas maximalistas del troskismo (“alternativa socialista”) e insurreccionales como las de Ricardo Letts. A ello se unieron movimientos sediciosos en sectores de la oficialidad intermedia del Ejército (“La Orga”) con apoyo de generales velasquistas ya en retiro. Ante ello la izquierda protestaba contra “el terrorismo reaccionario” por atentados a dos barcos cubanos y un atentado contra la imprenta donde se imprimía la revista Marka.
Según Marka, existían 34 organizaciones comunistas de las cuales 27 participaron en la campaña, 4 la boicotearon entre ellas Patria Roja y el llamado entonces “infantilista”, Sendero Luminoso y 3 tuvieron posiciones ambiguas. De las 27, 16 pertenecían a la UDP (que ya se había fusionado con la UPDI de Letts y Malpica), 2 de aliados de la UDP, 5 en el FOCEP y 4 más (la Democracia Cristiana, cómplice del Velascato, la Acción Revolucionaria Socialista de Mario Villarán, el velasquista PSR y dos minúsculos grupos más).





