Vida y familia

GENERACIÓN ERASMUS. LA PEOR JUVENTUD

Por: Diego Fusaro

Con las reglas gramáticas de Epicuro, la vida posmoderna se basa ahora en la perniciosa norma del “placer en movimiento” (κινητικήἡδονή), que se expresa en la práctica de la movida para la eterna juventud, donde el carpe diem se basa en la sobria ley del “placer estable” (καταστηματική ἡδονή) y mesurado, coincidiendo en última instancia con el ideal de una vida equilibrada e indolora.

El “enjambre sin tabúes” de jóvenes dedicados a la movida permanente representa perfectamente el cumplimiento de la profecía de Tocqueville sobre la dictadura de la sociedad de masas. Está sometida a un poder permisivo sin precedentes y poblada por un amorfo rebaño de últimos hombres, consignados al “espíritu de diversión” (Massimo Recalcati) en el sentido del tema de la diversión de Blaise Pascal: el sedentarismo implica, de hecho, una “divertirse” que es, al mismo tiempo, un “distraerse”, un pensamiento de algo más que la contradicción en la que está inmerso y que, después de todo, está dispuesto a aceptar a cambio del goce que también hace posible.

En el régimen de producción flexible, la relación con el tiempo se limita a la dimensión de la inmediatez puntual. Con su adolescencia ilimitada, la generación Erasmus de adolescentes cosmopolitas en permanente “estudio-vacaciones” es la nueva subjetividad ideal del turbocapitalismo absoluto y flexible, líquido y financiero: está formada por una multitud de servidores ideales de la globalización, que viven con feliz inconsciencia los procesos de homogeneización monocultural cosmopolita y que están dominados en la estructura y la superestructura, ya que aman el mundo del que son servidores.

Más concretamente, la generación Erasmus es la primera, desde 1945 hasta la actualidad, en desintegrarse en la estructura e integrarse en la superestructura: desintegrarse en la estructura, ya que está condenada a las expectativas decrecientes relacionadas con el trabajo precario y superexplotado y con la marginación respecto de todas las esferas sociales y políticas.

Oscuras y poco edificantes son, en sentido estricto, las “perspectivas económicas para nuestros nietos”, según el título de la obra de Keynes de 1930 (Economic Possibilities for our Grandchildren). Desconocida en cualquier fase anterior del capitalismo es la nueva figura de la joven NEET, acrónimo que significa no en el Empleo, ni la Educación o la Formación [Not in Employment, Education or Training] y que alude a esa populosa galaxia de jóvenes con un proyecto de vida negado, que no trabajan, no estudian y no se dedican a obtener ninguna formación.

Lag Erasmus está, pues, integrada en la superestructura, porque se le induce a no rebelarse contra la sociedad mercantil que la condena a un destino de superexplotación y futuro ausente, sino a vivirla con euforia como el mejor de todos los mundos posibles (cuando no como el único), con sus cómodos sueños cosificados a bajo precio.

Si la generación del sesenta y ocho sufrió por el conflicto no resuelto entre el sueño y la realidad, la generación del Erasmus sufrió por la ausencia de un sueño: el sueño marxista de una cosa fue desplazado por el sueño reificado de las cosas que la sociedad en forma de bienes genera y desecha diariamente.

Bajo el cielo del mundo posterior a 1989 habría, de hecho, un grado de alienación y miseria tal que justificaría la explosión de diez revoluciones como la francesa o la rusa.

Y, por otra parte, la ira no se enciende, ya sea porque permanece alimentada en la guarida de las conciencias individuales por el vínculo social roto, ya sea porque prevalece el tono emocional de la resignación desencantada, ya sea, de nuevo, porque una especie de hechizo fetichista serpentea en todas las latitudes sociales, lo que induce a los nuevos sujetos, los consumidores, a vivir con entusiasmo su lucha diaria por la supervivencia. Esto, además, constituye una poderosa negación del teorema de las Lecciones sobre la filosofía de la historia de Hegel, según el cual “la juventud es siempre infeliz”. La generación Erasmus, precaria y sin futuro, pero con movimiento y disfrute garantizados, no revela ninguna insatisfacción con el orden actual.

El ideal de la ciudad futura diseñada por la pasión de la razón y llevada a la práctica por el compromiso de la praxis política es desplazado por la filosofía del entretenimiento permanente como modo de vida y de consumo, por la ideología del je suis en terrasse [me quedo en las terrazas], del guateque ininterrumpido para los jóvenes que se consideran como tales para siempre y que están plenamente colonizados, en palabras de Pasolini, por “un neo-hedonismo completamente materialista y secular” que es la base del nuevo poder, que ya no es clerical-fascista, sino permisivo y consumista: “su capacidad de represión no es arcaicamente policial”, sino que “recurre a una falsa permisividad”.

Los jóvenes miembros del cuarto estado flexible y migratorio son, de hecho, explotados y deseosos, precarios y alegres, víctimas del capital flexible y amantes de la lógica flexible. Son, por así decirlo, la subjetividad inmadura y (des)eticizada en la que se refleja el nuevo capitalismo hedonista, que es explotador y autoritario en el fondo, pero juvenil, transgresor y abierto de mente (open minded) en la forma.

Más precisamente, el cosmomercantilismo flexible, libre de subjetividades burguesas y proletarias, necesita fisiológicamente de la nueva figura social de una juventud en madurez permanentemente aplazada y sin conciencia infeliz, que vive con entusiasmo infantil su esclavitud cada día más intensa y mortificante: y esto según una línea que conecta fuertemente al adolescente teledependiente global, desde el imaginario americanizado desde una edad temprana, con el estudiante Erasmus con deseo ilimitado, mentalidad postmoderna y aspiración a una “apertura” cada vez mayor de lo material e inmaterial (mente abierta –open mind-, sociedad abierta –open society-, desregulación, libre movimiento, rompiendo todas las fronteras territoriales y morales). 

© Articolo Ventun0

1 comentario

Dejar una respuesta