
Arturo Fernández Bazán, exalcalde de Trujillo y una figura que marcó la política local con su estilo vulgar y decadente, se ha entregado a las autoridades y actualmente se encuentra en prisión, enfrentando cargos que han puesto fin, por ahora, a una carrera pública cargada de escándalos. Conocido por iniciativas como la instalación de huacos eróticos gigantes en el distrito de Moche durante su gestión como burgomaestre de esa localidad, Fernández ha pasado de ser un protagonista mediático a un recluso, en un desenlace inevitable tras años de cuestionamientos legales y éticos.
Fernández, quien asumió la alcaldía de Trujillo en enero de 2023 tras haber sido alcalde de Moche entre 2019 y 2022, se entregó a la justicia luego de meses de evadir órdenes judiciales. Su ingreso al penal El Milagro se produce tras una sentencia que lo halló culpable de delitos que incluyen difamación, abuso de autoridad y malversación de fondos, cargos acumulados durante sus gestiones municipales.
La Tercera Fiscalía Provincial Penal Corporativa de Trujillo, que ya había logrado condenas relacionadas con su entorno, como la de 35 años de prisión para los asesinos de un policía y agresores de Óscar Acuña Peralta en 2014, intensificó las investigaciones sobre Fernández, culminando en este desenlace judicial.
El exalcalde saltó a la fama nacional no solo por su retórica confrontacional, sino por decisiones como la colocación de réplicas gigantes de huacos eróticos mochicas en Moche, un proyecto que anunció en 2022 con una inversión cercana al medio millón de soles. Fernández justificó la iniciativa como una forma de “promover la cultura y la reactivación económica”, comparándola con las esculturas al aire libre de Grecia. Sin embargo, la medida desató polémica: en enero de 2022, un huaco fue incendiado por desconocidos y meses después, el mismo Fernández autorizó a un individuo conocido como “Makanaky” a posar desnudo junto a una de las esculturas como parte de un “reto”.
Estos episodios, junto con la entrega de huacos eróticos macrofálicos a reinas y bastoneras del Festival de la Primavera en 2023, consolidaron su imagen como un político decadente, pero también alimentaron las críticas sobre su gestión y su manejo de los recursos públicos.
La prisión de Fernández no sorprende a quienes siguieron su trayectoria. Expulsado del partido Alianza Para el Progreso en 2019, enfrentó múltiples denuncias, desde difamación contra un policía en Moche hasta disputas legales por piezas arqueológicas con la familia Cassinelli.
Su alcaldía en Trujillo estuvo marcada por declaraciones temerarias —”No me preocupa si mañana salgo y me mato o me asesinan”, dijo en 2023— y una suspensión temporal que no logró frenar su caída. Ahora, el exalcalde enfrenta un proceso que podría extenderse, mientras sus detractores ven en su encarcelamiento una señal de justicia.
Este caso plantea preguntas sobre el legado de Fernández y el rol de la política espectáculo en el Perú. Los huacos eróticos gigantes, aún en pie en Moche, permanecen como testigos mudos de una gestión que osciló entre la provocación y el escándalo, mientras Trujillo y La Libertad buscan cerrar un capítulo turbulento en su historia reciente.






Ahora va a ver de esas pero de carne y hueso en El Milagro. Llévenle aceite de coco.