La columna del Director

EL PRESTE JUAN: DEL MITO MEDIEVAL AL DESPERTAR DE OCCIDENTE

Por: Luciano Revoredo

El mito medieval del Preste Juan nació en el siglo XII de una mezcla de fe, literatura fantástica y desesperación geopolítica. Durante generaciones, los europeos creyeron ciegamente en la existencia de un misterioso monarca que era a la vez rey y sacerdote. Se decía que gobernaba un vasto imperio cristiano, colosal e incontaminado, ubicado primero en los confines de Asia Central y más tarde en las profundidades de África, en la actual Etiopía. Las crónicas de la época y una supuesta carta enviada a las cortes europeas describían su dominio como una tierra mítica de riqueza incalculable, libre de crímenes y habitada por criaturas fabulosas. En pleno apogeo de las Cruzadas, con una Europa acorralada y perdiendo terreno en Tierra Santa frente al empuje del islam, la creencia en este soberano fue el bálsamo perfecto. El Preste Juan representaba la esperanza de un aliado providencial que atacaría por la retaguardia para salvar a la cristiandad de su desaparición, un faro de resistencia en tiempos de asedio.

Hoy, la Europa del siglo XXI vuelve a encontrarse en una encrucijada histórica, pero el asedio ya no ocurre en las lejanas tierras de Jerusalén, sino en el corazón mismo de sus ciudades. Mientras el continente padece una profunda crisis de identidad, marcada por templos vacíos, un laicismo militante que reniega de su propio pasado y una alarmante amnesia cultural, el vacío espiritual está siendo ocupado. El vertiginoso incremento de la presencia musulmana en Europa, con agresividad de conquistadores y desprecio por los países que ingenuamente les abren las puertas. contrasta drásticamente con una sociedad occidental envejecida, desmoralizada y huérfana de certezas. La demografía y la crisis espiritual están redibujando el mapa europeo, evidenciando que el relativismo moral de Occidente es incapaz de competir contra una cultura que sí cree firmemente y violentamente en sus dogmas y tradiciones.

Este desarraigo no es un fenómeno accidental, sino el síntoma de una patología intelectual profunda. El filósofo británico Sir Roger Scruton popularizó el neologismo oicofobia (oikophobia), derivado de las raíces griegas oikos (casa u hogar) y phobos (fobia, miedo o aversión), para describir el rechazo, desprecio o miedo crónico hacia la cultura, las costumbres y las tradiciones propias de una sociedad. Según Scruton, este rasgo, común en las élites e intelectuales occidentales contemporáneos, aliena a la comunidad de su propia historia, dejándola indefensa y avergonzada de su legado. Es precisamente esta oicofobia la que desarma moralmente a Europa, pues una civilización que se desprecia a sí misma y aborrece su propia “casa” carece de la voluntad necesaria para protegerla frente a cosmovisiones externas que avanzan sin complejos ni vacilaciones.

En este escenario de repliegue cristiano y avance islámico, el mito del Preste Juan recobra una vigencia desconcertante como arquetipo del retorno a las raíces. Occidente se acerca a un punto de quiebre donde el agotamiento del modelo materialista obligará a una reacción. El “momento” de este resurgimiento no vendrá de la mano de un monarca de fábula, sino de un violento despertar de la memoria histórica provocado por el propio instinto de supervivencia. Será el instante en que las sociedades occidentales entiendan que una civilización no se defiende solo con fronteras económicas o burocracia, sino con la restauración de su sustrato moral, filosófico y espiritual.

La restitución de las tradiciones europeas requerirá entonces de liderazgos auténticos que, emulando la doble condición de rey y sacerdote del personaje medieval, unan la acción política con la defensa innegociable de la identidad cultural. Figuras capaces de recordar que la herencia grecorromana y cristiana no es una pieza de museo arqueológico, sino el único cimiento sobre el cual Occidente puede sostenerse en pie. Ante el avance de otras cosmovisiones, la supervivencia de Europa dependerá de su capacidad para dejar de pedir perdón por su pasado y volver a mirar con orgullo la belleza, la verdad y la fe que la fundaron. La respuesta a la crisis actual no llegará de un reino lejano, sino del redescubrimiento de esa herencia que hoy espera, bajo las cenizas de la modernidad, a ser despertada.

1 comentario

  1. ¿Ingenuamente dice? Es más bien usted sr. Director el que parece desconocer que Europa ha sido sometida por la plutocracia globalista, que manda desde Bruselas, ninguno de esos pueblos desea la invasión impuesta por los satrapas que detentan el poder, vg micron, perrosanchez, scholz, entre otros. Europa debe mirar a Suecia, quienes con gobierno socialista, han dado el paso para recuperar su sociedad. Claro no dependen de brujuelas, (aka vonderleyen) tienen una independencia económica que les capacita a diferencia de la entrega de España a Xi, que está llevando a cabo el yerno de chulo, el angurriento ese que malgobierna España y qué vendería a su propia madre si alguien la quisiera comprar, más o menos lo que nos ha hecho balcazar, si que ninguno de los antiporky que se escandalizaban por 4 millones de dólares, puestos en un fideicomiso se haya rasgado las vestiduras por los 25 mil millones de dólares que ahora va acostar la nueva carretera central que antes le habíamos dado a Francia, por 10 millones y que según el colegio de ingenieros de Lima se podia hacer por 6 mil millos es 5 años.

Dejar una respuesta