La columna del Director

EL CLÓSET DE CATERIANO

Por: Luciano Revoredo

Pedro Cateriano ha decidido entrar a la campaña con el arma más vieja, baja y ramplona de la política sucia : la insinuación calumniosa.

Acusa a Rafael López Aliaga de haber “hecho negocios con la dictadura”, como si lanzar una frase venenosa bastara para convertirla en verdad. Pero lo que Cateriano no dice y que el país no debe olvidar. es que él sí fue parte del Estado, del poder y de los gobiernos que hoy están marcados por la corrupción, el abuso y el desprestigio histórico. Y desde ese clóset de la corrupción, en el que se ha refugiado, pretende ahora salir solo para señalar con el dedo a los demás y seguir ocultando su realidad.

Cateriano no fue un ciudadano cualquiera durante el ciclo que destruyó la confianza pública. Fue viceministro en el gobierno de Toledo, el mismo que hoy es símbolo de la corrupción estructural que abrió la puerta a Odebrecht y al saqueo del Estado.

Luego fue ministro de Defensa y Primer Ministro de Ollanta Humala, el régimen dominado políticamente por Nadine Heredia, hoy investigada y procesada por lavado de activos, la misma que llevaba de arriba abajo a Cateriano de las narices,  como si fuera su lacayo y según él mismo dijo, le “daba luz verde” antes de tomar decisiones.

Después orbitó sin pudor alrededor del poder de PPK, el otro presidente caído por corrupción. Tres gobiernos, tres desastres institucionales, tres naufragios morales. Cateriano estuvo ahí siempre fiel. Con cargo, con poder, con sueldo y con silencio. Nunca salió de ese clóset; simplemente cambió de percha.

A todo esto se suma un episodio que Cateriano prefiere borrar de su currículum: su intento de convertirse en primer ministro de Martín Vizcarra, el corrupto Lagarto, hoy también en prisión. Recordemos que aceptó ser el rostro político de un régimen ya acorralado por escándalos y pérdida total de legitimidad, y acudió al Congreso a pedir el voto de confianza para sostenerlo. El Parlamento se lo negó de forma contundente. De haber obtenido el voto de confianza hubiera completado un poker de ases de la corrupción en su oscuro legajo personal.

Desde ese pasado pretende ahora dictar cátedra de pureza. Solo repite la palabra “dictadura” como quien arroja lodo esperando que algo quede pegado. Eso no es fiscalización, es calumnia electoral. Es la técnica del burócrata reciclado que sabe que no puede competir en ideas ni en liderazgo, y por eso apuesta por la demolición personal.

A eso se suma su conocida animadversión política. Cateriano no es un árbitro ni un político : es un militante del odio, un enemigo declarado de los partidos que no pasan por su hepática aprobación y un activista de la política de la venganza. Su libro contra Alan García por ejemplo, su tono inquisitorial y su obsesión con convertir la política en tribunal permanente lo delatan. No busca verdad: busca ajuste de cuentas. Es un desubicado que ha vivido adherido al poder corrupto, siempre genuflexo y con poses de señor para las que no da la talla.

La diferencia es que López Aliaga es un empresario que dio el salto a la política para enfrentar al sistema. Cateriano es el sistema hablando contra quien lo desafía. Uno ha creado riqueza fuera del Estado; el otro ha vivido del Estado durante décadas. Uno pone su patrimonio y su nombre sobre la mesa; el otro lanza acusaciones desde la comodidad del historial burocrático.

El Perú ya no está para inquisidores de utilería con currículum manchado. Y menos aún para políticos que, después de haber pasado por Toledo, Humala y PPK, todavía pretenden darnos lecciones de honestidad.

1 comentario

  1. Excelente artículo Luciano.
    Cateriano es un sicario al servicio de la politiquería, su prontuario lo delata como tú muy bien lo dices.
    Siempre acomodándose al poder político de turno.
    La política para él, es pura y llanamente angurria, mezquindad y revanchismo.
    Y pensar de que, como llegó a la política, como uno de los “jóvenes turcos” que apoyaron a Vargas Llosa, para terminar codeandose con los corruptos de todos los espectros de la política peruana.
    Saludos cordiales Luciano.

Dejar una respuesta