La columna del Director

EL CANCILLER DE LA REPÚBLICA ES UN SUBVERSIVO

Por: Luciano Revoredo

Como si no fuera suficiente con que el ilegítimo presidente haya mantenido equívocas relaciones con el MOVADEF (organismo de fachada de Sendero Luminoso), que el primer ministro esté investigado por apología del terrorismo, que el paupérrimo gabinete ministerial y la bancada de Perú Libre estén plagados de investigados por terrorismo, ignorantes y radicales, el nombramiento de Héctor Béjar es una afrenta a la diplomacia peruana y a la dignidad nacional.

La diplomacia peruana ha tenido momentos estelares y siempre ha mantenido el respeto internacional, personalidades como Víctor Andrés Belaunde, Raúl Porras Barrenechea, Alberto Ulloa Sotomayor o Javier Pérez de Cuellar le han dado brillo y prestigio mundial.

Héctor Béjar es un subversivo que se levantó en armas contra el Perú. Un impresentable que no por viejo deja de serlo. En 1963 fue parte del Ejército de Liberación Nacional (ELN) promovido por la Cuba comunista. Instalan sus campamentos en la selva de la provincia de La Mar. La mayoría son estudiantes, gente de clase media limeña que han recibido instrucción guerrillera en Cuba. En 1965 volvió a las andadas en otro intento subversivo, fue detenido y encarcelado. Fue indultado por la dictadura de Velasco y se puso al servicio de esta.

Entre sus crímenes está el asesinato a sangre fría del hacendado Miguel Carrillo Cazorla y el robo de sus pertenecías, así como el asesinato de numerosos policías. En 1973 en su libro Las Guerrillas de 1965: Balance y Perspectiva, el propio Béjar da cuenta de sus fechorías y pretende hacer una revisión histórica de su fracaso a la vez que ya era uno de los ideólogos del velascato. En  este libro manifiesta: “… rechazábamos a quienes, en medio de una tempestad social como la que sacudía a nuestro país, se esperanzaban en el largo y tortuoso camino del parlamentarismo o en la eterna acumulación de fuerzas que nunca crecían y que, antes que multiplicarse, se dividían y subdividían sin poder salir del marasmo de una rutina estéril”. (…) el término violencia encierra una amplia gama de significados y por tanto se presta a un sinnúmero de interpretaciones. Si entendemos por violencia el uso de la fuerza resulta evidente, y esto lo saben tanto los revolucionarios como la oligarquía y el imperialismo, que no hay cambio que pueda ser implantado en un país, sobre todo en América Latina y el tercer mundo, en un sentido o en otro, sin el uso de la fuerza”

En este mismo libro Béjar hace este recuento de las acciones subversivas:

  • Primeros días de junio: “asalto a una mina, voladura de un puente en la carretera a Satipo, antes de la hacienda Runatullo… asalto a esa hacienda por un grupo y asalto a la comisaría de Andamarca por otro grupo, todo el mismo día. Las dos operaciones tuvieron resultados extraordinarios. En todas partes fue acompañada de propaganda armada: en la mina, en la hacienda, en el puente, en el pueblo. Se hicieron mítines y reparto de víveres de los depósitos, así como en todo el camino.

 

  • .. Asalto a la hacienda Alegría, a la cual se convirtió en comunidad y se dispuso de sus bienes (animales y productos) en forma de reparto para los campesinos”.

 

  • Combate de Yahuarina entre 17 guerrilleros comandados por Máximo Velando y 50 ó 60 guardias civiles armados de metralletas al mando del mayor Horacio Patiño. Los guerrilleros causaron a la fuerza represiva 9 muertos, varios heridos y 12 prisioneros, entre ellos un oficial, los que fueron puestos en libertad sin haber sufrido ningún maltrato.

 

  • Combate de Pucutá: los guerrilleros dirigidos por Guillermo Lobatón derrotaron a un grupo de rangers en su propio campamento, arrebatándoles vituallas y armas “y ocasionándoles numerosas bajas entre muertos y heridos”.

 

  • Toma de la hacienda Chapi por un grupo del ELN y muerte de los hacendados Carrillo.

 

Ese es el pensamiento y los actos de quien hoy deshonra con su infame presencia la Cancillería, cargo en el que no debe permanecer ni un día más.

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