
Por: Luciano Revoredo
La noticia del fallecimiento de Edistio Cámere ha dejado un vacío profundo en quienes tuvimos el privilegio de conocerlo. Su partida no es solo la pérdida de un gran hombre, sino de un intelectual, pedagogo y, sobre todo, un ser humano excepcional cuya pasión por la educación transformó vidas y dejó una huella imborrable en la comunidad educativa peruana y en los corazones de quienes lo conocimos.
Corría el año 1993 cuando llegué al colegio Santa Margarita como profesor de Historia y de un curso de Realidad Peruana. Fue allí donde conocí a Edistio, un hombre cuya presencia inspiraba respeto y admiración. Como Director del colegio, su visión iba más allá de la gestión administrativa; era un líder que vivía la educación con una entrega absoluta, un pedagogo que entendía que formar personas era una misión que requería tanto rigor intelectual como calidez humana. Desde aquellos días, su capacidad para combinar la profundidad de sus ideas con una humildad genuina me marcó profundamente. Era alguien que con su ejemplo nos recordaba que la educación es un acto de amor y compromiso.
Con el paso de los años, nuestra relación se transformó en una amistad cimentada en el respeto mutuo y en mi admiración por su incansable dedicación. Edistio no solo era un intelectual brillante, capaz de analizar con agudeza los problemas de nuestra sociedad, sino también un visionario que soñaba con un Perú mejor a través de la educación. Tuvimos además el privilegio de publicar en La Abeja algunos artículos que generosamente nos envió para compartirlos con nuestros lectores.
Hace poco, un evento inesperado me permitió redescubrir la generosidad de Edistio. Mi hijo, Nicolás de 15 años, escribió un artículo titulado ¿La crisis de la educación en el Perú tiene solución?, publicado en este portal (https://www.laabeja.pe/la-crisis-de-la-educacion-en-el-peru-tiene-solucion/). Para mi sorpresa, Edistio, siempre atento y con esa capacidad suya de reconocer el valor en los demás, me escribió un mensaje al chat que guardo como un tesoro.
En sus palabras, llenas de calidez y sinceridad, me felicitó por tres cosas: por apostar por la juventud en La Abeja, por el artículo de Nicolás, mi hijo, destacando su buena formación y su prometedora pluma, y por ofrecer a los lectores una mirada fresca sobre los problemas de la educación en el Perú. “Muy atinados los problemas que evidenció Nicolás. Francamente en algunos no había reparado. Disfruté de su lectura. Mis felicitaciones al padre y al autor. Un abrazo”, escribió al final de su mensaje.
Ese comentario fue mucho más que un gesto de cortesía. Para mí, fue una inmensa alegría y una muestra del espíritu de Edistio: un hombre que, incluso en medio de sus múltiples responsabilidades, encontraba tiempo para alentar a los jóvenes, para reconocer el esfuerzo y para tender puentes entre generaciones. Nicolás, mi hijo, se sintió profundamente honrado y motivado por sus palabras. Como padre, no pude evitar sentir un orgullo inmenso, no solo por el reconocimiento a mi hijo, sino por la conexión que Edistio, con su generosidad, había forjado entre nosotros.
Le agradecí de corazón y quedamos en encontrarnos para compartir un café, un encuentro que, lamentablemente, quedó pendiente. Ese café que nunca tomamos es hoy un recordatorio de las cosas importantes que a veces postergamos, pero también de la riqueza de los momentos compartidos con alguien como él.
Edistio Cámeres fue un símbolo de lo que significa ser un educador en el sentido más pleno de la palabra. Su legado vive en cada estudiante que formó, en cada idea que sembró y en cada persona que, como yo, tuvo la fortuna de cruzarse en su camino. Hoy, lo despido, con gratitud y con la certeza de que su ejemplo seguirá iluminando el rumbo de quienes creemos en la educación como motor de cambio.
Descansa en paz, querido Edistio. Tu vida fue un testimonio de entrega, y tu memoria, un faro que no se apagará. El café que no tomamos lo guardaré como una promesa de seguir luchando por los ideales y valores que compartimos. .






Gracias señor Revoredo,
Por tan genuinas palabras !! Mi hermano Edistio estará leyendo el artículo con ese café en mano.
Sin duda. Muchas Gracias