
Por: Jeffrey M. Kihien
El cinco de Abril de 1992, el Presidente del Perú Alberto Fujimori en mensaje a la nación peruana, anunció la disolución temporal del congreso, así como la reorganización de los poderes legislativo y judicial. En la práctica una refundación del fallido estado peruano que se dedicaba a oprimir al ciudadano. El estado, que en la práctica son los burócratas y políticos de turno, era dueño de todo. Todas las empresas eran públicas, y la actividad privada estaba prohibida por la cantidad de regulaciones e impuestos. Este estado profundo, que empezó a gestarse durante el primer gobierno populista/socialista de Fernando Belaunde -1963/1968-, continuo creciendo durante los diez años de revolución comunista del gobierno militar,-1968/1980-, en donde se estatizó toda la actividad y propiedad privada, no importando el tamaño, y se la entregó al estado profundo para que lo administrara. Perú retornó a la democracia en 1980, nuevamente con Fernando Belaunde, el cual no devolvió la libertad al ciudadano, por el contrario el puño del estado se cerró más, y permitió el desarrollo del terrorismo comunista desde las universidades públicas, las empresas públicas y sus sindicatos, en la practica el estado peruano financiaba al enemigo que lo quería destruir. La inflación en el segundo gobierno de Belaunde llego a 125% anual, de acuerdo a la medición oficial, para el ciudadano esta era mucho más. El peruano estaba acorralado entre dos frentes, el estado profundo protegido por la partidocracia y el terrorismo comunista.
En 1985, Alan Garcia Perez, con 35 años de edad es elegido presidente del Perú por el APRA. Alan, prometió llevar la revolución socialista aún más lejos, y lo logró con creces haciendo crecer el estado con miles de burócratas sin misión, produciendo inflación de 2,250% al año, estatizando la banca privada, la cual felizmente no se concretó. El primer gobierno de Alan García fue un desastre, un infierno para el peruano que ya hacía dos décadas huía del Perú, a Venezuela por ejemplo, o Argentina.
Tanto Belaunde como Alan, no se atrevieron a desarmar el estado profundo, simplemente se pasaron la posta. Entraban unos, saqueaban hasta donde podían, luego se iban para que el nuevo hiciera lo mismo en las empresas estatales, y en cargos de poder donde podían solicitar sobornos, incluyendo el Poder Judicial. Todo este estado zombi, Fujimori lo incineró y enterró pues no servía al ciudadano. Es por eso que el cierre del congreso e intervención de poderes legislativo y judicial para reorganizarlos, fue en extremo popular. Al año siguiente, 1993, el líder de Sendero Luminoso fue capturado, y el terrorismo derrotado en las ciudades y el campo. Se empezó un programa de invitación a renunciar en el sector público y la venta de empresas estatales, las mismas que estaban todas quebradas desde hace quince años atrás. La venta de empresas públicas es el golpe que el estado profundo peruano jamás le iba a perdonar a Fujimori, les cortó su fuente de financiamiento y poder.
Ante los resultados, el apoyo popular y electoral de Fujimori fue inmenso, nunca antes visto en la historia republicana del Perú. Ganó las elecciones de 1995, derrotando a un personaje de la progresía global, el ex Secretario General de la ONU, Javier Pérez de Cuellar. Fujimori obtuvo 65% de los votos válidos, elegido en primera vuelta. En las elecciones del año 2000, Fujimori postulaba a su tercera reelección, interpretada jurídicamente como la segunda por la nueva constitución. Se enfrentaba nuevamente a la alianza del progresismo global, el cual no dejó nunca de armar una leyenda negra internacional en su contra, cuya figura más notoria era Mario Vargas Llosa. El 2000, la progresía global construyó la figura del indígena triunfador alrededor de Alejandro Toledo, el cual después de perder las elecciones en segunda vuelta, en donde Fujimori obtuvo 74% de los votos y Toledo el 26%, denunció fraude electoral armando una campaña global en contra del Perú, la cual se concretó cuando Soros donó un millón de dólares a Toledo, para que organizara la llamada “Marcha de los Cuatro Suyos,” que en realidad fue un golpe de estado utilizando la estrategia del enjambre. La suerte de Fujimori y el Perú estaba echada, se decidió en Washington, DC. Fujimori salió del país y renunció.
El 2001 se celebraron nuevas elecciones solamente para elegir presidente, ganando Alejandro Toledo, hoy prófugo de la justicia, peleando su extradición ya concedida al Perú en donde se le acusa de haber recibido treinta millones de dólares de Odebrecht, un soborno.
Toledo inicia la cacería de brujas judicial más larga y grande Perú jamás ha conocido, con apoyo de la maquinaria progresista global, empezó liberando terroristas, con apoyo de ONGs de Derechos Humanos, y la misma Corte Interamericana DDHH, al mismo tiempo que prohibió el combate de las FFAA contra los rezagos del terrorismo ocultos en zonas de narcotráfico. El estado profundo tomó nuevamente control del Perú, y dictaba la agenda, siendo su trofeo mayor el mismo Alberto Fujimori.
Fujimori fue extraditado desde Chile en Setiembre del 2007, desde esa fecha está encarcelado, es más popular que antes pese a largas campañas mediáticas para destruir su imagen, es imposible lo derroten en las urnas. Las circunstancias de su juicio y condena son las que ahora nos conectan con las de Donald Trump. Para poder juzgar y condenar a Fujimori se buscó la forma de conectar su cargo de presidente con hechos que se imputaron. Al igual que en la teoría para acusar a Trump, ciertas acciones de Fujimori sirvieron supuestamente para que se cometiera los delitos que se le imputan. Ósea un acto administrativo, cotidiano, se convierte o evoluciona en falta, y esa falta en un delito, esto es jurídicamente imposible, aplicar “evolucionismo legal” al Derecho, algo que no existe.
A Fujimori en su juicio le aplicaron una teoría jurídica y un delito que no existían en el Perú, cuando ocurrieron los hechos delictivos y durante su juicio, la teoría de la “Autoria Mediata”, por la cual el jefe de una organización es responsable por los actos de sus subordinados, si es que este ordena. Aclarando, que el estado peruano, y cualquier otro estado, no es una “organización,” es un estado y está constituido como tal, en donde cada funcionario conoce su deber y lo tiene escrito en reglamentos. A Fujimori lo acusaron y condenaron a 25 años por ser autor mediato de dos acciones armadas del Ejército contra Sendero Luminoso. Un grupo de acciones tácticas del Ejército desarrollaba guerra de baja intensidad contra el terrorismo, y tomó la decisión de atacar a dos grupos de aniquilamiento de Sendero Luminoso. Según el fiscal, el Presidente de la Republica sabia, o debía de estar enterado de las acciones de guerra contra la subversión que realizaban las FFAA, un absurdo que no se probó en juicio.
Esta persecución político judicial va mucho más lejos, destruyendo todo el orden jurídico del Perú; el 24 de Diciembre de 2017, el entonces Presidente del Perú, Pedro Pablo Kuczynski indultó a Fujimori, este indulto fue ilegalmente anulado por el Juez Jorge Luis Salas Arenas, ahora jefe del Jurado Nacional de Elecciones. Los indultos no se pueden anular, son cosa juzgada, es teoría elemental del Derecho, y así lo confirmó el Tribunal Constitucional del Perú, ordenando la liberación de Fujimori, pero llegó la orden de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ordenando no se libere al ex Presidente que tiene 84 años, está enfermo de cáncer y todos los males de su edad. El análisis jurídico es que Fujimori está secuestrado por el estado, ya que existe sentencia del máximo tribunal peruano que ordena su liberación.
No lograron jamás derrotar a Fujimori en las urnas electorales, pero lograron encarcelarlo. En democracia, lo importante es quien controla el estado, y en nuestros días, quien controla el poder judicial, desde allí se gobierna.
Trump, siendo Presidente y ocupante de la Casa Blanca, no pudo contener el fraude electoral del 2020, mucho menos podrá ahora defenderse del sistema judicial y contra el progresismo globalista, tampoco le permitirán ser presidente. El estado profundo, que el mismo denunció lo meterá a la cárcel, luego irán contra su familia y colaboradores, no pueden permitir un presidente que no haga la guerra, alimente el complejo industrial de los Estados Unidos, defienda la familia, los niños y los valores cristianos.





Gracias a fujimori, seguimos teniendo combis para transporte público, 30 años después, gracias a él tuvimos Laurabozo, a él le debemos que uno de los poderes del estado sea el gran vilipendiado y se destruyera la política peruana, (siempre que sucede algo la culpa es del legislativo que no tiene capacidad de gasto) Se captura a Abimael, pero como vladimiro era el abogado de uno de los cárteles de la droga, no se podía permitir que la dea siguiera con las interdicciones de avionetas cargadas de droga, lo que ha permitido que el terrorismo subsista asociado al narco.
Trump, fue electo en las primarias del partido republicano, fujimori se inventó o le inventaron un partido. Si fujimori ha sido detenido, es por su exceso de confianza, creyó que era inmune, y ahí tiene las consecuencias, falta de olfato político. Y lo mismo le pasa a su hija, que no ha podido dejar de fracasar una tras otra elección. Si se hubiera ido del Perú tan pronto perdió la primera elección y hubiera dejado que sus enemigos se pelearan entre sí, ya sería presidente.