Internacional

CONGRESO ARGENTINO: NO LLAMAR LEY A LA BASURA

Por: Tomás González Pondal

Cuando por las noches pasan los hombres que recogen la basura, bien saben que buscan basura, no leyes. Ahora, con más frecuencia de lo que uno cree, nos encontramos con legislaturas que sesionan en el día y en las que se deberían hacer leyes, pero parecen despreciar lo que deberían hacer para venir a dedicarse a acopiar basura. Tengo que pedir disculpas: no estoy siendo justo con la basura nocturna al referirla a esas legislaturas y su basura diurna, pues una cosa es la basura física y otra cosa es la basura mental; una cosa es un desecho de fruta, y otra muy distinta es una perversión intelectiva. De modo que cuando hablo de basura legislativa quiero significar una perversión.

Por estos días ha circulado la noticia de que el Congreso de la Nación quiere introducir una modificación en lo que llaman ley ESI, mediante algo que llamarán también ley, y que tendría por objeto tornar en obligatoria eso que han venido a llamar educación con pretensiones de integridad, pero que en verdad promueve la desintegración humana: ya es archisabido que ESI es igual a aborto y a ideología de género.

Quisiera en esta ocasión hacer hincapié en el engaño que conlleva llamar ley a la basura expuesta, engaño en el que muchos caen, incluso muchos bienintencionados, en cuyas expresiones hallamos, por ejemplo, cosas como: “hagamos tal o cual manifestación para que no sea ley”. Me parece genial que se haga de todo, pero hágaselo sin llamar ley a lo que jamás será una ley, por más que sea “aprobada”. Insisto en esto último: ‘Jamás será ley por más que se la apruebe y se la tenga por tal”. Desarrollemos más lo últimamente expuesto.

Los abortistas hacen tranquilamente en el mal lo que no deben, y hay quienes en el bien, con intranquilidad, no hacen lo que deben; quiero decir que los primeros con total impunidad desobedecen la buena ley, mientras que hay de los segundos que parecen verse obligados a obedecer a la perversión. Es hora de dejar de hacerle el juego al enemigo, es hora de dejar de llamar ley a la basura. Charles Murras cuando escribió su obra «Mis Ideas Políticas» lo expresó de esta manera: “Todos los supuestos derechos no son válidos”.

La astucia de los abortistas en ocasiones triunfa sobre la ingenuidad de quienes se les oponen. Mientras hay defensores de la vida que erradamente ruegan “que no se aprueba la ley”, los abortistas llaman a quienes siguen la buena ley: “los antiderechos”. Vale decir, ellos usan lo que en verdad debería ser usado solamente por los defensores de la vida, pues si hay alguien contrario al derecho ese es al abortista. Seré aún más preciso: no debe decirse “que no se apruebe la ley”, porque con tal forma de hablar se está concediendo a las perversiones consabidas una entidad distinta a las que tienen, esto es, se concede a las bestialidades el revestir una esencia de ley, lo que es sencillamente imposible, pues no conducen al bien común y no son cosas realmente racionales. ¿Entonces qué decir? Dígase perverso a lo perverso, y llámese ley a lo que cumple la esencia de una ley. Por caso, puede decirse “hagamos esto o aquello para que no se apruebe tal o cual perversión, y no “hagamos esto o aquello para que no se apruebe tal o cual ley”.

Alguien podría sostener que lo anterior es una nimiedad, o que no tiene relevancia alguna. Discreparé entonces con tal criterio. Puedo llamar alimento a un yogurt que está a punto de vencer, y puedo llamar alimento a un trozo de carne que tiene más grasa que carne. Lo que no puedo bajo ningún aspecto es llamar alimento a un pedazo de estiércol, y ante esto último y por obvias razones, me excuso de explicar porqué estaríamos en serios problemas. Conviene entonces llamar a las cosas por su nombre, para no generar daños. Por tanto, es a todas luces imperioso no llamar ley a una hechura que no solo no alimenta el alma, sino que la contamina y la lleva a la muerte.

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