
Por: Luciano Revoredo
Noviembre de 2016, lo recuerdo ahora claramente. Los mass media de la progresía mundial, dueña de la “verdad” y la corrección, que habían convencido a la opinión pública sobre las virtudes de un falso valor como Barack Obama y la necesidad de la continuidad demócrata bajo el influjo de Hillary Clinton despertaron del sueño abruptamente.
Trump, un “populista”, que sabía medir muy bien el pulso de la población americana, con un supuesto discurso xenófobo y antisistema, fue elegido presidente de Estados Unidos. Así de fácil se desplomó el castillo de naipes del progresismo americano y sus cómplices de papel.
Recuerdo que esa semana toda la prensa peruana y sudamericana ya daba por hecho el triunfo de la pandilla de Epstein, de los contertulios del pizzagate. La señora Clinton, autora de tan vergonzosos como fugaces correos electrónicos, promotora de la más aberrante agenda, era la ungida por el mundialismo como la primera mujer en llegar a la presidencia de los Estados Unidos.
Esa mañana, díscolo y ajeno al mandato de la corrección política, puse en la nevera el Juvé & Camps, Brut Nature que tenía reservado para navidad. Obviamente esa noche lo escanciamos celebrando el triunfo de Donald J. Trump. Como soy hombre de costumbres y ritos, ya tengo otra botella lista para celebrar su reelección.
¿En que me baso para tan exagerado optimismo? Pues muy simple, no existe razón alguna para quienes ya votaron por Trump no lo vuelvan a hacer. Su contrincante Biden es un incoherente, un hombre que ha mentido muchas veces, un falso católico, que mientras manifiesta públicamente su fe, apoya la causa abortista. Su vicepresidenta es nada menos que Kamala Harris, activista de cuanto hay de perverso en el mundo.
Resulta evidente el apoyo masivo de los estadounidenses descontentos con las élites políticas del Nuevo Orden Mundial, cansados del establishment, con el que se identifican a los demócratas, siempre prestos a la manipulación mediática y a la demagogia.
“Los hombres y mujeres olvidados de nuestro país ya no serán olvidados”, dijo Trump en su discurso de la victoria del año 2016. Y así fue, las cifras lo respaldan. Ha crecido la economía y descendido el desempleo. «La economía de Trump está rompiendo récords, si alguien me gana en 2020, habrá una caída del mercado como nunca antes se ha visto». Ha escrito Trump en sus redes sociales.
De la primera elección de Trump se mantienen muchas condiciones que harán posible su reelección. En primer lugar, se mantiene el rechazo al sistema y la clase política tradicional, y aunque yendo a la reelección, Trump sigue siendo visto como alguien ajeno al sistema. La gente valora su franqueza, recordemos cuando en el debate de su primera elección dijo a Hillary Clinton “Tienes mucha experiencia, sí, pero es mala experiencia”. De él se puede decir ahora lo contrario. Tiene poca experiencia, pero buena experiencia. Sus seguidores sienten que dice las cosas como son y como las siente. Lo interesante es la sintonía de ese sentimiento con las aspiraciones y las frustraciones de un pueblo americano que no tenía voz.
Si el discurso de Trump caló principalmente en las clases medias trabajadoras, cuyo voto fue reflejo de su desencanto, ese voto tiene ahora más sentido, buscando más de lo mismo. El MAKE AMERICA GREAT AGAIN tiene ahora más sentido.
El latino legal será otro gran bolsón de votantes para Trump. El latino que vive legalmente, que paga impuestos, que ha logrado el sueño americano, vota por lo seguro, no simpatiza con la migración desordenada. No se deja llevar de las narices por la presión mediática. Ellos y grandes sectores del voto femenino conforman un numeroso voto oculto. Una avalancha de última hora.
Los argumentos son simples como es simple la verdad. La izquierda, siempre enmarañada en sus disquisiciones, que las más de las veces no pasan de ser una boutade, tiene tres meses para argumentar y fundamentar el triunfo demócrata. Yo tengo tres meses para poner a enfriar el Juvé & Camps.






Dios le oiga don Luciano. Por estos lares solo se escucha lo que la prensa genuflexa, repite de sus amos izquierdosos, y lo que repiten es que Trump es poco mas que odioso y retrasado mental. Muchas gentes por aquí le tienen en muy baja estima. Si hubiera un poco de realidad, en las “informaciones” que se reciben de allende, tal vez otros tantos pensarían como Ud. Creo que los estadounidenses, entienden bien como funciona su política, algo que en países suramericanos no se comprende con claridad, pues los sistemas difieren.