
Por: Ignacio A. Nieto Guil
Chesterton sostenía: “la Iglesia no es la asamblea de los puros, sino el hospital de los pecadores”. En tal sentido, vamos a describir a continuación un tipo de católico endémico para la misma religión Cristiana. Para ello viajaremos hacia el otro extremo fatal: si, hacia el sector menos autocrítico, que despotrica con inmisericordia, y que podríamos llamar Fariseísmo Católico.
El Padre Leonardo Castellani, en su famosa obra “Cristo y los Fariseos”, analiza de forma brillante un fenotipo despótico en lo religioso: aquel que hace detestar a muchos la Iglesia Católica; aquel que aleja a quien emprende el camino. A grandes rasgos, Castellani describe en particular la misión que tuvo Cristo en la tierra: la de enfrentarse a los fariseos. Estos déspotas de almas que condenaron a Cristo injustamente, se llamaban ridículamente hombres de Fe.
Ahora bien, el P. Castellani afirmaba que “…cuando un organismo empieza a crecer para adentro, eso se llama cáncer”. Así describe a quienes creen que son un reducto de caballeros cruzados en pleno siglo XXI. Pero más bien son un séquito cerrado “intelectualoide” que funciona de puertas para adentro. Al menos los Caballeros Cruzados fueron a dar su vida en sangrientas batallas y, por supuesto, ponían la cara. Algo que estos “seudo caballeros” actuales temen. Aún más, Castellani va al fondo del asunto y describe los siete grados de fariseísmo: 1°) La religión se vuelve exterior y atentatoria. 2°) La religión se vuelve rutina y oficio. 3°) La religión se vuelve negocio, instrumento de ganancia, de honores, poder o dinero. 4°) La religión se vuelve poder o influencia, medio de dominar al prójimo. 5°) La religión se vuelve hipocresía: el “santo” hipócrita empieza a despreciar y aborrecer a los que tienen religión verdadera, a los que son auténticamente religiosos. 6°) Persecución de los verdaderamente religiosos. El corazón de piedra se vuelve cruel, activamente duro.7°) Sacrilegio y homicidio.
Los “despotricadores” seriales son una deformación de la verdadera Fe que se debe predicar. Irradian negatividad, enojo y, en muchas ocasiones, odio hacia los demás en vez de caridad y esperanza; sí, la que Cristo nos enseñó. Malogran las posibles conversiones, ya que todo disidente es un enemigo de la Cristiandad. Así ellos alimentan su propio mito (el de la secta), pues creen ser una fortaleza de tradiciones, y son en realidad seudotradiciónes. Ellos fueron los designados por Dios. Por ese motivo más que profesar el catolicismo, profesan una especie de puritanismo formalista, fidedigno a la curia corrompida que fomenta tales actitudes.
El atentado a la religión que efectúa esta especie de anti-místicos comunitarios (aunque aparentan profundidad espiritual) es, precisamente, que ven en el catolicismo una ideología de base moral. El puritano con creencias de estar predestinado, se imagina un iluminado que solo lo afecta a él y no a los demás. En su obstinada soberbia intelectual cree tener razón en todo, y discute sirviéndose de una base acida y contraproducente. La última palabra es siempre para ellos, porque se la saben todas. Particularmente me gustaría ver la vida privada de los sectarios y predicadores virtuales, que arremeten muchas veces desde el anonimato, y en plataformas donde no firman con nombre y apellido. Además, en muchas ocasiones, despotrican a los propios católicos, aquellos que intentan hacer algo. Pero cuando deben enfrentarse con ámbitos mundanos no lo hacen; tal vez por temor, tal vez por comodidad.
Ajenos a la caridad y a la esperanza, este prototipo de católico externo, constantemente muestra su superioridad moral a los demás, porque seguramente escarcea su vida interior, como mencioné anteriormente. Entonces, debe aparentar externamente lo que no tiene en la hondura de su espíritu. Crítico del sistema, de los políticos, de la educación y de la democracia; trabaja muchas veces en las estructuras estatales como, por ejemplo, la universidad pública, e imparte enseñanzas desde distintas cátedras (donde enseñan teorías de género, aborto, etc.). Allí siempre encuentran el justificativo; pues son el perfecto prototipo de varón católico, lo tienen todo permitido.
Estos caballeros de la nada viven de un idealismo mentado; se quedan en la pura teoría abstracta y en las charlas grupales, y no entienden ni la realidad ni el contexto histórico actual. En este sentido, son apoyados por mandamases intelectuales y clérigos que fomentan su sectarismo. Su apatía y frialdad están a la orden del día. Constantemente viven juzgando a los demás; creyéndose estar en una poltrona moralista. Pero, ridículamente al barro jamás se tiran. Los buenos católicos que actúan, a los que ningunean, protegen catedrales o son despedidos de sus trabajos; jamás son apoyados por estos sectarios de pacotilla, y, aún más grave, son criticados por estos legos. Solamente tienen interés por los que pertenecen a la secta. Fuera de su ámbito, nadie les importa.
Por otro lado, siempre existen cabecillas que guían los designios de la secta. Luego tenemos a sus pichones “facebookeros” que entablan arduas batallas virtuales. Se dejan guiar por estos caciques, y no dejan de ser lo que son por más que citen la misma doctrina católica, las encíclicas y las cartas apostólicas. Así, confunden a las personas elevando su magisterio personal a lo indiscutible, porque reina su soberbia.
De esta forma, el moralista metódico (algo exacerbado) juzga a todo el mundo. Al mantener distantes con su acidez a todo aquél que no piensa como ellos, le están asegurando, con elevado porcentaje: o la posibilidad de conversión, o la simple posibilidad de expresar una disidencia. Aunque digan saberlo, no practican eso de odiar al pecado no al pecador. Dios es misericordioso y nunca sabemos cuándo puede tocar la puerta de un alma, incluso aquellas más alejadas. Tampoco se puede juzgar a quien no conocemos su historia de vida y las circunstancias que llevaron a sostener ideas, que a la luz de la verdad sean contradictorias. Se dice que pensadores como Gramsci, Voltaire e incluso Ortega y Gasset, en el lecho de su muerte pidieron algún tipo de asistencia espiritual. Esto me lleva a pensar que aún ante el último suspiro siempre existe la posibilidad de redimirse. Y, a su vez, en vida, jamás hay que emitir juicios condenatorios de personas, sino que hay que velar por los demás; mostrando la riqueza histórica y todas las bellas virtudes que se desprenden de la verdadera Fe, que nada tiene que ver con los “seudo religiosos”: castigadores, violentos en lo moral y deformadores; olvidando las mismas enseñanzas Cristianas.
Nuevamente Chesterton nos iluminará con su sabiduría: “el fanatismo puede llamarse el espantoso frenesí de los indiferentes”. Y Gustave Thibon entendía que: “el fariseísmo no es más que una “adaptación” impura y superficial del alma a las conveniencias y exigencias de un medio social determinado. Allí donde estas conveniencias y estas exigencias son elevadas (en un círculo aristocrático o religioso, por ejemplo), el fariseísmo consiste en parecer más de lo que uno es, en llevar una máscara noble; allí donde son inferiores (en todos los medios materialistas), consiste en parecer menos de lo que uno es, en llevar una máscara ruin. Ese hombre que se sonroja de su egoísmo o de su sensualidad y cubre sus móviles con nobles pretextos en un clima altamente moral, se avergonzará de su generosidad o de su pureza y les buscará mil excusas en un clima de bajeza y de corrupción (fanfarrones del vicio, etc. A menudo he observado esto en los cuarteles)”. Y en una entrevista sostuvo Thibon: “yo soy profundamente tradicionalista y sin embargo, me alejo cada vez mas de los grupos tradicionalistas de Francia. Admito que muchas veces tengan razón en cuanto al fondo, pero respecto de las formas son SECTARIOS; aferrados al detalle más que a cosas importantes. A menudo muy simpáticos, pero con cierta estrechez y hasta a veces fanatismos…”.
Como vemos en Chesterton, el P. Castellani o Gustave Thibon; además de su impronta intelectual, destaca la afabilidad de su carácter y su piedad. Ellos detectaron los peligros que muchas veces se encuentran en la Iglesia misma. No encandilados supieron mostrarnos pacientemente los defectos de ciertos caracteres grupales, o sea, aquellos que desvirtúan y desvían la Fe. Muchas veces nos preguntamos porque las personas abandonan la Iglesia o le toman algún tipo resentimiento; es precisamente, porque muchos católicos son la antítesis de lo que Cristo predicó; pues llenos de formalidades, sumado a su puritanismo moral y su falta de piedad, como también su gran afán de protagonismo, hacen que muchos se alejen de lugares que son más bien se asemejan a centros de adoctrinamiento, y no lugares donde uno pueda crecer espiritualmente. La solución está en seguir a los verdaderos ejemplos y no a los malos. Pues hubo una Iglesia que encarceló a San Juan de la Cruz, que le quito el orden sagrado al Padre Castellani (y encerrado en Manresa), o al Padre Pio que sufrió prácticamente el mismo infortunio. San Ignacio fue sometido a un proceso. Y así podemos citar muchos más ejemplos. En definitiva, siempre habrá sujetos dispuestos a apagar la Fe de aquellos que tienen caridad, autenticidad, nobleza y acción. Pues no permitamos que lo hagan.
Finalmente, para entender cuál es la verdadera Iglesia católica, tomaré los escritos del gran Padre Castellani; condenado por el Fariseísmo Católico y por una Iglesia entregada. Además, no solo destacó por su Fe, sino que también fue un gran intelectual; y algo no menor es que obtuvo el título de Doctor Sacro Universal por parte del Papa Pio XI. Único caso en Hispanoamérica y el primero en quinientos años en Europa; nadie logro tamaña erudición. Pero el sesgo de la gente que acabamos de describir le hizo pasar penurias espirituales y hasta materiales. Sostenía Castellani: “Éste es uno de los rayos de vitriolo que parten del fondo inficionado de la Iglesia actual: el depósito de vitriolo se llama fariseísmo; y de ese depósito viene la perturbación y crisis actual. Siempre ha existido; y las grandes perturbaciones de la Iglesia actual de allí deben venir. Ahora bien, el fariseísmo fue la sinagoga, la que dio muerte a Cristo; pero el fariseísmo no es la Iglesia. ¿Y quién es, pues, la Iglesia en este caso? En este caso la iglesia seria yo, como “siguiendo los preceptos del Señor y sus divinas enseñanzas nos atrevemos a decir”; como cuando condenaban a San Basilio la Iglesia era San Basilio, cuando condenaban a Juana de Arco la Iglesia era Juana de Arco: y lo mismo en 10 otros casos, San Juan de la Cruz, el arzobispo Carrranza, el Beato Oriol, el padre Coloma, Jacinto de Verdaguer. ¡Quién me iba a decir a mí: cuando joven en el colegio del Salvador había un padre muy pomposo, majestuoso y prosopopéyico, el Padre Isern, al cual por eso le pusimos el apodo de la Iglesia Católica; y ahora resulta que en justo castigo soy yo la Iglesia Católica que confronto con el Padre Mejía!” (Ver en Seis Ensayos y Tres Cartas). Continua: “…La Iglesia son los Santos, los humildes, los rectos, los que tienen fe actuosa, los jerarcas iluminados sean pocos o muchos, la inmersa masa de los que practican la doctrina de Cristo calladamente. La Iglesia no se conoce por los vestidos colorados; es más difícil de conocer que eso…”.
Más de uno, si llegaran a leer el presenté artículo lo tomará con bastante disgusto. Otros tantos, no. No obstante, aclaro que a pesar de mis miserias y fallas (innumerables), intento denunciar un mal existente que, muchas veces, callamos hipócritamente. Aunque a algunos no les guste lo que expuse, debo decir que también es un mecanismo que me permite buscar a la verdadera Iglesia: la que Cristo predico verdaderamente.






Me parece que el artículo es confuso. Lo Caballeros Cruzados son algo así como quijotes atrás de un sueño en cuya cumbre ven a Cristo. Representaban la humildad, la obediencia, la lealtad y el servicio. ¿Qué tiene esto que ver con los fariseos? Tampoco se entiende por qué pone en el mismo costal a Ortega y Gasset, Voltaire y Gramsci, distantes en el tiempo y en el pensamiento
Por otro lado, el autor parece relacionar el término bíblico “fariseo” con las personas que defiende la ideología de género y el aborto. ¿Cuántas de estas personas defienden también la Religión Católica? Si lo hicieran -no las conozco- se trataría de una religión católica light, cuyos términos falsean para manipular significados y ganar adeptos de manera engañosa. En este sentido, si existieran, en efecto, serían fariseos.
No obstante, queda aún por resolver la relación que el autor plantea entre las personas a las que alude en el segundo párrafo que acabo de escribir y aquellas del primer párrafo.