
Por: Damián Peinado
A un mes de la asunción de Javier Milei como presidente de Argentina, vivimos una situación sin precedentes y sin duda pienso que los resultados de lo que muchos ven como un “experimento”, puede marcar el rumbo futuro para muchos países de Latinoamérica.
No hay antecedentes de un gobierno liberal libertario en el planeta. Javier Milei encarna una novedad no solo para Latinoamérica, sino que el mundo observa con atención. No se trata del estilo desenfadado y rockero, o de su campaña con la motosierra por las calles de Buenos Aires, sino más bien que hace tan solo dos años el actual presidente era un total outsider de la política argentina y desconocido para la mayoría de la gente, y hoy sus ideas libertarias lo han puesto como primer mandatario de Argentina, y sobre todo algo muy importante: poner sobre el tapete los problemas profundos ocasionados por años de gobiernos socialistas y populistas. La piedra angular de la filosofía de Javier Milei es un rol mínimo del estado, el restablecimiento de políticas pro libre mercado que generen crecimiento de la economía, y una fuerte disminución del gasto público, considerada la madre de los todos los males, y principalmente de la devaluación de la moneda de niveles bochornosos.
Si queremos comprender por qué alguien como Javier Milei llega al gobierno siendo que no tiene experiencia alguna en gestión estatal, y no posee aparato político, la respuesta es el hartazgo de los argentinos a convivir por décadas con una insostenible inflación que llega a 3 dígitos anuales, récord comparable con países que difícilmente uno asemeje a la Argentina que supo ser a principios del siglo pasado, ejemplo de desarrollo para el resto de Latinoamérica.
En tan solo 30 días, Milei demostró ser disruptivo como prometió en campaña, en varios aspectos. Primero, una mega devaluación para dejar atrás precios atrasados, producto de los controles estatales. Segundo, poner freno al gasto público, con varias medidas fuertes tales como congelar sueldos estatales, y reducir ministerios y puestos del gobierno. Y por último y lo más importante, la llamada LEY ómnibus que contiene más de 366 artículos con cambios estructurales, que buscan modernizar el país, y desregular la economía.
Se han abierto sesiones extraordinarias en el congreso para tratar esta la ley ómnibus, cuyo nombre oficial es “Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos,” ya ha comenzado a debatirse en lo que promete ser una “guerra” donde el peronismo que gobernó prácticamente los últimos 20 años y la izquierda no quieren soltar sus beneficios, y buscan seguir aferrados a convivir con los eternos problemas que han llevado a al Argentina a subsumirse en la pobreza y la corrupción a pesar, que la sociedad argentina ya decidió en mayoría que esta cansada y ha pedido cambios profundos, quedando así expresado el 10 de diciembre último.
Pero esos cambios que la sociedad pide no son gratuitos, y el costo de corto plazo es alto. Sin duda producto del descalabro que deja el gobierno saliente en temas macroeconómicos, que obligan a medidas urgentes y muy duras. Sin embargo, la endeble situación abre dudas si, primero el gobierno podrá implementar las medidas con el congreso en contra, y segundo, si la sociedad en su conjunto esta dispuesta a soportar la dura etapa que se viene, de alta inflación en los precios de los alimentos, y costo de vida, y sueldos licuados por la devaluación. Milei posee solo un 30% de votos propios, y un 30% de “votos prestados” de la clase media, harta del Kirchnerismo, y deseos de un país que permita recuperar la seguridad, una moneda fuerte para ahorrar y progresar como supo hacerlo en otras épocas. El 30% restante son votos duros del peronismo histórico, que espera ver caer a este gobierno, que ideológicamente está en las antípodas.
Se abre hoy una cuenta regresiva: a todo o nada. Es empezar a construir un país de bases modernas, promercado, abierto al mundo y lograr superar nuestros problemas históricos, o seguir subsumidos en la decadencia. Es tiempo de descuento para el congreso apruebe la ley ómnibus, y calme a los mercados que aguardan signos que el gobierno pueda implementar su plan de estabilización. Y por otro lado la sociedad, no se empiece a agotar y desilusionar por el tamaño golpe al bolsillo de los hogares. Dicen que son los primeros 100 días claves para cualquier gobierno aprovechar el alto nivel de aprobación de las urnas para implementar políticas de shock. Los 60 días restantes que le quedan, parecen una eternidad.




