Cultura

EL GÉNERO DE LA TRAGEDIA

Por: Francisco de Pierola

¿Qué es el género? Esta palabra, que hoy está más vigente que nunca, debido al excelente trabajo de un camioncito que se postró al frente del Congreso, siempre ha estado en nuestro vocabulario mundano. Pero no de la manera en que está hoy.

“Género” se utilizaba para nombrar sub categorías dentro de una categoría mayor. Como sucede en la literatura y sus vastos géneros de fantasía, ficción, romance, historia, etc. Por otro lado, se utilizaba también para categorizar los sustantivos de los idiomas, como el nuestro, que presentan una dicotomía masculina y femenina. El perro y la vaca son palabras con género masculino y femenino, respectivamente. No fue hasta 1960 que se empezó a utilizar la palabra género en las personas.

El debut de este vocablo en nuestro léxico aparece por cortesía del profesor y psicólogo de la universidad de John Hopkins, John Money. Él creó la ideología de género y acuñó los términos identidad de género y rol de género.

Para Money, género hacía referencia a la expresión del sexo biológico y no al sexo mismo. Era el comportamiento de un individuo, para sí mismo y para con los demás. El conjunto de características diferenciadas que cada sociedad asigna a hombres y mujeres. Esto tiene otra definición, que, al parecer, los progres se han olvidado. Se llama personalidad.

La premisa de este señor era que los bebés nacían sin género y que era la sociedad las que los acondicionaba. Si entendemos género como identidad o personalidad, entonces absolutamente. Quiénes somos es un resultado de cada una de las experiencias y aprendizajes a los que hemos sido expuestos a lo largo de nuestras vidas. Pero es imposible separar nuestra propia identidad con nuestra biología. La genética también predispone parte de nuestro comportamiento. Los cambios hormonales diferenciados entre hombres y mujeres alteran nuestro comportamiento. Sucede lo mismo con el desarrollo cerebral, el cual se diferencia también en etapas tempranas, y surte el mismo efecto con las diferencias anatómicas entre personas de diferentes sexos.

Para validar su teoría, de que el “género” y el sexo no estaban relacionados, Money utilizó a los gemelos Reimer como conejillos de indias. Uno de los gemelos había sufrido un lamentable accidente a los 8 meses, cuando estaba siendo circuncidado, causando la cauterización de su pene. El precursor progresista convenció a sus padres de educar al pobre infante como mujer, asegurando que no iba a haber mayor problema y operando al bebe para asemejar los órganos femeninos.

El niño, quien llevó el nombre Brenda durante su infancia, nunca se sintió a gusto. Nunca se adaptó. El hombre se puede alejar de la biología, pero la biología no se va a separar del hombre. Nuestros impulsos e instintos tienen un origen celular, no importan a cuántos seminarios de deconstrucción masculina pueda uno asistir. Finalmente, sus padres le dijeron la verdad a los 10 años.

A los 22 años, luego de haber sufrido de depresión durante toda su vida, “Brenda” se sometió a una operación para revertir el macabro procedimiento y convertirse en David. Pero no fue suficiente. Su vida había sido un engaño. David se esforzó en contar la verdad para evitar que algo semejante le pasara a otro niño o a otra familia. Los gemelos habían sido sometidos a experimentos por parte de John Money, cual ratas de laboratorio. Este desquiciado profesor había forzado a los niños a experimentar sexualmente entre ellos para evaluarlos.

El daño fue demasiado para ambos. A los 36 años, Brian, el hermano gemelo de la pobre víctima, murió de sobredosis de antidepresivos. Los abusos de Money habían dejado un daño irreversible. Dos años después, en 2004, David, quien nació Bruce y que fue obligado a vivir como Brenda, se suicidó.

La teoría de John Money quedó absolutamente invalidada, a pesar de que el psicólogo afirmara lo contrario. Este señor es el precursor de la ideología de género que se quiere imponer en nuestra sociedad. Un desquiciado quien ejecuto experimentos sexuales en pobres niños es el “genio” detrás de este dogma sin sentido que hoy nos venden como natural, en nombre de la tolerancia.

¿Por qué no es conocida esta historia? Porque no quieren que la sepas. A los colectivos progresistas no les conviene que se haga pública una evidencia que destroza su ridícula premisa.

El veredicto es el siguiente: la biología determina el sexo. La personalidad y la identidad está determinada por una combinación de factores genéticos y socioculturales. Pero las nomenclaturas hombre/mujer no son personalidades, son descripciones biológicas. Hasta el hombre más delicado y rimbombante, por más femenino que sea, no deja de ser hombre por su apariencia o su comportamiento. La feminidad y la masculinidad sí son características de nuestra identidad, pero no alteran nuestro orden natural. El hombre es hombre y la mujer es mujer. Esta afirmación está amparada por la biología, la anatomía, la genética, 6 mil años de civilización humana y 120 mil años de homo sapiens, y una minoría impositiva no lo va a cambiar.

Termino con una frase de Matt Walsh, responsable del genial documental “What is a Woman?”, disponible en Daily Wire:

“El objetivo final es socavar, destruir, borrar la verdad misma. El izquierdismo es relativismo, y el relativismo es la creencia de que no existe una verdad objetiva, que no existe una realidad compartida, ningún hecho universal al que debamos amoldarnos o someternos”.

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