Política

UNA CRISIS MÁS QUE IMPORTA

Por: Luis Yunis

Seguramente un antropólogo o un sociólogo, quizá un psicólogo o de repente un brujo pueda darnos alguna explicación de la oleada de crisis que estamos enfrentando sin parar durante los últimos 20, 40, 50 o más años. Tenemos crisis para todos los gustos: políticas, sociales, económicas, sanitarias, emocionales, psicológicas y hasta crisis existenciales. Realmente pareciera que una maldición egipcia, aimara, inca, china, hindú o gitana se ha apoderado del país porque se ha dado cuenta de la incapacidad de la clase política y de los que pretenden asumir a ella.

Esa misma maldición se deleita de la crisis que provoca la ignorancia, la incapacidad e incompetencia del Ejecutivo; goza cuando observa los intereses personales puesto en manifiesto en el Legislativo y evidentemente disfruta de la poca preparación profesional de sus integrantes, sumado a ello, halaga la indiferencia de los colegios profesionales; aplaude el desdén, la codicia y rapacidad de los gobiernos regionales y municipalidades y se ríe a carcajadas del silencio cómplice del empresariado privado, la apatía de la juventud y la inconciencia y creencia de una población que aún confía en que Dios resolverá sus problemas.

Todo ello ante la atenta mirada de una mayoritaria población sumida en la indolencia, en la desidia, en la indiferencia, en la apatía, la flojera y la pereza de sufrir los acontecimientos y limitarse a decir: “una crisis más que importa” o “una raya más al tigre”, lo cual ya pareciera patrimonio cultural, más aún, teniendo en consideración los ministros que han pasado por esa cartera, y sin duda, en las otras también.

Tímidamente algunos medios nacionales ya se han referido a la situación del país como de crisis; sin embargo, la prensa internacional tomando al toro por las astas ya lo ha hecho público manifestando que el Perú no solamente está en crisis actual, sino que vive una crisis constante y permanente. Hoy más que nunca se evidencia un desastre en el régimen político, una amenaza incuestionable contra nuestra Constitución, un azuzamiento dirigido por antipatriotas para incentivar el divisionismo social, la ruptura de clases, la intimidación de agresión a lo que queda del orden social; y en fin, una serie de discrepancias y enfrentamientos que reaviva la llama encendida hace un buen tiempo de los conflictos y desequilibrios democráticos, sociales y políticos a velocidad galopante; de tal manera, que incluso alegremente se habla de revolución, golpe de estado, guerra civil, asamblea constituyente, marchas, paralizaciones y otros desbandes que sería bajo la complacencia, satisfacción y agrado de la frágil y desinteresada gestión presidencial y el visto bueno de un perturbado primer ministro.

No es secreto que una crisis política es prácticamente una crisis de legitimidad, toda vez que el ejercicio de la política es la representatividad por excelencia de una sociedad en que debe evidenciar sus valores, intelectualidad e intereses, lo cual actualmente todo ello brilla por su ausencia, y solamente predomina la desconfianza, el descontento, la hipocresía y la desaprobación de sus representantes, imperando las tensiones, el desorden y las contradicciones en una sociedad que cada día se siente más atemorizada no solamente por lo que vive y observa, sino por el silencio de sus organizaciones e instituciones que deberían brindar confianza y seguridad de que el estado de derecho imperará por sobre todas las amenazas vertidas, y lamentablemente, ello no está ocurriendo.

2 Comentarios

  1. Cómo he comentado anteriormente, la crisis que vive el Perú, debe ser buscada en el fujimorato, dónde las humanidades fueron desterradas del currículum, fujimori no pasó de encarrilar económicamente al país, fue un parche, y la prueba es la baja calidad educativa de los integrantes de su movimiento político. A ese hombre se debe el vilipendio constante del congreso y su cortedad de miras y incapacidad de proyección el futuro, nos han puesto así. Fujimori fue un caudillo más no el estadista que muchos suponen, de haberlo sido la generación de esa época habría leído la política de Platón

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