
Por: Ricardo Villanueva – Meyer Bocanegra
El Perú es un organismo enfermo, casi de modo terminal y ha sido infectado por el cáncer comunista y por la izquierda en general desde el año 2000, invadiendo toda instancia pública estatal.
Los voceros de lo políticamente correcto se adueñaron de cuanta tribuna existe para rescribir los hechos de los años más aciagos de nuestra historia, aquellos en los que fuimos azotados por el terrorismo y por la situación de pobreza extrema e hiperinflación, años en los que la falta de esperanza dominaba nuestro horizonte.
A la caída del régimen de Alberto Fujimori, quien tercamente intentó un inconstitucional tercer mandato sin reparar en que nadie ha gobernado en el Perú más de 11 años consecutivos, la cooptación izquierdista empezó con el gobierno transitorio de Valentín Paniagua, secundado en el ministerio de Justicia por Diego García Sayán.
El Tribunal Constitucional hizo lo suyo anulando muchas de las sentencias a cadena perpetua aplicadas a los terroristas de Sendero Luminoso y el MRTA y por eso muchos de esos delincuentes están hoy libres y sembrando otra vez su prédica de terror, reconstruyendo sus grupos terroristas, activándolos.
El reciente atentado en el VRAEM nos ha hecho recordar el salvajismo e impiedad de esos malditos terroristas y a los años en que esas noticias eran el pan de cada día y no veíamos la luz al final del túnel.
Las Fuerzas Armadas y policiales, comandadas desde el gobierno y la sociedad toda vencimos al terrorismo creyendo que la victoria sería para siempre.
Sin embargo, quienes reescribieron la historia, se afanaron desde diversas tribunas en llamar al terrorismo como conflicto armado interno, equiparando el accionar de los grupos terroristas con la respuesta de las fuerzas del orden, creando el concepto de terrorismo de estado, mentira que ha sido creída por las nuevas generaciones a fuerza de escuchar esa versión desde los medios de comunicación y en las universidades tomadas por los llamados caviares.
El terco juzgamiento a los marinos que debelaron el motín terrorista en El Frontón en tiempos del primer gobierno de Alan García en los ochenta, que para poder ser reabierto y los marinos, juzgados de nuevo, se consiguió que el Tribunal Constitucional cambie el voto de un magistrado ya fallecido, reinterpretando una sentencia que ponía fin a esa causa, es muestra del enorme poder de la izquierda, enraizada como el peor de los cánceres en nuestra sociedad. Para ellos no existe la cosa juzgada si la sentencia no les gusta ni en el Tribunal Constitucional.
Nuestros héroes, los comandos Chavín de Huántar, son también perseguidos porque la izquierda no tolera una victoria del Estado sobre el terror. Allí estaba aquel terrorista a quien el presidente Sagasti le pidió un autógrafo antes de ser liberado.
La mentira de las esterilizaciones forzadas del tiempo de Fujimori, desestimada más de una vez por falta de pruebas es contada de modo fraudulento hasta volverse una verdad irrefutable. En Trujillo, donde me encuentro, Elidio Espinoza, un jefe policial que luchó frontalmente contra las bandas de delincuentes, fue juzgado y absuelto varias veces, con el cargo de ser parte de comandos de aniquilamiento. Él fue luego nuestro alcalde y ha fallecido recientemente víctima de Covid.
Los derechos humanos de los terroristas o delincuentes son los únicos que les importan a esas ideologizadas mentes. Nuestras fuerzas armadas y policiales temen hacer uso legítimo de la fuerza en resguardo de la ciudadanía porque saben que serían juzgados hasta su muerte, como le ocurrió a Elidio Espinoza. La monserga de “no criminalizar la protesta” contamina nuestra realidad.
La media verdad contada en el Museo de la Memoria, promovido por Mario Vargas Llosa, que buscaba caviarizarse para ser considerado por el comité del Premio Nóbel, juega hoy en contra de la candidata que está apoyando. La Universidad de San Marcos pretende retirarle el Doctorado Honoris Causa por apoyar a la hija del presidente que violó su autonomía. ¿Cómo pueden ser tan malagradecidos si el campus de la universidad estaba absolutamente tomado por los terroristas, las tribunas del estadio tenían dibujada a la hoz y el martillo y a Túpac Amaru, como si de un clásico de la muerte se tratase y todas las paredes de sus facultades daban loas al presidente Gonzalo?
Hoy, nos hemos enterado que el presidente del Jurado Nacional de Elecciones ha sido defensor de terroristas y que participó en la anulación del indulto a Fujimori, ¿conocerá este magistrado el concepto de inhibición por decoro? El cáncer avanzó por allí también.
Tenemos a la cabeza del Ejecutivo, Congreso y Tribunal Constitucional a personas de inclinación izquierdista, en la lista del partido Perú Libre, han sido electos congresistas, personas con vínculos con el Movadef o investigados por terrorismo.
El cáncer comunista está por hacer metástasis al cerebro y quedarse allí para siempre, hasta acabar con cualquier atisbo de democracia y valores republicanos. El daño que causaría a este ya enfermo Perú sería incalculable, a la nación y a los peruanos que habitamos aquí.
Los únicos cirujanos capaces de extirparlo somos nosotros, con nuestros votos este 6 de junio, optando por la única opción democrática aun en competencia, por Keiko Fujimori, a quien habremos de controlar en el ejercicio del poder, y despedir el 28 de julio de 2026, ojalá con mejores perspectivas y alternativas a escoger.




