Política

EQUIVOCANDO AL ENEMIGO

Por: Ricardo Villanueva Meyer Bocanegra

La democracia peruana enfrenta un momento crucial por las grandes posibilidades de triunfo de una opción que ofrece atentar contra ella, violando nuestra Constitución, que con sus 26 años de vigencia ininterrumpida, es de las más longevas de nuestra historia.

Muchos de los que ahora temen ver desaparecer la democracia y el sistema de economía social de mercado, deben percatarse que en estas décadas equivocaron al enemigo, pues atacaron a un solo partido político como si fuese la encarnación del mal, de la corrupción, de todos los deméritos, que de seguro algunos ha de tener, pero no le son exclusivos, lamentablemente.

El magnificar los males que sucedieron en la década del 90 y minimizar o negar los méritos, logró que las generaciones nacidas después de vencerse militar y estratégicamente al terrorismo, crean esa indignante versión del “conflicto armado interno” y no la del terrorismo que nos azotó sin piedad desde 1980.

Sectores de izquierda progresista enquistados en todos los poderes del Estado, han perseguido con ahínco a una candidata presidencial y con mucha menos saña a otros políticos que sí han ejercido cargos públicos corrompiéndose de modo escandaloso.

Humala, Toledo y sus claros vínculos con Odebrecht, la puerta giratoria de PPK y First Capital cuando era ministro, las donaciones de Odebrecht a la campaña del NO a revocatoria contra Susana Villarán y la extraña extensión a la concesión de los peajes, Vizcarra y las negociaciones con las vacunas, ¿no merecen cada uno de los citados una digna llorona diciendo “Villarán nunca más”; “Vizcarra nunca más”, etc. ¿por qué la dignidad se activa sólo ante el fujimorismo?

Keiko Fujimori obtuvo 39.8% de los votos en la primera vuelta del 2016 y PPK 21%. ¿Qué tan democrático fue que todos los perdedores se uniesen contra quien había ganado tan claramente? Alfonso Barrantes obtuvo 23% contra el 45% de Alan García en 1985 y renunció a disputar la segunda vuelta, aceptando que la voluntad popular era clara.

El Perú necesitaba y necesita un partido político de derecha popular, que llegue con el mensaje de liberalismo a los peruanos de los sectores emergentes de todo el país, pequeños propietarios, agricultores o empresarios que van dejando la pobreza. Ni el PPC, ni Solidaridad Nacional ni muchos otros lo pudieron hacer y no dejaron nunca su feudo limeño.

Fuerza Popular lo había conseguido. Mientras un partido con ese mensaje siguiese llegando a diversas regiones del país, la extrema izquierda habría tenido el camino muy difícil para introducirse con su nefasta prédica.

Años de repetir el supuesto carácter delincuencial de este grupo político y algunas actitudes obstruccionistas de su inmensa mayoría congresal en este quinquenio, colaboraron a diezmar a su militancia.

El objetivo parecía cumplido, el fujimorismo estaba derrotado, aplastado, ¿y qué ocurrió? Que apareció el verdadero enemigo de todos los peruanos, del progreso  económico, de la libertad, de la alternancia en el poder, del respeto a las instituciones como el Congreso, Tribunal Constitucional o Defensoría del Pueblo.

El comunismo, marxismo, leninismo, con vínculos con el terrorismo está ad portas de ganar el poder con los votos e, ironías de la vida, la única representante de un partido democrático aún en competencia es justamente la persona de la que denostaron por muchos años, ¿cómo convencer a tantos que se alimentaron de esos insultos, de esos ataques de dignidad y ascos que el único camino que queda para salvar la democracia es votar precisamente por ella?

Los partidos y los políticos no son perfectos, son hechura humana y tienen defectos y cuando éstos sean delitos, esperamos que sus autores paguen por ellos. Pero cada movimiento político merece respeto y no ser señalado como la encarnación del mal porque han recibido los votos de muchos peruanos bienintencionados. Mientras lo que propongan se halle dentro de la ley, se debe permitir su participación y el ciudadano que opte por uno u otro, no debe ser hostilizado ni mirado con desdén.

Pero cuando un partido político, como es el caso de Perú Libre, ofrezca violar la Constitución y la ley, debería proscribirse su participación. Hoy no se ha hecho así, somos nosotros los ciudadanos quienes tenemos el poder y el deber de cerrarle el paso y mostrarle nuestro repudio.

 

 

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