
Por: Víctor Hugo Canturín
Hace dos décadas el sano y sagrado lubricó la descentralización y creó las satrapías regionales, perdón, presidencias regionales, tan útiles para la izquierda. El zurderío -otra vez- se aprestaba a parasitar al Perú, aún ahora en serio, desde el poder. Lista la ruta ejecutiva el dinero fluyó como resultado de las reformas – muchas tibias- de economía libre de la década anterior, tal cual lo había planificado la costra caviar. Mientras tanto, salivando, iban liberando terroristas y mafiosos para la flamante organización socialista del siglo XXI. Luego de la extinción de la era -corrupta al final- de Fujimori, una prole semiclandestina y llena de delincuentes periféricos ha cloacado infinitamente el escenario político.
Así, se hizo posible el sueño de individuos grises y lerdos corruptos -con plata como cancha-, replicándose en todo el Perú. Se lograron consolidar, a punta de dinero y demasiadas cuitas inmorales, en varias provincias. Era simple, primer paso: fundar movimientos regionales que se hagan cargo del dinero que llegaba para cumplir los anhelos de los peruanos más olvidados. En éstos 20 años varios “partidos” han conseguido introducir a conocidos trúhanes de provincia, eternos punteros podridos, analfabetos e ignorantes que se prestaron un “auspicio” para su ticket en la lista del Congreso. Bueno, si no entran, premio consuelo y se quedan en el gobierno regional o una muni, ya pues, aunque sea… pero “deja alguito compare…”.
Los partidos de “centro”, llenos de escoria intelectual de ocasión y cero ideología han logrado demoler los valores sobres los que se fundaba nuestra nación. Hoy, colmillos, solamente, veo cuando hacen sus gracias en redes o tv. En todos los lugares donde ejercen autoridad, hubo años y años de prebendas, pagos de cupos con empleos públicos a todo nivel. Muy Dinámicos, ciertamente también.
Estos grupos de reclutamiento de personajes de muy baja estofa, han apartado a casi todos los peruanos de bien que quieren entrar en la participación de lo público. Han degradado la carrera pública -existe por si acaso-, y propiciado el aumento de un estatismo salvaje. Perú, con su tibio libre mercado es un lugar en el que todos, repito, todos los que quieran acumular riqueza y fortuna, deben hacerlo en torno a negocios con el estado.
Plata como cancha y varios como él se dieron cuenta de eso, y crearon sus grupúsculos inmundos carentes de doctrina y moral. Durante mucho tiempo engordaron estos partidos, cuyo único pergamino no es más que la negociación tramposa que tiene un ambulante mafioso y matón. Así, hoy el comunismo usó -con jugosa cuota que para esos partidos con fachadas de siete pisos de cartón algún día se sabrá-; las falencias que se puede encontrar en toda organización de esta ralea y provocaron la caída y debilitamiento, una vez más, de la mesa directiva de éste primer poder del estado. Esperé varios días para ver cómo se hacían las listas para reemplazar a una señora confundida con mucha laca y pocas ideas. Todo es impredecible, punto para el comunismo.
Mucha gente cree que el capataz, el gamonal que cargaban los indios para que no se ensucien los botines europeos, ya no existen. Yo veo a varios nuevos señores feudales violentos que aún mandan en su chacra, perdón, en sus partidos como si fuera un reformatorio. Existen aún, por supuesto, haciendo del Perú un país mercantilista, de amiguismo y patería de club; que luego veríamos reventar en nuestra cara con el sombrero en palacio.
Hoy hay elecciones del congreso. Le echan la culpa a un chato que mangoneó a sus empleados, como correspondería a un amo. Eso, al ser natural, no causó mucha resistencia entre sus asalariados sin espíritu, más bien, solícita colaboración. Todos los partidos sin ideologías, y otros que fueron gobierno (pésimo, por cierto) hoy sólo sirven para apuntalar con votos a la gentuza que ocupa el ejecutivo en el Perú, funcionales a la agenda filoterrorista, extraños y obscuros.
¿Responsables? Yo le echo la culpa a toda esa grasa inepta, tecnócrata, analfabeta y corrupta que son los partidos centristas, vacíos, y con muchas ganas de morder lo que sea. Aupados durante décadas por el cartelito y la banda musical para la campaña, repartiendo polos y cajitas de fósforos. Políticos de hoy, una lágrima es lo que son, seguro leerán esta columna y varios se sentirán aludidos, pero en el fondo repetirán, “deja alguito pe compare”.





